Ella cristiana y yo un simple mundano- se dice así mismo- ay Dios mío, sí que me la ponéis difícil
-Dylan mira cómo se aleja la camioneta, saca las llaves del Aveo que están en su bolsillo, abre la puerta y entra, enciende el carro, cuando recibe una llamada.
-¿Hola?
-Habla tu madre, necesito que vengas a casa
-¿Cómo para qué?
-Tu padre y yo hablaremos contigo sobre algo
-No tengo ganas de ir
-Es importante, Dylan Sebastián- a Dylan le disgusta que lo llamen por sus dos nombres te esperamos en casa
-Dylan cuelga el teléfono, acomoda el retrovisor retrocede poco a poco, pone en marcha el auto a la casa de sus padres, Dylan respira hondo, aprieta con fuerzas el volante sus ojos pequeños se llenan de un mar de lágrimas, tal es la fuerza que no las puede contener, ira, rencor y sufrimiento se llena su corazón, golpea el volante una y otra vez-¡Coño! ¡Coño! ¡Coño!- aún recuerda el rechazo de sus padres, la mala relación que ha tenido con ellos desde siempre, la dictadura de su padre para satisfacer su placer de verlo como un abogado, y la mala acción de su madre en compararlo con los demás, haciéndole creer que es inferior, por no cumplir los deseos de su padre
Dylan se entristece por no tener unos padres ejemplares, por no haber compartido su infancia con ellos, decide ir para tratar de aliviar sus dolores, aunque eso nunca pasará, trata de calmarse seca sus lagrima con su pañuelo, suspira y humedece sus labios, cruza hacia la izquierda se fija rápidamente en unos apartamentos, falta poco para llegar baja la velocidad, está indeciso no sabe si ir o no, toma una bocanada de aire frena, cierra sus ojos aun duele la herida…
Hace tiempo atrás…
-¡No! mi respuesta es no, no dejare que hagas lo que quieras, que andes por allí como un vago, serás abogado porque yo lo decido
-¡No puedes elegir por mí!- Dice Dylan alterado
-¡No me grites que soy tu padre!, si quieres irte ¡vete! pero estas bajo mi techo y aquí se hace lo que yo diga
-¿Mi decisión no vale?
-En absoluto, y si quieres lánzate del puente me harías un favor, estoy decepcionado de ti
-Tu padre tiene razón- Interviene la madre de Marcos- estudiaras derecho y te congregaras en nuestra iglesia, en más ninguna
-Si no te congregas conmigo, eso quiere decir que no quieres nada conmigo, y si es así vas alistando tus maletas y vete
-¿Cómo me piden creer en Dios? cuando me lo imponen ¿Cómo quieren que sea su orgullo? Cuando me obligan a cumplir sus sueños que no cumplieron, si no me quieren así como soy, no pueden ser llamados ministros de Dios, mírate- Se dirige al padre- ¿cuántos años llevas pastoreando tu iglesia?, y siguen las mismas 6 personas desde hace 6 años, y usted madre, muéstreme su título de bachiller, ah verdad nunca le ha gustado estudiar- Dylan trata de sentarse cuando el padre le propina una cachetada, tan fuerte, que el adolecente de 16 años sangra por la nariz, siente un nudo en la garganta que no lo deja llorar, le sobran ganas de defenderse pero por respeto no lo hace, otra cachetada con un manotazo en el pecho que lo termina de sentar, duele, pero no tanto como las palabras de su madre, aquella mujer a quien amo tanto cuando más chico, esa mujer que quería ver después de clases en primaria, a quien dedico su primer verso- eres un bueno para nada- cruza los brazos, sus ojos llorosos, recuerda lo que le dijo cuándo tenía 12 años- di tu vida para salvar la de tu hermano, pero murió el que no era- duele mucho, le duele mucho piensa oprimiendo su corazón a un dolor interminable casi eterno, espera que sus padres salgan de la sala, se levanta y va directo hacia la ventana del pasillo, la ventana que no tiene protección, se para justo frente a ella- perdónenme por ser diferente, por pensar diferente, por amar diferente y querer ser diferente- enojado, entristecido toma una mala decisión, abre la ventana coloca su rodilla a un borde para pararse junto a ella, sus manos temblorosas toman un costado de la ventana, cierra sus ojos -renuncio- susurra, decide y lo hace, un chico que estaba de visita por el barrio, se da cuenta y apurado corre hacia el lugar donde caerá, no le da tiempo de gritarle, cuando Dylan se lanza el chico abre sus brazos y espera el fuerte golpe, lo recibe con una fuerza increíble, se escuchan los gritos de los vecinos, y los transeúntes que estaban por allí, Dylan no siente el brazo izquierdo, le duele la cabeza infernalmente, se fracturo la rodilla, como puede trata de mirar al chico que lo salvo, tiene el hombro derecho dislocado, pero por la adrenalina el chico no se da cuenta y no siente el dolor, sorprendido por lo que vio e hizo, acomoda a Dylan en el suelo tratando de no moverle mucho la cabeza, pide ayuda vuelve y mira a Dylan
-¡Hermano! ¿Qué hiciste?
