En la oscuridad.

1252 Words
Alessandro di Stefano 18:00 hrs. Mi oficina es mi único refugio de paz. Cuando salgo de ella, siento que la oscuridad comienza a invadirme. No importa en qué negocio esté o en qué situación me encuentre, si no estoy en mi oficina o en mi habitación, la inquietud se apodera de mí, como si el mundo allá afuera quisiera devorarme. Durante el día, soy un empresario. Un hombre que debe aparecer en las revistas, frente a los inversionistas, para la prensa. Debo mantener esa imagen que esperan de mí: impecable, inquebrantable, exitoso. Un rostro para el público, un nombre que respira respeto en las esferas más altas. Pero cuando el sol se oculta, es cuando la verdadera oscuridad llega. El peso del otro lado de mis negocios cae sobre mí, y las reglas cambian. De noche, ya no soy ese hombre que se codea con empresarios. De noche, soy quien realmente soy, el que maneja los hilos del mundo ilegal, el que resuelve problemas que nadie más quiere tocar. Hoy fue uno de esos días. Pasé horas en reuniones interminables, manteniendo la fachada, siendo lo que los demás necesitan que sea. Hay cosas pendientes, asuntos que deben resolverse cuando cae la noche, pero Simone está encargándose de eso por ahora. Él maneja lo que yo no quiero tocar a la luz del día. Será así hasta que el sol se oculte, y la oscuridad reclame lo que es suyo. La puerta se abre y fijo mi mirada en Simone quien es el que cruza el umbral de la puerta. — Deberías dejar de follarte a Ruby si no vas a defenderla. — Habla mientras se acerca para luego sentarse en las sillas frente a mi. Después de un día encerrado en la oficina, lo último que quiero es lidiar con tonterías insignificantes. —¿Qué pasa en el club? — Le pregunto, sin rodeos. Simone suspira. No es tonto, sabe que no me interesa escuchar tonterías. — Nada grave, discusiones menores, problemas de personal... — Hace una pausa, estudiándome antes de continuar. — No es nada que deba preocuparte, titubea. Levanto una ceja. No tengo paciencia para esto. Lo miro fijo, y finalmente, como si sintiera el peso de mi mirada, me da la información que realmente importa. Me deja ver unas fotos y me impacta ver la cara destrozada de Ruby. Su cuerpo lleno de marcas, su cabello despeinado. Todo un desastre y ya puedo imaginar lo que paso. Aunque... — ¿Cuándo paso esto? ¿Quien se lo hizo? — Indago pues los golpes que le propino Marcia la noche anterior no fueron tan fuertes. — Está tarde. Salió al hospital por el incidente de ayer y al regresar Marcia la esperó dentro de su habitación. Dejo todo destrozado con ayuda de otras chicas. En el club ahí rumores de que Ruby es tu nueva favorita y la ida al hospital es por un embarazo. — Me sale una risa y niego. Simone continua. — Después de los chismes no es para menos. Total Ruby es más joven y muy bonita. Marcia debe sentirse amenazada... — ¿Dónde está Ruby ahora? — En el hospital. — Dale unas vacaciones al salir de ahí. En cuanto a Marcia ya pensaré en algo. Ahh y dile a Verónica que si no puede mantener el orden en ese lugar vamos a tener una larga charla. — Te tomas todo con demasiada tranquilidad. — ¿Y que quieres, que me meta en líos de faldas? No me interesa aclarar ni arreglar nada. — Saco el aire. — Háblame de algo realmente importante. — Ya tenemos al que ha estado vendiendo información. No estamos seguros de si es para la policía o para la competencia, pero algo no encaja. Lo llevamos a la sala de interrogatorios. — Ahí está. La verdadera razón por la que está aquí. Eso sí me interesa. — ¿Ya han empezado? — Pregunto, poniéndome de pie y abotonando mi saco. El día ha sido largo, pero esto, lo que viene ahora, es lo que realmente importa. La parte de mis negocios que no se refleja en las revistas, la parte de mí que no conocen. — Sí, pero... aún no dice nada que valga la pena. — Simone me sigue mientras camino hacia la puerta. — Quiero verlo. ******* ******** **** La sala de interrogatorios está en uno de los edificios alejados de la ciudad. Es fría, opresiva. Cuando entro, el chico está ahí, sentado en esa dura silla de metal, atado como un animal a punto de ser sacrificado. La luz de la lámpara cae directo sobre su rostro, mostrándome cada gota de sudor, cada nervio tembloroso en su piel. Lo miro por un momento, en silencio, analizando lo que tengo delante. No es más que un traidor. Su cara lo dice todo: miedo, desesperación. No tiene agallas, y eso me aburre. Siento la decepción caer sobre mí como una pesada nube. Este tipo no vale nada. No hay desafío en él, solo patetismo. — ¿Sabes dónde estás? — Le pregunto, sabiendo que la respuesta no me importa. Balbucea algo. No lo escucho. Lo que sea que diga no tiene valor, es un ruido insignificante en mi cabeza. No veo nada en él. No hay coraje, no hay resistencia, solo miedo. — ¿Ya dijo algo útil? — Le pregunto a Simone, sin apartar la mirada del chico. — Nada aún. — Responde Simone. Suelto un suspiro. La decepción es palpable. — Es un desperdicio de tiempo. — Lo miro una última vez. Nada. Este tipo es tan vacío como los demás. — Acaba con esto y entérate de si hay algo útil que podamos sacar de él. Pero no lo hagas rápido. Quiero que lo sienta. Simone asiente. Él sabe lo hay que hacer. Yo no tengo tiempo para esto. Me doy la vuelta y camino hacia la puerta. Ya no hay nada que hacer aquí. Mientras abro la puerta, me detengo un momento. — Ah, Simone... — Digo sin voltear la cabeza. — Asegúrate de que no vuelva a suceder. No quiero perder más tiempo con basura insignificante. — No espero respuesta. Sé que lo entiende. Este es mi imperio, y no puedo permitir que se tambalee por traidores inútiles. Salgo de la sala, dejando atrás al chico, sus temblores, sus súplicas. Lo que pase con él ya no me concierne. Mi mente ya está en el próximo negocio, en la próxima amenaza, en cómo proteger lo que es mío. En este mundo, la oscuridad nunca se detiene, y yo soy el único que puede controlarla. Llego a la camioneta y antes de subir enciendo un cigarro. La noche esta fría y pienso en relajarme un poco mientras espero a Simone. Le doy una calda larga y dejo salir el humo segundos después... No termino el cigarro cuando veo salir a dos de mis hombres moviendo un congelador. Pienso en que Simone realmente lo hizo rápido, como sea, ese chico ya no será un problema. Ahora nos toca limpiar el basurero qué nos dejó. — Llamare a Pedregosa para que nos informe si ahí consecuencias graves. — Me dice Simone llegando a mi lado mientras sacude su saco. — Haz lo que tengas que hacer. Si tienes que modificar rutas o cambiar fechas, hazlo. Pero no podemos perder ni un gramo de la mercancía. — Lo sé. Todo se hará de acuerdo al plan. — Subimos a la camioneta y nos marchamos del lugar con prisa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD