Muchos creerán que soy ingenua, por como acepte toda la nueva información que se me fue proporcionada. La verdad, yo también lo creía, sino hubiera esa chispa de desear algo más, lo más probable es que los hubiera entregado al señor Carmichael. Pero, era imposible. Solo les había tomado un día, devolverme a la vida.
Sentada en mi cama, luego de haber comido por primera vez en la comida hasta saciarme por completo, escuchando aún a Florencia parlotear sobre la vida fuera de El Palacio, intentaba recordar el último día que me sentí viva. Incluso, podía conformarme con recordar algo relevante de mi vida, pero no había nada. El pasado, estaba turbio, como si alguien hubiera arrojado tierra en un vaso de agua, ensuciando el líquido, no permitiendo ver atraves de ella.
-Estoy sucia, Florencia.
Mi compañera, que estaba entretenida hablando, le tomo unos segundos comprender a que me refería.
-Te bañaste recién chica, deberías dormir. En la tarde vendrán a buscarte, es tu iniciación. Todas Las Princesas, tienen una.
-No quiero ser una prostituta, Florencia. No quiero que más hombres me ensucien, me manchen.
La italiana, se levantó de su cama y vino hacia la mía, con algo de cautela igual que siempre me abrazo.
-El diccionario, ofrece significados consisos de ciertos temas, pero en la vida real nada es así, Mía. No todo puede ser blanco y n***o, ¿Sabes? Hay muchos colores. No eres una prostituta, tampoco estaría mal si quieres serlo. Todo radica en el querer. Si quieres algo, ve por ello. Y sino es así, entonces no. Solo, ten claro eso. Todo el poder está en ti, tú tienes en tus manos todo esto, pequeña.
Si eso era cierto, solo había una cosa que yo quería, con cada fibra de mi ser.
-Quiero asesinarlo, Florencia.
Ella se aparto de mi, como si le hubiese quemado.
-Mia, ¿Que mierdas dices?
Esperaba no haberme equivocado en confiar en Florencia, aunque no me importaba si ella me juzgaba, definitivamente no quería que me delatara.
Por más que intentaba aclarar mis ideas, o entender mi vida, todo apuntaba a Aidan Carmichael. Todas las respuestas él las tenía, lo que para mí significaba que él tenía la culpa de todo.
-Por él estoy aquí. Todo lo que ha pasado conmigo, es por su culpa, ¿Cómo no voy a querer asesinarlo?
-¡Eso no está bien! No puedes solo ir por la vida asesinando a quien te hace daño, Mía.
-Perdona, Florencia, pero eso es algo que yo hago todo el tiempo.
Nos mirábamos, ella atónita y molesta, yo resignada y serena.
-Piensa en todo lo que Cameron te contó, acaso ¿No sirve de nada?
-No se toda la verdad aún, lo sabes.
-Dios mío, que mal más grande te han hecho pequeña criatura. Eres una mujer ciega que no teme arrebatar la vida de nadie.
Me marche de allí. Quería salir afuera, correr. ¿Cómo es que no me entendía? Ella fue quien me dijo que Aidan me violó. Ella fue quien abrió mis ojos. Y ¿Ahora se quejaba de mi deseo de asesinar a esa bestia? Quien coño podría entender a esa mujer.
No podían estar haciendo esto conmigo, no podían esperar enseñarme la realidad de mi vida y creer que yo no haría nada. Caminaba furiosa y a toda velocidad por los pasillos, ni siquiera sabía a dónde me dirigía. Las habitaciones de Las Princesas estaban firmemente cerradas, solo se escuchaban sus risas o parloteos al asar, estaba tan fuera de lugar aquí. Ellas deseaban estar aquí, yo no.
Ahora lo entendía.
Una de las puertas se abrió, provocando que mi marcha se detuviera.
-Me ha encantado darle la bienvenida, mi Rey.
Era La Princesa Adela. Con Cameron.
Él sonrió de manera sutil, desde mi punto de vista solo podía ver su perfil así que, quizás estaba equivocada. Paso sus manos por su frente, apartando así el lacio cabello n***o. Después se giró, sin ver la sonrisa de triunfo en el rostro de Adela, al observarme allí parada frente a su puerta.
Cameron me observo, y yo a él de vuelta. Recién lo había conocido está mañana, dijo que había venido por mi, pero claro. No por eso iba a privarse de las delicias que ofrecía El Palacio. Mierda, si antes quería correr, ahora deseaba correr y estrangularlo.
-Con su permiso, señor Kane.
Iba a salir de este maldito lugar, me daba igual si Aidan me molia a golpes después, iba a hacerlo. Estaba bañada en sudor, temblaba. Apesar de ser un pasillo bastante amplio, y con techos elevados, me sentía encerrada.
-Mia, detente. ¡Mía! ¡No es lo que parece!
¿Que clase de frase tan estúpida era esa? En serio, ¿Alguien se creería semejante idiotez?