Dylan como puede le responde -me lance de la ventana- Dylan trata de no perder de la vista al chico
-¿Del segundo piso? yo como tú me lanzo de la azotea
-Perdóname… es mi fiasco
-¿Eh? no te desmayes, ¡Oye! Coño de la madre, mira vale no cierres los ojos, escúchame… chamo no te desmayes
-¿Qué tanto jedéis?
-Pero si te acabo de salvar la vida, que grosero eres
-Dis…-Marcos tose- discúlpame pero estáis en Maracaibo
-Lo que se, es que estoy en San Francisco no en Maracaibo
-La misma v***a es
-Ay que ver que los Zulianos son mal hablados
-¿Eres evangélico?
-No-Le responde Damián
-Eso pensé ¿De dónde sois?
-Caracas, pero me mude hace dos meses, mis padres se están divorciando, mi madre engaño a mi padre eso me dejo traumado, así que… me mude con mi padre
-Coño, me duele todo-. Resopla Dylan
-Si a mí también, ¡Eh! mi padre ya viene, no te desmayes, coño- susurra- ya te desmayaste
-¿Dónde estoy?- pregunta Dylan desorientado
-¡Eh!, campeón ya despertaste
-¿Usted quién es?
-Miguel el padre de Dami, te desmayaste y te tuve que traer
-¿Dónde están mis padres?- pregunta Dylan con nerviosismo
-Tranquilo muchacho, están arreglando unos asuntos con la L.O.P.N.A ¿tienes donde quedarte?
-Si, en la casa de mi niñera siempre he querido estar con ella
-Bueno, al parecer te vas con ella
-¿Y eso?
-Ni me preguntes, no lo se
-¡Ya despertó el s*****a!
-¿Damián?
-Si Dylan soy yo, me debes una ¿Eh? que la estadía en la clínica ha salido cara
-Bueno, yo los dejo solos, iré a fumarme porro
-¿Porro?- le pregunta Marcos a Damián
-m*******a, eso creo, por cierto nadie te ha venido a visitar excepto tu niñera y nosotros, ¿no tienes familia?
-No, tenía una abuela pero murió era como mi madre mi padre y mi mejor amiga, y mi hermano que también murió
-Lo siento
-Tranquilo, ¿Desde cuándo estoy aquí?
-Desde hace tres días, despertabas y volvías inmediatamente a desmayarte, eres una marica
-Eso aún no lo sé- los dos ríen, Dylan lo hace con dificultad
-¿Cómo piensas pagarnos?
-Me hubieran dejado allí tirado
-Tranquilo no entendiste mi chiste, Miguel pago todo
Dylan mira a Damián, él le sonríe divertido pero su mirada es vacía, sabe que tanto él como Damián se sienten solos, Dylan de bajos recursos y Damián que lo tiene todo menos un amigo sincero, personas que conocemos en circunstancias difíciles y se quedan allí contigo, en los momentos buenos y no tan buenos, esas personas valen la pena llamarlas amigos, son los que brindan su amistad sin esperar nada a cambio, Dylan lo sabe, sabe que el hermano que siempre quiso tener al lado, ahora está junto a él, ya no se siente solo, pero tiene miedo por la diferencia de clases sociales de perderlo, la amistad trasciende fronteras de clases, razas y credos, va más allá de lo material, solemne y sencillo a la vez, apegado a la unión de una lealtad, afectuoso, cortes, afable de ese hermoso acto que durará para toda la vida, firme e inquebrantable es la honestidad de verdaderos amigos.
