Su mano seguía extendida y mi mente no se detenía. Si bien no deseaba ser Princesa, quería ser una bruja... O quizás, una mujer libre.
Tome su mano y sin cambiar de ropa, lo seguí.
El Palacio, estaba sumido en silencio, algo que me extrañaba, o de pronto, si había ruido, y era yo quien no escuchaba nada, debido al zumbido en mis oidos. Las palmas de mis manos seguían humedas por el sudor, pero él seguía sin soltarme. No podía si quiera mirarlo, tenía la mirada clavada en el suelo.
Miraba mucho el suelo... Conocía cada g****a, el color y los sitios que estaban comenzando a perderlo. Es algo que aprendí a hacer desde niña, las mujeres que cuidaban de mi se encargaron de que aprendiera ese principio, los hombres merecían respeto y sumisión. Bajar la mirada era una señal de respeto hacia su autoridad.
Era mi deber ser así, pero siempre deseaba ser diferente, no solo obedecer.
Me preguntaba, que palabra sería la describiera lo que deseaba.
Debía poner atención al camino, o terminaría tropezando. Pocas veces había seguido las escaleras en su ruta de descenso, casi nunca me permitían limpiar el salón de baile o el Casino, yo limpiaba el área superior del Palacio.
Las mascotas no pueden salir.
-¿Está el señor Carmichael de acuerdo, con esto?-susurré.
-De ahora en adelante, las reglas las impondre yo.
Su voz ronca y llena de autoridad hizo que mi piel se erizará, ¿Todos los hombres causarían esa sensación en mi? Supongo que, si sería una Princesa, iba a descubrirlo.
Después de bajar las escaleras, llegamos a un pasillo, en lugar de tomar el camino de la izquierda como solía hacerlo cuando me requerían para limpiar, tomamos el camino de la derecha. El largo pasillo se detenía en un lugar que nunca había visto. Era como un salón, pero más pequeño. Habían flores rojas en recipientes muy bonitos, estaba alumbrado por candelabros con muchas piedras que resaltaban por la suave luz. No había nadie en aquel lugar, apesar de haber algunos muebles, todo se encontraba vacío. Lo que más destacaba, era la enorme puerta de madera, firmemente cerrada. En el borde se veía la luz que se filtraba desde el exterior.
De forma inconsciente apreté la mano que aún sujetaba la mía, deteniéndome antes de llegar frente a ella.
-Aidan no está aquí, Mía.
Lo mire fijamente, yo era una mentirosa de gran habilidad y Aidan me había mostrado como detectar un engaño a kilómetros de distancia. Él no mentía. Sé que no espera una respuesta de mi parte, aún así, asentí. Levanto las comisuras de sus labios, y nos acercamos a la gran puerta, sin soltarme busco una llave dentro de uno de sus bolsillos y la introdujo. Algo tan pequeñito, iba a abrir mi vida a lo desconocido.
-Estoy asustada.-musité. Recordando a una Princesa a la que solo ví una vez, nos encontramos en él casino, mientras yo limpiaba la mesa del Blackjack, ella entro tambaleandose sobre sus tacones y tenía el maquillaje corrido, al verme solo se tiró encima de mi mientras lloraba sin control, y repetía una y otra vez lo asustada que estaba.
Me sentí muy idiota cuando le pregunté lo que significaba, ella me dijo que era sentir miedo, terror, que se provocaba cuando no podía controlar una situación y se expondría a el dolor, o a alguien que podía lastimarla.
Está era la primera vez, que repetía aquellas palabras.
La brisa era fría contra mi cuerpo, pero el brillo de sol era tibio y era la combinación perfecta, cerré los ojos y alcé la mirada, permitiendo que esas nuevas sensaciones me envolvieran. Había un olor natural y único, solo había una manera de describirlo (al menos para mí, que era tonta para las palabras), y es... Puro. Totalmente diferente al ambiente dentro del Palacio, que el aire está infectado por el olor rancio de los cigarrillos y los fuertes perfumes que usaban algunas Princesas.
-¿Mía?
