3. Regreso a Casa

2251 Words
*Angelica*   Estar encerrada en la habitación del hotel, mientras mi padre está afuera esperando que no me escape cuando se descuide, es como estar en secundaria otra vez. El traje de baño comienza a incomodarme, así que vuelvo a la sala, donde encuentro a todos felices, celebrando que mi novio esta muerto, brindando con champaña y riendo a carcajadas. No saben cuanto los odio, si le hubiera tenido un poco mas de afecto a mi marioneta, estarían todos muertos por tocarlo. Paso de largo hasta la puerta, encontrándola cerrada con llave, llamando la atención de todos, quienes se ponen alerta en un segundo. -¿Dónde vas? -Iré por mi ropa, Mauro. No pretendes que me quede en traje de baño hasta llegar a tu casa, ¿O sí? – escupo a mi padre. Dejé de llamarlo papá desde hace varios años, así que no le sorprende la forma en que me dirijo a él. Es mas, quiere hacerse el tonto, pero ambos sabemos que mi secuestro no fue una casualidad. -No necesitas nada de ese sujeto. Ten – me extiende la chaqueta de su traje – será suficiente hasta que lleguemos a la mansión. -Entonces larguémonos de una vez. -En marcha – habla su lamebotas de turno. Todos se movilizan rápidamente, recogiendo los bultos con armas y municiones, obedeciendo al macho alfa. Debo admitir que escuchar a Benjamín hablar con esa voz profunda, es muy sexy, y que todos obedezcan sin rechistar me excita, pero en este momento es mi peor enemigo y se merece todo mi desprecio. Busca mirarme a los ojos, sobre todo porque me quité los pupilentes, dejando libre el hermoso color gris que heredé de mi madre. No tiene ningún sentido seguir ocultándolos, sin embargo, no le devuelvo la mirada. Actualmente, para mí significa mucho menos que una hormiga bajo mi zapato. Cuando lo conocí hace un año quedé deslumbrada por el italiano de ojos verdes y cabello oscuro, parecía dulce, simpático y comprensivo. No le importó en absoluto que jamás le dijera mi verdadero nombre, ninguna información personal o manera de volverme a contactar, parecía simplemente disfrutar de mi compañía, conocer mi personalidad sin definirme por mi apellido. Y sus labios… fue como sentir una brisa fresca, estuve tentada por horas a besarlo, así que lo dejé para cerrar con broche de oro una noche perfecta. Los pensamientos me van distrayendo durante todo el camino a casa, hasta que sin darme cuenta me quedo profundamente dormida en el asiento del auto. Cuando vuelvo a abrir los ojos, estoy escaleras arriba, siendo llevada por unos brazos fuertes. Su pecho cálido y perfume varonil, me hacen desear estar en esta posición para siempre. Aunque ese sentimiento dura poco, en cuando me doy cuenta de que se trata de Benjamín, me remuevo para que me baje. -No te muevas, te llevaré a tu habitación para que te duches y puedas ver a tu madre con ropa mas decente – susurra para que solo yo lo escuche. -Bájame, puedo caminar sola. -Queen… -¡Que me bajes ya! Obedece a regañadientes, dejándome despacio en el piso. Lo dejo atrás lo mas rápido que puedo, encerrándome de un portazo en mi antigua habitación. Como es de esperarse, todo está como si jamás me hubiera ido. Tomo una ducha rápida con agua fría y me visto con lo primero que encuentro, para terminar tirándome en la cama, respirando profundo mientras pienso en lo que viene. Mi madre sufrirá un infarto cuando me vea y Austin puede que quiera asesinarme él mismo por hacerlo pasar por esto. El cadáver de una prostituta quedó calcinado, irreconocible, de esa forma fue muy fácil manipular todo para que las pruebas dieran positivas con mi ADN. Me levanto decidida a enfrentar lo inevitable. Salgo de la habitación caminando despacio por el pasillo, mientras me recojo el cabello en una dona desordenada. -Angelica – escucho la voz de Ben a mi espalda, pero no me detengo – Angelica – lo sigo ignorando – Queen. -¡¿Qué es lo que quieres?! Me toma del brazo y en un rápido movimiento estamos en una habitación vacía, su cuerpo presionándome contra la puerta. -¿Podemos hablar? – susurra. -Si me devuelves mi espacio personal, lo pensaré. Se separa de mi