-¿Amigos?-Dylan le tiende la mano a Damián
-Amigos- los dos sellan ese pacto que sin saberlo le cambiaría la vida a ambos, el amigo es un tesoro que no puedes vender ni perder
En el presente…
-¿Qué quieren?-Dylan se sienta, y mira con desaprobación a sus dos padres
-Antes que todo, queríamos saber de ti, queríamos verte- dice el padre
-Estoy bien, y no gracias a ustedes
-Mira hijo nos preocupa tu situación, sabes que siempre hemos querido lo mejor para ti
-Hace un momento me dicen que están decepcionados, y ahora que quieren lo mejor para mí, no los entiendo
-Queremos que seas nuestro orgullo, por eso te llamé- la madre se sienta al lado de Dylan- nos preocupas demasiado, nos llegó el rumor que tuviste problemas con un policía, golpeaste salvajemente a su padre, imagina si ese señor fuese tu padre
-Yo lo hubiera matado-Dylan le sonríe a su padre, que lo mira perplejo y sorprendido
-¡No digas esas cosas Dylan Sebastián!- la Madre se Dylan se altera
-¡Coño!-Dylan se levanta, y va hacia la ventana- te he dicho que no me llames así, ¿Qué es lo que quieren?
-Que seas una mejor persona, que tengas respeto hacia los demás, y no estés por allí golpeando todo lo que se te atraviese- Le responde el padre
-Mira quien lo dice, el machista orgulloso ¿raro no?
-¿Por qué me dices eso?
-No me hace falta decírtelo, tu memoria se encargara de ello
-Dylan por favor- es la madre- vamos a sufrir si nos enteramos que caíste preso, o algo peor, que mueras
-No estuvieron en mi graduación de sexto grado, ni el de noveno año, tampoco en la graduación para ser bachiller, no estuvieron en ninguno de mis partidos cuando niño-Dylan respira hondo, crece ese nudo en su garganta- no me visitaron en la clínica, cuando me lancé de esta ventana, no lo hicieron para que nadie se enterara que el que se trató de matar es hijo de pastores mediocres, solamente hacen esto para que nadie en la organización se entere que esta familia es disfuncional, sobre todo vos, Enrique- se refiere al padre- eres el típico pastor estúpido, que no vive lo que predica, me das asco
-Que Dios se apiade de ti- le responde el padre- sal de mi casa inmediatamente, olvídate que soy tu padre
-Tranquilo, ya ustedes lo hicieron hace tiempo…
-Dylan sale enfurecido de su vieja casa, el rencor crece, su corazón no aguanta más, lánguida tristeza recorre sus venas, arrastra cadenas de su pasado, una niñez cual no disfrutó con gusto, un presente nublado, recuerdos que le duele mucho más que antes, entra al auto lo enciende, toma una bocanada de aire cierra sus ojos, tratando de ufanar su orgullo para olvidarse de todo, pero algo sucede, abre sus ojos, a toda creciente se le calman las aguas, a todo corazón herido se le encuentra su alivio, en medio de su tristeza le sale una media sonrisa -Vaya sorpresa- se dice así mismo, si, se sorprendió acordándose de ella, cediéndole un lado de sus pensamientos, suspira -Tendrás que venir a rescatarme- el semblante de su rostro cambio oropel brillante, reluciente aún con un corazón herido, caducado de tanto sufrimiento, el momento llegó para partir o tal vez dar un paseo, por las viejas calles que lo vieron crecer, aquel niño infortunio escondiéndose detrás de una falsa esperanza de esas calles, no va tan deprisa como lo acostumbrado, pensativo quiere despejar su mente y no volver a aquel gratificado pensamiento de una princesa el cual cree no volver a ver, cuenta algunas casas de latas y concreto, vecinas de aquel campo de futbol de pocas hierbas y abundantes talentos, llega el atardecer, pacientemente busca la casa, el hogar que tanto le dio refugio, descanso de un niño atribulado, almohada de muchos sueños frustrados, pañuelo de aquellas lagrimas amargas y perdidas, el techo del aquel pequeño vagabundo sin destino de esperanza, cuando la calle no le ofrecía tal cosa buena, el hogar humilde es una bendición irremplazable Dylan lo sabe y agradecido lo está, cruza en una esquina con cuidado por esas calles maltratadas y olvidadas de las promesas de un político, se acerca dónde quiere ir.