Al abrir mis ojos, ví el camino de piedra que se perdía al final de un enrejado, desde mi ventana solo alcanzaba a ver una fuente en la que había la escultura de una mujer sin ropa que alzaba los brazos al cielo, pero habían otras tres fuentes, que eran también de mujeres en diferentes poses. Fuera del camino de piedras blancas, solo había césped, en el que se veían gotitas de agua. Rocío... Recordé que en una ocasión una de las mujeres que me enseñó, lo mencionó.
-¿Nunca... Mía, tú nunca habías salido?
Había olvidado que no estaba sola.
-No que yo recuerde, señor.
Él me miraba con lo que parecía ser una mezcla de asombro y horror.
-Dios. Esto será mucho más complicado de lo que anticipé. Oh, por favor, dime Cameron, ese es mi nombre. Cameron Joseph Kane.
Era un bonito nombre... Un nombre de hombre. Mire nuevamente a mis pies, y algo dentro de mi, pedía a gritos caminar fuera del camino de piedra, necesitaba sentir el rocío contra mis pies desnudos. Observé a Cameron, y quise pedirle permiso para poder hacerlo, pero si él se negaba, terminaría perdiendo está única oportunidad. Debía hacerlo... Si, debía hacerlo, sin importar si él lo deseara o no.
Soltándo su mano, me postre en tierra, quitando las sandalias de mis pies.
-Debo... Si, debo hacerlo.
-Mia, ¿Que dices?
Deje las sandalias en el piso, y camine hacia el césped. Era frío, suave y desprendía ese olor natural que al parecer estaba por todo el exterior. Solté una pequeña risita, mientras caminaba alrededor de las fuentes, el deseo en mi creciendo y sin pensarlo más, eche a correr.
Corrí, riendo a carcajadas, sentía mi pecho arder, mi cuerpo entero dolía, después de todo aún tenía que recuperarme de mi encuentro con Aidan de la noche anterior, pero... Venga, que nunca había sentido algo como esto. Sintiéndome de una forma nueva, me acosté en el césped, observando el cielo y su hermoso color azul. No habían muchas nubes, solo unas cuantas. Se veían, tan... Abrazables.
Cameron me alcanzó, no fue difícil, no me había alejado tanto como pensé. Sorprerdiendome, se acostó a mi lado en el césped y junto a mi contemplo el cielo. Moría por preguntarle.
-Señor Kane, ¿Ve esas nubes?
-Si, Mia. ¿Que sucede con ellas?
-Creo que, se ven abrazables...-pronuncie la palabra con torpeza, sonaba más sencillo en mi mente-. ¿Se dice de esa forma?
Me observan con dureza a menudo, también con codensendiencia, pero él me veía de una forma en que nadie lo había hecho.
-Esta perfecto de esa forma.
Observando sus ojos de oro, tan cerca como estaba, se distinguían pequeñas betas de color marrón y verde, eran realmente extraordinarios y yo estaba perdida en ellos, o éso creí hasta que un sonido extraño hizo que su semblante cambiará y se incorporará rápidamente. Era su teléfono, lo sabía porque Aidan tenía uno.
-Maldicion, el tiempo se agota. Ven, camina conmigo.
Oh... Era tiempo de volver, supuse. Desanimada, lo seguí, pero seguía observando todo a mi alrededor, quería llevarme todo esto de recuerdo conmigo, porque no sabía si volvería a salir.
-Mia, sé que tú desconoces muchas cosas.
Oh, que bonito. Me decía (entre líneas, claro) idiota.
-Así que, intentaré explicarte todo esto de la manera más fácil que pueda. Por favor, mírame.
Obedecí, me agradaba que me hubiera dicho "por favor".
-Estoy aquí por ti, Mía.-continuo diciendo, dejándome sin habla.-Vine a desmantelar este maldito lugar, y llevarte conmigo.
Temblaba, esto no era cierto.
-Mia, no se que tanto te han ocultado del mundo, pero viendo la forma que has reaccionado solo con salir, me da una idea. Este lugar, El Palacio, no es real. Todo lo que aquí sucede, no está bien. Aidan te ha aislado porque él sabe, que tú te revelarias de conocer la verdad. Por eso no puedes hablar con nadie, por eso no habías podido salir al exterior, hasta hoy.
