**ELARA** El beso no fue un beso. Fue una violación. Sus labios se estamparon contra los míos con una fuerza que me hizo retroceder, pero su otro brazo rodeó mi cintura, aprisionándome contra él. No hubo suavidad, ni exploración. Fue una invasión, una batalla campal donde nuestras lenguas luchaban por el dominio, donde sus dientes se clavaron en mi labio inferior no para lastimar, sino para marcar, para reclamar. El sabor metálico de mi propia sangre se mezcló con el sabor de su boca, y la herida fue una bendición, un bautismo de fuego. Mis manos no eran pasivas. Se enredaron en su pelo con ferocidad, tirando de las raíces, obligándolo a inclinar la cabeza para profundizar el ataque. Quería que me doliera. Quería que el dolor borrara la frustración, que la violencia me llenara el vacío q