-Estaciona el auto frente aquella casita, expuesta a la intemperie resguardada por sí misma, suspira mira atentamente aquel lugar, le traen recuerdos como un huracán rompiendo las tranquilas costas, apaga el motor y se baja del auto con unas cuantas bolsas, camina hacia la casa toca la puerta dos veces, una anciana le abre, su cabello teñido de blanco, de ojos nublados por la miopía y catarata, su viejo rostro sin tapar los años pasados, manos temblorosas que no pueden evitar ocultar su amabilidad, sonrisa bondadosa no se puede esconder, hacedoras de un camino lleno de
Infinidades oportunas de un soñador, se vale soñar despierto, Dylan aprendió a soñar despierto por ella, y la anciana tuvo al hijo que nunca concibió de un estéril destino.
-Nona-Dylan sonríe
-¡Hijo!- estalla de alegría
-Me alegro de verla
-¡Ay hijo! me has hecho falta ¿Cómo estás? pasa ven, pasa por favor
-Mira nona, te traje algo de comer
-No te hubieras molestado Gygy, sabes que no tienes que hacer eso por mí
-Claro que sí, lo haría hasta en la otra vida
-Ay, eres tan bello, dime ¿Qué es de tu vida? ya te casaste me contaron- Nona sonríe divertida
-¿Casarme? Nona no estoy para eso, creo que se te olvido te visite antier
-Ay mijo, tengo tantos años, momentos vividos, muchos recuerdos, que se me olvidan las cosas, mi memoria ya expiró
-No expiró, aun me recordáis, y si me recordáis las cosas en el universo van bien
-Tu acento no lo has cambiado- le dice Nona a Dylan- en vez de “Tú” o “Usted” dices “Vos” como si fueses argentino
-No soy argentino, soy Zuliano
-Si lo sé, caso perdido
-A buena vaina, Nona pórtate bien
-Soy fanática de los Beatles, especialmente de aquel rebelde protestante de Dakota, no soy capaz de portarme bien hijo- Nona divertida, como si estuviese levemente en su juventud, ondea su cabello con la mano- además ya sabes cómo soy ¿Quieres café?
-Vale, pero que no sea ese café que venden en el Mercal- Frunze el seño
-Mmm, tendrás que tomártelo, lo compre ayer
-Bueno está bien
-¿Galletas?
-¿Tenéis galletas?
-Sí, de una marca que no recuerdo
-La compraste en el mercal, ¿Qué marcas deben tener?
-No, me las trajo un misionero gringo, alto rubio de ojos azules
-¿Lo detallaste bien?
-Sí, me recordó mucho a mi esposo
-Tus ojitos como que miran bien cuando les interesa
-Es lo que digo yo, Dylan ¿Me harías un favor?
-El que sea
-Pon un poco de música, quiero escuchar
-¿Y tú radio?