Mentía. Tenía que ser... Tome sus brazos, me acerque a sus ojos, examine su rostro, pero no había rastro de duda o inseguridad.
-Soy una mascota... Su mascota.-susurre.
-No, mierda, por supuesto que no lo eres Mía. Eres una mujer, una mujer hermosa y hoy, hace tan solo unos minutos mientras corrías, fuiste una mujer libre.
Libre... La humanidad siempre ha temido a las mujeres que vuelan...
-Dime, Mía. Hablame de tu pasado, de tu historia.
Quise recordar algo, pero no había nada realmente nada... Los días se confundían unos entre otros, exceptuando aquellos instantes dónde aprendía algo nuevo, dónde una de las mujeres encargadas de mi, se reveló y me enseñó como leer, salvó por eso, no había nada.
-No tengo historia.-admiti.-Soy lo que esperan de mi, nada más. Soy la chica de limpieza, también asesina cuando es necesario. Solo soy partes de lo que los demás decidieron compartir conmigo, nada más.
-Puedes ser más, mucho más. Si nos ayudas, todos vamos a ganar.
Él quería mi ayuda. Por eso era todo esto, solo era alguien más que requería de mi. Solo una cosa no encajaba.
-¿Por qué me busca a mi?
Pasaba sus manos con fiereza por su cabello, apartándo los mechones de su frente.
-Descubrimos este lugar hace un año, hemos intentado infiltrar a nuestros hombres, cada vez que nos acercamos a algo, cada vez que conseguimos una alianza, todo se iba a la mierda. Tanto la alianza, como mis hombres, desaparecían. Estamos aquí, buscando a una chica en específico, y bueno... Esto es más complicado de entender.
Parecía uno de los relatos de Florencia. Una fantasía increíble y cautivadora, pero incomprensible para mí.
-Te he buscado durante cuatro años, Mía. Estoy aquí, por ti. Y que gran sorpresa me llevé en el momento en que uno de mis hombres, sobrevivientes a la fase de la alianza en El Palacio, me informa antes de morir que la chica a la que buscamos, es la misma que lo puso en ese estado.
Me buscaban... Durante mucho tiempo, por lo que él decía... Un sobreviviente... Alguien que me ordenaron matar y yo falle. De todo esto, no se que era lo que más me aterraba. No podía seguir escuchando todo esto, no podía.
-Quiero irme, por favor.
-Mia... Sé que no es sencillo, pero tus padres te han buscado toda tu vida, mi empresa fue la última esperanza, no puedes solo irte. No ahora que te encontré.
-¿Padres?-de todas las palabras extrañas que Cameron había pronunciado, está capto toda mi atención.
-Si, tus padres.-repitio, iba a seguir hablando, pero se detuvo en último momento-¿Sabes que significa, cierto?
Negué lentamente, intentando recordar si en algún momento mencionaron esa palabra a mi alrededor, pero no. En El Palacio no se hablaba de padres. Sin embargo, algo me decía que, Cameron tendría las respuestas a todo lo que no me habían mencionado, a todo aquello que desconocía, pero temía las respuestas. Él estaba por responder el significado de la palabra "padres", pero lo interrumpí.
-¿Donde estoy realmente, señor Kane?
Apartando su mirada de mi, la dirigió al Palacio, e inicio una caminata lenta, parecía arrastrar aquellas largas piernas, como si todo el peso del mundo estuviera en sus hombros.
-El Palacio, reúne a las mejores prostitutas del mundo, algunas de ellas, según nuestras fuentes nacen aquí. Solo sabemos una cosa con toda certeza, una vez que entras no hay manera de salir, solo muerto.
-No es así.-respondi-Hay Princesas que fueron amenzadas, y las reubicaron, Aidan me lo dijo.
-Es mentira, están muertas. Todas ellas, ya no existen.
Muertas... Las Princesas no debían asesinarse, eso es algo que siempre nos recalcaron a las chicas de limpieza. ¿Que era todo esto?
-Vivo en una mentira, ¿Cierto?
-Mia, fuiste arrebatada, desde muy pequeña... No es tu culpa.
Si lo era. Nunca cuestione mi mundo, nunca vacilé a la hora de ejecutar una orden, nunca llore cuando debí hacerlo y no sé si pueda hacerlo ahora.