cuerpo sin dejar de mirarme, alejándose lo suficiente para dejarme respirar mi propio aire, pero cerca como para atraparme si intento escaparme. -¿Ahora que quieres? -¿Qué sucede contigo? No sabes lo mucho que rogué para volverte a ver, aunque sea una vez mas, y ahora me tratas como si me odiaras. -Pues porque te odio – digo con obviedad. -No puedes odiarme, no te hice nada. -¿Te parece poco? ¡Mataste a mi novio! -¿Ah sí? No te he visto llorar una sola lagrima por él. -Porque no todas las mujeres lloramos como magdalenas. Algunas llevamos el dolor por dentro – me llevo la mano al corazón y finjo un puchero. -Eres pésima mintiendo – sonríe – además, creí escuchar que era tu esposo. -¿Y tú poder de deducción, Sherlock? – levanto mi mano – No llevo sortija. Alister solo marcaba territorio. -Entonces se merecía el balazo en la frente. -Si matar a una persona inocente te parece justo… -¿Inocente? ¡Te secuestró e hiso parecer que habías muerto! -No hiciste bien tu tarea, Benjamín – niego con media sonrisa – Tú mas que nadie sabe que hui por mi propio pie. Se queda helado. Era obvio que no había pensado en eso. El día que nos conocimos estaba huyendo de mis guardaespaldas, con quienes terminamos luchando en ese callejón. Luego de eso, supe que habían dicho que me secuestraron, así que lo usé a mi favor. -Entonces King… -Alister King era solo una marioneta con la que dormía de vez en cuando – explico acercándome para susurrarle en el oído – Yo soy la mente maestra de todo. Pero Mauro no puede enterarse, y si algo de esto se sabe, te prometo que terminaras como King. Yo misma me encargaré de hacer un agujero en tu frente. Me gira para que quede de espaldas hacia él, puedo sentir su respiración pesada en mi cuello. Lo excita esta situación. Olfatea mi perfume antes de acercarse a mi oído. -No hagas amenazas vacías, Queen – su voz ronca eriza mi piel – Pareces fría por fuera, pero no te creo capaz de dañar a otro ser humano. -No me conoces. Mi paciencia tiene un límite muy corto, y si te metes conmigo, serás una escoria menos en este planeta. Aprovecho su estado de distracción para separarme de él y salir de la habitación. No me sigue, pero sé que es solo cuestión de minutos para que venga de nuevo a buscarme. Voy directo a la habitación de mi madre para enfrentarla de una vez por todas. Quisiera saludarla y decirle que estoy bien antes de largarme de nuevo de esta casa, pero no la encuentro. Todo aquí huele a ella, esa loción de manzana verde que usa desde hace años. Su kit de bordado está en la cama, su celular en la mesita de noche junto a un libro que hojeo superficialmente. -El día que el cielo se caiga – leo el titulo en voz alta. -La reciente adquisición en su biblioteca – la voz de Ben me sobresalta – Ha leído cualquier cosa que le ayude con su duelo. -¿La ha pasado mal? -Terrible. -Es normal estar triste cuando pierdes a un ser querido… -Si, pero tú eres su hija, Angelica, su luz. Perderte significó apagar su sonrisa. Me siento culpable. Fue una decisión egoísta hacerla pasar por esto. -En algún punto va a suceder… -Ningún padre merece ver morir sus hijos – escupe molesto. Soy una egoísta, él tiene razón. Jamás me detuve a pensar en el dolor que le causaría a mi madre, o en el trauma de mi hermano, al ver mi cuerpo calcinado, amarrado al volante de un auto en medio del desierto. Solo pensé en mí, en escapar y hacer sufrir a mi padre, quitarle lo que mas preciado para él, sus negocios. El poder que tanto disfruta y por lo que decidió venderle el alma al diablo. Estatus a cambio de su única hija, le pareció un trato justo. Pero Amber no tiene la culpa de nada, y eso es lo que no vi. -¿Dónde está? -Son las tres, debe estar tomando el té en patio – informa. -¿Te hiciste muy cercano a ella? -Amber es una mujer maravillosa. Fue un privilegio trabajar como su escolta personal. -Cierto. Ahora eres el lamebotas de turno de Mauro – ruedo los ojos – Iré a ver a mi madre, permiso. -Puedo acompañarte si… -No te necesito, Benjamín – escupo. Otro idiota anhelando poder, sin importarle lo que sucede a su alrededor. Me repugna. -Si quieres ser de utilidad, consígueme una laptop y un celular nuevo. Tengo negocios que depende de mí.   