-Se terminó de dañar, con estos apagones
-Vaya mierda, bueno por tu suerte traje el teléfono, tengo algunas que te gustan
-Voy a esperar que el café esté listo, ay hijo me sentare a tu lado
-Mira tengo una aquí que quiero que escuchéis
-Dylan busca en su reproductor de música, una canción especial, para él y para ella, busca con cuidado y despacio, lo consigue mira a su anciana amiga su niñera de infancia, la que bailaba con él canciones de los 70s y 80s, la misma que un día le curó la herida de su rodilla cuando cayó de su bicicleta, la mira ella esta pensativa, el antes de reproducir la canción toma su mano, la anciana nota que no es la misma mano de aquel niño, que venía por su ayuda calor y cariño, ha crecido, ha cambiado mas no así sus heridas, la canción empieza a sonar- Me acuerdo cuando la escuche por primera vez, fue cuando te echaron de casa, y yo me quería ir con vos, llore mucho, me dedicaste esta canción, gracias, solo te doy las gracias por todo, mamá- la anciana de sesenta y tres años toma fuerte de la mano de Dylan> ambos cierran sus ojos, tararean la canción, como madre e hijo están los dos en aquella pequeña escena, de aquella casa humilde formada por bloques sin frisar, techo de zinc que no protege cuando llueve> los dos cantan el coro, eterna canción interpretada por John Lennon, lagrimas se pasean con plena libertad, de aquel rostro de años, al igual que en aquel joven corazón enamorado sin aun saberlo, el olor a café aromatiza el ambiente, terminan de entonar las ultimas estrofas de la canción, y como buenos venezolanos aplauden, y no saben el porqué, la anciana se levanta se seca sus lágrimas con aquellas manos temblorosas, aparta la cafetera de la hornilla, busca el envase del café al mismo tiempo que toma la papeleta de leche en polvo, mezcla las dos cosas café y la leche un poco de azúcar, a batir y listo ya está, va hacia el estante de su cocina encuentra las galletas que le regalaron, coge dos paquetes, y va hacia Dylan que la mira divertido, con esa media sonrisa que le caracteriza combinándose con sus ojos pequeños, la fisura de sus labios hieren tiernamente los pómulos canela de Dylan acentuándole un pequeño agujero, la anciana siempre le ha gustado verlo sonreír sincero, y pertenece a aquellas pocas personas que lo han visto, toma la silla se sienta frente a Dylan lo observa como toma café con leche, la anciana se siente feliz de tenerlo, aunque sea poco tiempo, pues el tiempo es pasajero mas no los recuerdos, hasta que la mente ya ha recorrido mucho camino, y es allí cuando el olvido se presenta, tan caballero como siempre.
-Dylan te quiero contar algo
-Dime Nona
-Sé que no te gusta que te hablen sobre tu hermano, pero como ya sabemos los dos, ya estoy vieja, y pronto no estaré, con tantas enfermedades en mí, imagínate, solo escúchame, por favor, y espero que me perdones por no decírtelo antes
-Decime-Dylan contiene la respiración por un instante- no creo que me valla afectar
-Antes de tu viaje, estuviste algunos meses conmigo, te lleve a unas cortas vacaciones al pueblo, allí había un doctor amigo mío de toda la vida, le comente sobre ti y tu hermano, estabas muy niño unos dos o tres años, le dije que ibas a donarle la medula, el doctor se sorprendió, me dijo que eras demasiado pequeño como para hacerlo, me dijo que podrías fallecer
-¿Qué queréis decir con eso?
-Tus padres…-la anciana suspira- tus padres prácticamente te sacrificaron para darle vida a tu hermano
-Coño-susurra Dylan- contame- la anciana nota los ojos tristes de Dylan
-Mientras te llevaba al aeropuerto, te abrase como nunca lo había hecho, tu no entendías nada, ni sabias lo que estaba sucediendo, te abrase por miedo a perderte-Lagrimas salen de los ojos nublados de la anciana- te abrase porque no quería verte sufrir, en medio de mi tristeza, de mi desolación, del gran dolor que sentía mi corazón, tú lo que hacías era sonreír, voy a las estrellas contigo mamá me dijiste eso, culpe a Dios, culpe a tus padres, culpe al destino, me culpe a mí misma, por no abrasarte tan fuerte como ese día, en los momentos que estabas conmigo, no sabía cómo decirte lo mucho que te amo, mientras sonriente me acomodabas el cabello y como si supieras algo, me dijiste que todo iba a estar bien, no entendía, apenas estabas muy bebe, y me decías esas cosas, le pedía a Dios que detuviera el mundo, que le quitara la leucemia a tu hermano, para verte así el resto de tu vida y de lo que queda de la mía, verte feliz, muy feliz, y tú no sabías lo que te esperaba, te abrase porque sentía que te estaba llevando al matadero, no me perdono eso y espero que me perdones por ser yo misma al haberte llevado al aeropuerto, te abrase por miedo a que nunca me quisieras abrasar otra vez, al entregarte a los brazos de tu padre, me tomaste el rostro y llorando me dijiste tu frase favorita “Stan by me”, tus pequeños brazos apenas rodearon mi cuello, sentí el latido de tu corazoncito, frágil lleno de miedo, y allí supe que cambiarias si regresabas con vida, te amé y te abrase por temor a que sería el último gesto que te haría, quiero volver abrasarte porque ese no fue el ultimo
-Ven acá- Dylan suspira y le extiende los brazos a la anciana- dame un abrazo que lo necesito
-Te amé y te amo, no con todas mis fuerzas porque no me queda alguna, mas con todo mi corazón es lo único que tengo-le susurra la anciana en el oído
-Eres especial para mí y lo sabéis, fuiste la única que no me juzgo al decir que no creo mucho en Dios, aun así me seguiste amando, la única que con su mejor vestido de 8 años fue a todas mis graduaciones, la que grito mi gol en las gradas, la única mujer que le interesa mis poesías, la única que las lee, la única que le gusta, la única mujer que por siempre desee que fuese mi madre, por eso y más te abrazo.