Ignorando sus gritos, seguía caminando/corriendo, pero obvio, me alcanzó. Sujeto con una fuerza increíble mi brazo, lastimandome. Las secuelas de la noche anterior, aún estaban frescas. Lance un pequeño grito de lamento, que en cuanto brotó de mi cuerpo, intente reprimirlo, debía callar.
-Demonios, Mia. Lo siento, no quise lastimarte.
-Dejame ir, por favor.
No debía hablar.
No debía ver.
No debía escuchar.
Quería dejar de existir.
Mi vida siempre fue un infierno, pero ahora era consiente de ello.
-No puedo, Mía. Y no quiero, solo deja que hable contigo. No es sencillo hacerlo, no es fácil explicarte tantas cosas en un solo momento cuando hay tanto que decir y tan poco que vas a comprender.
Claro. Para él, todo se reducía a mis decadencias. A los millones de defectos que decoraban mi existencia.
-Crees que no entiendo nada, pero no te esfuerzas por explicarme la realidad de las cosas. Solo llevas en mi vida, un día y ya crees que sabes todo sobre mi. Te equivocas.
Me zafe de él, pero no me quería dejar ir. Así que, por una vez en mi vida decidí enviar todo la mierda.
Me gire y le clave mi pequeño puño en toda su bonita y atractiva boca. De inmediato, un hilo de sangre salió de sus labios, pero aún así no me soltó. Estaba furioso, y yo también.
-¿Que sucede aquí?
Fue como si apagaran las luces. Ahora que lo pienso, es fascinante como con un breve "clip" el mundo oscurece, o aclara. En este momento, Aidan había accionado su "clip" desconectandome de todas mis emociones solo con el sonido de su voz. La quietud antinatural hizo acto de presencia, como siempre que él estaba cerca.
Cameron se fijó en mi cambio de actitud, así que aflojó su agarre. En medio de nuestro enfrentamiento, habíamos quedado frente a frente, por lo que, su labios estaban encima de los míos. Con sus ojos, hizo una seña casi imperceptible y luego rozo sus labios con los míos. Estaba paralizada, eran tan suaves... Tan diferentes a los de él hombre a mis espaldas.
Se aparto y haciendo aún gestos extraños, respondió de una manera calmada.
-Aidan, volviste. Me despedía de mi pequeña fiera, pero necesito hablar contigo. ¿Nos vamos?
El frío cargo el aire a nuestro alrededor, la tensión era palpable. Esto iba a terminar muy mal, para mí. Estoy por vomitar mi estómago.
-Tengo que hablar con Mía, espérame en el despacho.
Carajo, carajo, carajo.
-Claro. Nos vemos está noche, nena.
Soltó mis brazos, me miró como disculpándose y se fue.
Me dejó sola.
Con él.
-Mia, voltea.
Obedecí. Me gire hacia Aidan, conteniendo la respiración, agaché la mirada en sumisión y me quedé quieta, esperando. El frío se hacía más intenso, mi corazón latía con frenesí al escuchar sus pasos acercarse a mi, tan despacio... Si lo hacía para causarme más temor, funcionaba. Y mucho.
Con la punta de su dedo alzo mi barbilla, sus ojos grises parecían acero, estaban fijos en mi boca. Sabía lo que él veía, su sangre en mis labios. Levanto su otra mano, comenzó a frotar mis labios, lento al inicio, pero fue aumentando causándome dolor. Sin previo aviso, el golpe impacto de lleno contra mi mejilla, sentí el pómulo hincharse y caí al suelo.
-¿Lo disfrutas, eh? ¿Con él no eres fría?
-No he estado con él, señor-susurré-.No me ha poseído, señor.
Fue suficiente escuchar esas palabras, se postro junto a mi y me tomo entre sus brazos apretandome contra su cuerpo, su respiración estaba acelerada, podía escuchar los latidos de su corazón, y su aliento pesado contra mis mejillas.
-Odio verte con otro, Mía. No sé si pueda soportar compartirte con todo El Palacio.
No podía pensar, el dolor nublaba mis sentidos. Estaba despierta, pero al mismo tiempo no era consiente de nada. Solo del breve murmullo de la voz de Aidan y de sus brazos que me alzaban en el aire.
-Esta noche no podrás presentarte, mi mascota. Así tenga que romper tus lindas piernas, no vas a presentarte. Si serás una Princesa, serás solo para mí.
Me depósito en una cama, tenía los ojos cerrados, solo esperaba estar en mi habitación, no debí salir nunca.
-Arregla su rostro.-ordenó a alguien.-Enviare a Clarisa, si necesitas algo ella te ayudará.
Abrí los ojos, estaban inundados de lágrimas así que los cerré otra vez, esperaba que no cayeran.
-Cameron llegará en cuanto termine con ese monstruo, Mía. Estoy aquí, ¿De acuerdo? Cuídare de ti.