-Quisiera volver, por favor.
Él parecía querer negarse en un principio, pero finalmente asintió. Juntos, pero no tomados de manos, volvimos al camino de piedra. No podía seguir con la mirada agacha, debía observar aquel lugar... ¿Que más secretos ocultaban aquellos muros? Planeaba descubrirlos.
Era toda una contradicción que un lugar tan hermoso como esté, por dentro llevará horrores desconocidos para mí. Bufé y negué lentamente, conocía todo lo que sucedía, lo que ignoraba era que estaba bien y que estaba mal.
La blancura del exterior contrastaba con la oscuridad interna; cuatro pisos, incontables ventanas y hermosas cornisas. La puerta de este lado era de un rojo sangre muy intenso y había hornamentos dorados tanto en ella, como en muchos lugares de la edificación.
-No sé cómo sentirme ahora, o como actuaré.
-Tal cómo has sido todo este tiempo, prometo qué recibirás ayuda.
Observaba su perfil, embelesada. ¿Quien era realmente Cameron Kane? Tenía mucho que aprender de él, de este extraño que acababa de sacudir mi mundo.
-Te haré llegar con tu compañera un diccionario, espero que no te ofendas, pero necesitas algo de vocabulario.
Retuve la pregunta, no quería ser inoportuna. A su lado, yo era tan diminuta en muchos sentidos. ¿Si salía de El Palacio, seguiría siendo inferior a los demás? Dudaba que existiera un lugar en el mundo de Cameron, para alguien como yo.
***
El resto del camino fue silencioso, al llegar a mi habitación sobre la pequeña cama se encontraba una caja pequeña, era algo pesada. No quería más sorpresas, y estás no dejaban de llegar. Decidida a terminar de una vez, con las revelaciónes, abrí la caja, encontrando un libro en el interior, la cubierta era negra y en letras verdes esmeralda, estaba escrita la palabra "Diccionario Inglés y Español".
¿Cómo lo hizo? Si recién me había dejado aquí, acababa de cerrar la puerta, parecía imposible. Negué lentamente, si no quería enloquecer era mejor que comenzará a esperar lo inesperado.
-Aunque quizás ya estás loca, Mía.
¿Sería ese mi nombre? Bueno, basta de golpear mi pobre cerebro. Había terminado con mis labores, y definitivamente no quería seguir pensando, por lo que después de una ducha rápida caliente y relajante para mí cuerpo magullado, me senté en mi cama y comencé a leer el diccionario.
Las palabras eran infinitas... Mis ojos recorrían lineas tras líneas, y cada significado nuevo que descubría, me llenaba de alegría. No quería detenerme, pero mi estómago no dejaba de gruñir, desde el día anterior no comía.
Me disponía a salir, cuando entró mi compañera de cuarto. Florencia llevaba montones de comida entre los brazos, algo que me extraño. No dejaban que sacaramos la comida de la cocina, solo podíamos comer allí. Si nos descubrían con esa cantidad de alimentos, estariamos en serios problemas.
-Provocaras nuestra muerte, aleja eso de aquí, Florencia. ¿Acaso estás loca? ¿Que pasa si alguien te vio?
-Solo nos descubrían si sigues pegando gritos. Todo esto lo envía el nuevo Señor, para ti. Dice que, estás muy pálida.
Cameron... Debía negarme, no me sentía bien aceptando esto. Me hacía sentir como una prostituta, aunque al parecer ya lo era. Era obvio que, al tener en mis manos un libro con todas las palabras y sus significados buscaría las que habían llamado más mi atención y prostituta estaba entre las primeras.
-No puedo aceptarlo.
-Dejate de boberías, nunca comemos bien en esta maldita pocilga, así que, vas a tomar un sándwich de estos, te lo vas a comer y te va a gustar.
Era una tontería negarme a esto, si a fines de cuenta, Cameron era mi nuevo dueño. Tome dos de los calientes enrollados y sin esperar nada más, comencé a devorarlos con frenesí. El pan suave y las salsas, se derretian en mi boca. Estaban recién hechos pensé, siempre mi comida era la que llevaba días de haberse preparado. Florencia me observaba comer, complacida de haberse salido con la suya, mientras yo la observaba de vuelta. No sé porqué no lo noté antes, era tan obvio ahora.
