Capítulo 3: Noche de pasión arruinada

1742 Words
Piero comienza a masajear sus nalgas con suavidad y sigue el recorrido por el resto de su cuerpo, mientras su boca explora aún más la de Petra, como queriendo buscar algún secreto de la chica. De pronto no aguanta más y la levanta por las nalgas para recostarla nuevamente en la cama. Es en esa misma posición donde comienza a moverse para provocarla, pero él termina peor, porque el roce con aquella incipiente humedad incluso a través de la tela lo enloquece. Saber que es tan receptiva, que le permite hacer lo que quiera con su cuerpo, lo hace sentir realmente poderoso. Petra necesita más y Piero se da cuenta, por lo que abandona su boca, pasa fugazmente por su cuello, por sus hombros y se deshace del brasier para atender un momento uno de sus senos. Pero sigue sin ser suficiente y él sabe exactamente lo que tiene que hacer. —Eres sencillamente perfecta… —Susurra contra su vientre mientras hace ese recorrido a su centro—. Tu piel suave, tu manera de recibir mis caricias… tu tamaño perfecto que se amolda al mío. Aquellas palabras le hacen mucho sentido a Petra, ya que su padre le advirtió que el hombre perfecto le diría algo como eso. Su corazón late al punto que piensa que en cualquier momento la abandonará, sus manos se aferran a la cama porque aquello que está sintiendo no es normal. Las manos de Piero se meten entre la tela y sus caderas para bajar aquella molestia. Mientras la va despojando de la braga, siente cómo el deseo está a punto de desbordarse y no sabe si podrá soportarlo mucho tiempo. Se queda mirando aquella visión perfecta de Petra desnuda en su cama, su cabello desparramado y su perfectamente depilado coño, de pronto comienza a salivar y sabe que solo tiene algo por hacer. Su boca se pierde en aquel punto y Petra solo puede aferrarse más a la cama. Piero oye los gritos y súplicas de Petra y sonríe contra su humedad, mientras la tortura con aquel placer que su lengua le provoca. Para cuando ella alcanza aquel punto máximo, Piero sigue un poco más, hasta que regresa a su boca y la besa para obligarla a sentir su sabor. Se acomoda entre sus piernas mientras ese beso se torna demasiado erótico y cuando su m*****o está en el centro, lo pasa varias veces para humedecerlo un poco, se posiciona en la entrada y luego entra de una sola vez. Sus ojos se abren por la sorpresa y mira aterrado a Petra, quien da un grito de dolor. —No puede ser… ¿Tú eres…? Petra, ¿eres Virgen? —Sí… —Dice ella tratando de controlar el sollozo para no verse como una niña tonta. Pero en ese momento, Piero solo la abraza y se gira para dejarla a ella sobre él. La recuesta sobre su pecho y acaricia su espalda sin romper el contacto, comienza a besarla con ternura, quitándole las lágrimas de sus mejillas con cariño y tratando de ayudarla a que recupere la confianza en el momento. Cuando la siente más calmada, le dice mirándola a los ojos. —Quiero que te muevas muy lento… Solo sigue tu ritmo y yo me amoldaré a él. —Pero no sé cómo hacerlo… Piero solo le sonríe y la besa mientras sus manos se van a su cadera y la ayuda a tomar un ritmo que sea cómodo para los dos. Está demasiado estrecha y eso para él es casi insoportable, pero tampoco quiere excederse porque puede dolerle demasiado y lastimarla más de lo que ya lo hizo. Mientras ella comienza a moverse, va sintiendo nuevamente esa oleada de placer. Piero termina sentándose en la cama y los dos quedan frente a frente. Ella coloca sus manos sobre los hombros de Piero y comienza a moverse de arriba abajo. Él la distrae del dolor capturando uno de sus senos y dándole la atención que se merece. En pocos segundos todo lo anterior se olvida y los todos se dejan llevar por las sensaciones que la naturaleza les brinda. Piero la observa como una diosa entregándose a un simple mortal. Ella, que jamás se dejó tocar por nadie más, se está entregando en cuerpo y alma con una confianza increíble. Y si en algún momento pensó que era solo curiosidad de estar con ella, ahora está más que seguro que no quiere a nadie más en su vida ni mucho menos en la de ella. Aquella vena posesiva se le escapa sin que pueda evitarlo y sus embestidas se vuelven más profundas. —Eres un bruto —dice ella con los dientes apretados y luego echa la cabeza hacia atrás. Piero la toma por las caderas, su boca se deleita con uno de sus senos y Petra sigue aquel ritmo brutal, pero no es suficiente. Lo obliga a que se recueste en la cama y se gira para dejarlo sobre ella. —¿Estás segura? Porque si yo estoy arriba no voy a ser un príncipe delicado. —¿Acaso lo fuiste al inicio? ¿Me viste huir? Y con ese desafío, Piero se acomoda un poco, le toma las caderas y su boca atrapa la de