-Los dos se separan luego de un abrazo muy largo, pero sincero y honesto, la soledad de la anciana lo necesitaba y el sufrimiento de Dylan soñaba con un abrazo así, ambos ríen de historias pasadas, anécdotas que le sucedieron, cae la noche y los dos conversan como viejos amigos, que tenían tiempo sin verse, la amistad es invaluable para nosotros, requerido por el corazón y necesitado por el alma, los grillos forman parte de una orquesta con las ranas y de más bichos, su música natural retumba en aquella humilde casa, Nona le cuenta como se enamoró de su esposo, aquel hombre de ojos azules y cabello rubio, Dylan ha escuchado la historia desde pequeño, pero él sabe que la anciana quiere ser escuchada y no se molesta por hacerlo
-Nona ¿Qué viste en él?
-A pesar de su buen físico- La Nona sonríe picara- y ese aspecto de hombre rudo, por dentro era todo un amor, lo que lo diferenciaba de sus hermanos
-Lo debes de extrañar muchísimo ¿verdad?
-A veces, no todo el tiempo
-Bueno Nona, me tengo que ir, me están esperando
-Quiero que te lleves algo, a ver dónde está, ¡Aquí! Toma esto es para ti
-Una pulsera ¿Es de oro?
-Sí, ahora te pertenece, cuídala
-Está bien, ven dame otro abrazo
-Te acompaño a hacia la puerta, Dylan pórtate bien, te amo
-Hasta luego Nona
-Los brazos de la anciana apenas llegan a sujetar los hombros de Dylan, por su espalda ancha y fornida
-Stand by Me.
-Luego de que saliera de esa casa, dejar algunas cosas y la comida que compro en aquel restaurante, maneja el Aveo de su mejor amigo, le suena el celular lo revisa un Watssapp de Damián:
Dami: “Hermano ¿Dónde estáis?”
-A Dylan le suena gracioso el cambio de acento en su amigo, mira por el retrovisor si no viene ningún auto detrás de él, conecta su móvil al reproductor de música y coloca una canción de Víctor Drija “AMANECER” y se concentra en responderle a su amigo
Dylan: “Estoy todavía por San Francisco, ¿Por qué? ¿Qué paso?”
-De inmediato responde Damián, Dylan maneja por la vía “La 40” se detiene en un semáforo, se fija en un liceo “Matías” con canchas múltiples, recuerda que allí estudio el acalde, el mismo que jugó con él un partido de baloncesto después que ganara las elecciones, mira su móvil y mira el Watssapp de Damián
Dami: “¿Vas a la casa de Nico? Todos vamos a ver el juego de beisbol”
Dylan: “¿Dónde vive Nico?”
Dami: “Por la placita que está en “La 40” donde se sientan los maricos”
Dylan: “Dale nos vemos allí. Lo llamo”
-Dylan se devuelve del camino, sabe que tiene que llevar algunas cervezas y cigarrillos, hace una especie de lista de lo que va a comprar, cervezas de marcas variadas Regional y Polar, Vodka algunas que otras frutas, para preparar el “s*x on the Beach”, el “Desarmador” Vodka de mandarina dos onzas en un vaso con hielo, y el resto se completa con jugo de naranja, tal vez prepare un “Tom Collins”, una onza de limón y dos de Vodka, jarabe natural solo una cucharada, o como es Dylan le da dos cucharadas, pero como está la situación del país hay que ahorrar, para toda reunión de amigos un “Lemon Drop”.