-Tú, eres como él.-afirme-.Eres igual a Cameron, ¿Cierto? Trabajan juntos.
-Veo que la charla fue productiva, ahora deseo saber que tanto sabes.
Todo encajaba. El incendio, la nueva compañera de cuarto, el hecho de que hablara conmigo... Él Gigante.
-Cameron me informo de todo, Florencia. El detalle es, como ya sabes, que no por haberlo escuchado significa que lo entienda. Es algo que siempre jugará en mi contra, supongo.
Decir que lo suponía era un formalismo, estaba segura de ello. Estaba en desventaja, contra un mundo que fácilmente podría engullirme, sin darme cuenta. Reí, sin rastro de humor en aquella risa vacía. Ya había sido engullida, estaba profundamente atada en la oscuridad. ¿Cuál iba a ser la llave de mi libertad?
Honestamente, dudo que exista. Es decir, si ahora soy la prisionera de Aidan Carmichael y estoy encerrada en su mundo, para su beneficio. ¿Que me esperaba con Cameron Kane? Él también me necesitaba, pero él afirmaba su deseo de que yo obtuviera mi libertad. Sin embargo, existía un precio que pagar, no era algo que me hubiera dicho, pero era obvio.
Anhelaba la libertad. Se había convertido en una obsesión para mí, haría lo que fuera por ella.
Libre... En el mundo de Aidan, no lo era.
¿Existe la posibilidad de que en el mundo de Cameron y Florencia, lo sea? ¿Realmente libre?
-Tus ojos se ven chispeantes, hasta tus mejillas están coloradas.-Florencia interrumpio mi viaje mental, devolviendo mi atención a nuestra conversación.
-Fui al exterior. Debe ser por eso, nunca lo había hecho. Experimentar el calor del sol, o el frío de la brisa atraves de una ventana, no se compara a cuando es todo lo que te rodea.
-Me has enseñado muchas cosas, Mía.
¿Yo? ¡Que gracia! La chica de la limpieza, enseñándole muchas cosas a La Princesa que se oculto, a La Princesa que verdaderamente es una impostora.
-No pongas esa cara de ironía, jovencita. Hablo en serio, Mía. Desde que llegué a tu habitación aprendí de ti, el valor real de mi vida. Yo que he disfrutado de cada sordido momento de mi vida, desde que te conocí pienso en todo lo que he dado por hecho. La comida, el aire que respiro, el elegir lo que quiero para desayunar. Son grandes privilegios que, hasta ahora siento que los di por sentado.
-Nuestros mundos son diferentes, es todo.
Ella mordía furiosamente el sándwich, negando y tratando de hablar aunque por poco y la comida se le sale de la boca.
-Hay un solo mundo, Mía. Solo uno. La mierda es, dónde te ubicas en él.
Si. Aún con mi nuevo diccionario y las prácticas de lecturas, seguía creyendo que Florencia disvariaba.
-Tenemos el resto de la mañana libre, así que, ¿Por qué no me cuentas de lo que desconozco?
-Me pasaría toda la tarde, y aún así no acabaría. Mía, nunca terminamos de aprender. Cada día es algo nuevo, pero pues, te enseñaré lo que yo he aprendido.
Hablamos largo rato. Florencia contaba sobre las maravillas del exterior, su vida en Italia y su comida preferida. Para cuándo finalizó, teníamos nuevamente hambre. Deseaba conocer el Gran Coliseo Romano, viajar a los viñedos dónde fabricaban vino y recorrer en un pequeño barco un lugar llamado Venecia. Era de locos, Florencia decía que no había calle, ¡Pues las calles eran de agua! Todo sonaba fantástico. Me habló de las grandes bibliotecas que existían en Italia, y como algún día me llevaría a conocerlas. Una vez llegado a ese tema, todo se volvió sobre los libros.
-Es maravilloso, Florencia. Ya deseo conocer el mundo exterior.
-No te confundas, pequeña. Tanto afuera como dentro de estos muros, existe el mayor depredador que habita la faz de la tierra. El hombre.