Florencia... El dolor había vuelto, pero sabía que estaba a salvó, al menos de momento. No sé cuánto tiempo estuve así, escuchaba las voces, pero no las entendía. Todo se había juntado en mi mente, miles de voces gritaban dentro de mi y ninguna era escuchada.
-Con está pastilla debería dormirse. Lo demás, sanará con el tiempo.
-Espero que esa mierda no se la diga a las demás, porque es una basura. Tiempo, si como no. Venga, Mía. Abre la boca.
Así lo hice. Costo tragar, era una píldora bastante grande. Volví a recostarme, aún sin abrir los ojos. Sabía que me observaban, y yo no quería llorar frente a nadie. Odiaba hacerlo, los castigos eran terribles.
Enviaba órdenes a mi cuerpo, para quedarme quieta y para no llorar. Por desgracia, las lágrimas salían sin pedir permiso y de manera silenciosa. Me acompañaron hasta dormirme.
***
-Su padre te pago para protegerla y sacarla de este infierno, maldición. ¿En que coño pensabas cuando la dejaste en manos de ese cabron?
-Florencia, basta. Primero debo obtener toda la información que pueda de Carmichael. No es solo sacar a Mía de aquí, es todo lo que representa El Palacio. Si hay otros sitios como este, debo informarlo.
-Necesito un cigarrillo, sino terminaré rompiendo tus labios otra vez.
La puerta se cerró con fuerza, me costó despertar, me sentía pesada y lenta.
Que extraño. Tantas veces había pasado por este mismo momento, ¿Cómo no me había adaptado al dolor? Casi parecía que una parte de mi, se resistía a aceptarlo. Quizás, era parte de nuestra naturaleza, o de la mía. Alcé mi cabeza, que pesaba más de la cuenta, para encontrar a Cameron, sentado en la cama individual de Florencia. Se había quitado la chaqueta, solo le quedaba la camisa negra que estaba recogida hasta sus codos. El cabello estaba despeinado, en varias direcciones y sus ojos dorados habían perdido el brillo.
-Luce terrible, señor Kane.
Él sonrió, agachó la mirada como si no creyera en mis palabras.
-No estaba listo para encontrarte, Mía.
-¿De que habla?
Trate de incorporarme, pero lo que sea que me hayan dado, surtió efecto, estaba adormecida por completo. Era una pena, porque lo que Cameron iba a revelarme, debía ser importante. Cómo todas las cosas que él parecía saber.
-Yo llevo solo un día en tu vida, Mía. Sin embargo, tú llevas cuatro años en la mía. Llámalo como quieras. Obsesión, sentido de justicia, orgullo, pero no quería rendirme. Me negaba a dejarte perdida, no después de saber lo que sé.
Hablaba de su búsqueda. ¿O era mi búsqueda? Mis padres me buscaban. No tenía el valor aún para saber lo que significaba, me aterraba.
-Ahora que, finalmente te encuentro-. continuó relatando-. No sé cómo manejar la situación, debi contarte todo, pero no quiero romperte.
-Ya lo estoy-. Lo interrumpí.- Es obvio que, normal no soy. Ni allá afuera, en tu mundo. Ni en este.
Observaba la ventana, el sol estaba en su punto más alto. No debí dormir tanto como pensé, igual había descansado. Debía ponerme de pie, examinar mi rostro y tratar de repararlo. No sé cuál es el propósito de eso, pero sin duda quería hacer algo más que estar aquí acostada. Pensé que, hablar con Cameron me ayudaría pero no tiene caso cuando no entiendo ni la mitad de las mierdas que me dice.
-Esta noche, debes ir con Aidan.
Mi cuello protesto por la forma brusca en la que gire mi cuello hacia Cameron.
-Eres la única que puede acercarse a él con libertad, Mía. Esto me duele más a mi que a ti, pero no tenemos otra opción.
Maldición.
-¿Que quiere, señor Kane?
Les juro que, era lo que menos quería decirle en este momento, pero era tanto tiempo obedeciendo que no conseguía la forma de negarme. Las palabras estaban allí, solo que dormidas. La energía que se había apoderado de mi, al verlo con La Princesa Adela, se había esfumado.
-Él no te hará daño, te lo prometo. Irás al casino está noche, Aidan estará allí después de presentarme a Las Princesas. Pondré algo en su bebida que, una vez que haga efecto, podrás cortar un mechón de su cabello y obtener una muestra de su saliva.
No debí despertar está mañana.
-Te mostraré cómo hacerlo, ¿Vale?
Él realmente quería cabello y saliva de Aidan Carmichael. ¿Que mierdas iba a hacer con ello? Ah, pero que clase de locos son estos... Y yo soy el bicho raro. Observé sus ojos, buscando algún rastro de engaño, pero no había nada. Nuevamente estaba diciendo la verdad, y yo seguía impactada por el hecho de que todo sonará a disparate. Medite mis opciones.
Podía negarme, y quedarme aquí para siempre.
O aceptar, ser libre, ir hacia lo desconocido.
¿Valdría la pena, el riesgo?
Iba a averiguarlo. A