-Dylan llega a la plaza toma el teléfono, busca el número de Nico y lo llama hablan un rato, Dylan baja del auto se dirige hacia unas de las banquetas de aquella plaza, se sienta busca en su bolsillo un paquete de cigarrillos, toma uno lo enciende a continuación se lo lleva a su boca, la noche está fresca con una brisa suave Dylan exhala el humo del cigarro espera a su amigo Nico, ha sido un día muy agitado la chica en el restaurante, sus padres, su niñera, Raquel, piensa en ella, piensa mucho, demasiado, es una escena frontal donde Dylan está sentado con sus brazos descansando en sus rodillas, un rostro moreno, de aspecto rudo, una leve sonrisa acompaña aquellos ojos pequeños, vuelve a llevar el cigarro a la boca, inhala espera un rato y exhala, Nico como siempre se tarda –Listo, voy bajando- le dijo su amigo antes de colgar, lo que no sabía Dylan es que Nico apenas iba saliendo del baño, es típico de un venezolano, Dylan mira atentamente aquellos apartamentos una pequeña selva de concreto, vuelve y piensa en Raquel, le resulta extraño, no se la saca de la cabeza, sonríe cuando se da cuenta, una sonrisa entre las indiferencias de aquellas personas que pasan por allí, se fija en un par de chicos que caminan un poco raro, con unos rostros engreídos de aspectos muy tontos posan para uno foto, sus rostros están como si la plaza oliera mal, sus cuerpos inclinados a la derecha una rodilla doblada, sus barbillas están un poco alzadas hacia adelante, se ven totalmente ridículos, pasa por delante de los ojos de Dylan una niña de unos once o doce años, la niña se le queda mirando, arquea una ceja no hay que decir que a la niña le encanta aquel chico desconocido. Dylan le guiña un ojo, esta sonríe se ruboriza voltea pero Dylan ya se dio cuenta, la niña viste con unos shorts demasiados cortos, es de piel blanca de cabello rojizo, la niña trata de exhibir su trasero, al igual que sus pequeños senos, Dylan cree saber la razón por la cual Venezuela es un país joven, la detalla bien y siente lastima por ella, aunque Dylan no lo sepa, la niña se acostara con su novio, este la dejara por otra, perder la virginidad es la tendencia entre los jóvenes actuales, no estás a la altura si no tienes relaciones con varias chicas, eres un perdedor, una monja fuera de onda si no te acuestas con el chico más guapo del barrio, del sector, o de tu colegio, y si lo haces, eres una simple regalada, Dylan lo sabe, muy bien que lo sabe, mira la hora en su móvil, Nico ha tardado, no quiere llamarlo, se levanta de la banca ya se cansó de esperar y va rumbo hacia el auto, camina despacio para darle tiempo a Nico si tal vez aparezca, saca otro cigarro de su paquete lo enciende, mira hacia adelante, hacia los lados, nada de Nico.
-Déjame hacerte saber que no hay casualidades en la vida, ni de ella, solo hay momentos inoportunos, instantes agradables, que no lo habíamos esperado, llegan justo a tiempo, pero son detalles cortos, no duran mucho si no lo sabes aprovechar, cuando el amor insiste la oportunidad aparece, y si la oportunidad aparece el amor gana.
-¡Oye tú! chico malo- Una voz dulce detrás de Dylan
-¡Vaya!- dice Dylan sin voltear- Si me estáis persiguiendo, tenéis por seguro que te denunciare
-Pensé que arreglabas todo a golpes
-No todo- Dylan tira el cigarro tratando de que la persona no se diera cuenta- Hola princesa
-No me digas así- Le responde - si no quieres ser hombre muerto
-Pensé que me odiabas
-Baje a comprar unas cosas, te vi, no nos hemos presentado como debe ser, un placer, Raquel Álvarez