No espero su respuesta, me encamino de nuevo hacia el pasillo, bajo las escaleras, directo al patio trasero. La valentía me dura hasta que la veo, de espaldas hacia mí tomando el té mientras ve hacia la nada. Mientras mas me acerco a ella, puedo ver su mirada triste y una única lagrima bajando por su mejilla. Odiaría saber que piensa en mí. Estoy a su lado, pero no me nota. Tengo la garganta seca y el corazón acelerado, esto es mas difícil de lo que creí. -Mamá. La taza cae de sus manos haciendo un estrepitoso ruido. La porcelana se hace trizas mientras que ella parece estar en shock, mirándome como si fuese un fantasma, sus ojos se llenan de lagrimas y se lleva la mano a la boca para ahogar su llanto. El corazón se me comprime, solo me queda cerrar los ojos cuando sus brazos me encierran en un cálido abrazo, apretándome contra ella, como si quisiera comprobar que no se trata de un sueño. -No lo puedo creer, estas aquí – lloriquea – mi ángel. Se separa de mí solo para tomarme por ambas mejillas y apretarlas, me mira a los ojos, acaricia mi cabello, todo sin dejar de llorar en ningún momento, haciendo una pausa entre cada beso que le da a mi cara, para agradecerle al cielo por volverme a ver. -Lo lamento, Mamá. -No, amor. Estas aquí, estas bien, te tengo de nuevo en mis brazos… no quiero volver a perderte nunca. No dudó en ningún momento que era yo. Tan solo escuchar mi voz fue suficiente para que me reconociera. -No iré a ninguna parte. Vuelve a abrazarme con mucha fuerza. Nos sentamos una al lado de la otra en la mesa del jardín, mientras me acaricia la mejilla y limpia las lágrimas de su cara. Sonríe abiertamente, como si no pudiera dejar de hacerlo. -Y cuéntame, ¿Estas bien? ¿Dónde estabas? Espera, no quiero saber eso… -Mamá, mamá, respira. Estoy perfecta, no te preocupes por eso. -Estoy feliz de que estés aquí. -Lo sé – sonrío – También estoy feliz de verte. -¿Qué le has hecho a tu cabello? – lo acaricia con delicadeza. -¿No te gusta? -Si, pero ya no es castaño. Solo sonrío para evitar la conversación. En realidad no quiero llegar a explicarle el motivo por el cual cambié todo mi look. Por lo menos no me vio con el primer cambio, con el cabello corto y pintado de n***o. Lo ultimo que recuerda de mí es mi largo cabello castaño, solía peinarlo cuando estábamos solas en su habitación. -Tengo que llamar a Austin – dice de repente. -Creo que va a enloquecer. -Se volverá loco de alegría, hija. Tu padre… -Él ya sabe que estoy aquí – digo con fastidio. -Voy a organizar la mejor cena de bienvenida. -No quiero extraños en la casa, mamá. -Solo seremos nosotros. Lo prometo. Me encanta verla sonreír de esa forma. La ultima vez que la vi tan feliz fue cuando me gradué de la universidad, sin embargo, no se compara con lo feliz que se ve ahora. Unas pocas horas después, tengo a mi hermano malhumorado viéndome de pies a cabeza mientras pasea de un lado a otro en la sala. Lo miro desde el sillón, me interrumpió cuando estaba por ver la televisión. Su reacción al verme no fue para nada feliz, sorprendido tal vez, pero sobre todo molesto. -No puedo creer que estas viva. Yo mismo vi los resultados de ADN. -¿No puedes creer que cometiste un error? -¿No lo entiendes? Hay alguien en una tumba con tu nombre. Una mujer que sus familiares no tuvieron oportunidad de llorar. Era una prostituta, adicta, sin familia, ni mascotas, agonizando de sobredosis cuando la encontramos, iba a ser un cadáver mas en una fosa común, al menos tubo un funeral digno. Por supuesto que no se lo voy a decir a mi hermano mayor. -¿Me dejarás ver la televisión? Parece que no te alegra verme. Deja salir el aire de sus pulmones antes de mirarme de nuevo a los ojos. Sin previo aviso me abraza, puedo sentir lo rápido que late su corazón y sus músculos temblando de nervios. -Te amo, mocosa. No vuelvas a hacerme eso – advierte con la voz rota. -Lo prometo. Es un tonto, pero siempre seré su hermanita.  
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