petra solo para beberse aquellos gritos que sabe van a salir de ella. Las embestidas son despiadas, petra siente que la está rompiendo, pero le gusta. Sus cuerpos hacen sonidos que los lleva más a aquella cima, mientras el sudor los ayuda con los movimientos y esa intimidad que es tan nueva para ambos. Para cuando los todos se dejan ir por aquel clímax que tanto han deseado, caen nuevamente a la cama y él abrazándola, se acomoda un poco para que quede a su costado. Recorre su cuerpo con una mano mientras que la otra le acaricia el rostro. Petra lo mira a los ojos sintiéndose vulnerable, está desnuda y también algo avergonzada, porque nunca hizo algo como aquello. —Lamento si fui demasiado brusco… No me imaginé que fueras virgen. Por la manera en que me respondiste y te comportaste, en verdad pensé que eras más experimentada. —Pues ya tiene tu sorpresa —le dice ella con cierto aire travieso—. Jamás me había ido con un chico de esa manera, como lo he hecho contigo esta noche. —Y yo debo reconocer que nunca estuve con una virgen… Mi única intención era desahogarme un poco de lo que me habías provocado, pero… —En un segundo, la sonrisa de Petra se transforma en seriedad y se aparta de él—. ¿Qué pasa? ¿Dije algo malo? —No, claro que no. Nunca es malo decir la verdad —responde ella con tono neutro saliendo de la cama y comienza a buscar su ropa rápidamente—. Y es bueno que me hicieras saber que esto solo fue un desahogo para ti. —Petra espera, no quise decir aquello… —Puede que no quisieras decirlo, pero es lo que pensaste, lo que sentiste y está bien —dice ella colocándose su ropa interior—. Un hombre como tú… no me atrevería a suponer que se quedará para siempre con una chiquilla inexperta como yo. Después de todo, seguramente has estado con decenas de mujeres que te han dado más placer que yo. —Petra, por favor, no pongas palabras en mi boca que no he dicho —Ella lo mira mientras termina de ajustarse el vestido y le sonríe con condescendencia. —¿Y qué es lo que quieres decir? A mí me queda más que claro. Solo te provoqué, tal vez por la manera en que te hablé. Probablemente estás acostumbrado a que las mujeres te sigan como polillas a la luz, pero en cambio yo… —y otra vez está adivinando sus pensamientos. Petra, toma sus zapatos y su bolso y camina por el pasillo, mientras que Piero se coloca algo rápidamente para seguirla. —Petra, Escúchame… —Le ordena y ella se detiene en seco. Se gira para verlo con molestia y camina hacia él, haciéndolo retroceder un par de pasos porque el rostro de esa mujer demuestra lo cabreada que está. —Si crees que a mí puedes ordenarme algo, estás muy equivocado —sisea levantando su índice—. Si tú tuviste ganas de quitarte tu desahogo conmigo, ya lo hiciste. Yo quería satisfacer mi curiosidad de estar con un hombre mayor y ya lo hice. Debo decir que cumpliste con mis expectativas completamente. —¡Eso no es justo! Estás diciendo algo que no sientes por algo que yo no debí decir de aquella manera, no supe expresarme… Después de todo, contigo me vuelvo, idiota —Petra, sonríe con suficiencia y niega rotundamente. —Déjame decirte algo. Piero. Hay mujeres que son capaces de volver idiota a un hombre, pero yo no soy de ellas… Ahora, si me lo permites, ya es muy tarde y quiero regresar a mi casa. Espero haberte dejado lo suficientemente cansado como para que duermas como un bebé toda la noche después de haberte desahogado tan bien. Esta vez Petra avanza sola por el pasillo, dejando a Piero completamente aturdido. Ha metido de la pata profundamente, aquello no era lo que quería decir y en realidad no debió haber hablado nada porque con esa mujer todo es completamente difícil. Se pasa las manos por el cabello sintiendo que por primera vez se queda vacío tras estar con una mujer. Su idea era quedarse con ella toda la noche, pero allí está quedándose solo por no haber sabido expresarse como debía, porque nunca tuvo la necesidad de hacerlo. Petra espera que las puertas del ascensor se cierren y deja que las lágrimas comiencen a caer por sus mejillas. Se siente absolutamente humillada, siempre rehuyó de los muchachos de su edad pensando en que eso es precisamente lo que querían, darse un gusto, sacarse las ganas. Y terminó cayendo con un hombre mayor, que es mil veces peor que eso, porque no tuvo ni la mínima vergüenza de decírselo a la cara. Cuando las puertas se abren nuevamente se limpia las lágrimas y camina hasta la salida dignamente. Toma el primer taxi que se le cruza y se va hacia la casa, en donde se mete rápidamente la ducha para quitarse el olor de Piero y luego se mete a la cama sintiendo como su corazón se ha hecho más estrecho.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD