—¿Qué haces aquí? — le pregunté sorprendida de verla en mi nueva habitación. — ¿Acaso Dylan te pidió que vinieras a buscarme?
—¿Dylan? — dijo ella en tono sorprendido también. — No sabía que te referías a tu jefe de esa forma, quiero decir, nadie más en esta casa lo hace.
—Fue sin querer. — le contesté con rapidez.
—Debes pensar mejor antes de hablar. — me sugirió mientras se levantaba de la cama. — No querrás perder este maravilloso trabajo poe un malentendido, ¿verdad?
—Claro que no. — le dije. — No volverá a ocurrir.
—En fin. — continuó ella. — Solo vine a conversar contigo porque, en cierta forma, me gustaría ayudarte.
—¿Ayudarme? — le pregunté, ya que no se me ocurría una solo forma en la que una mujer tan banal y superficial pudiese ayudarme a mi.
—Muchas han pasado ya por esta habitación. — me dijo. — Muchas han llegado aquí con el mismo, o mayor entusiasmo que tu; y, sinembargo, ninguna ha durado en el puesto más de una semana. ¿Sabes por qué?
Yo moví mi cabeza como signo de que no sabía.
—Porque todas llegan como empleadas, y luego intentan algo más. — finalmente me dijo. — Ser la novia de Dylan, no es nada fácil, pero créeme cuando te digo que ninguna de ustedes pobretonas podrá quitarme lo que es mío, y lo que con tanto esfuerzo he logrado conseguir.
Yo estaba flipando. Se refería a su relación como si hablase de un empleo, o un sacrificio. En ese momento intenté convencerme de que yo no lograba entender porque jamás había estado en una relación a largo plazo, pero, con el tiempo fui capaz de comprobar, que lo que ella sentía, era muchas cosas, pero no amor.
—No te preocupes. — le dije. — No tengo ni el más mínimo interés en el señor Davis. Solo acepté este empleo porque realmente necesito en dinero, de lo contrario, nunca hubiese aceptado ser la asistente personal de una persona como él.
—Así es mejor. — me respondió ella mientras colocaba su mano derecha sobre mi hombro, y me daba una palmadita, como si esta acción representase su aprobación.
Después de este incómodo momento, se retiró, dejándome completamente sola allí. Yo subí mi maleta a la cama, y la abrí para desempacar, pero, noté que la ventana tenía un pequeño balcón y decidí tomarme una pausa después de no haber hecho nada.
La abrí, y apoyé mis codos en la baranda, mientras observaba el inmenso campo de golf, que se extendía y se extendía, como si no tuviese final.
Pude verlo desde lejos, a Dylan, o como su estúpida novia me había pedido llamarlo, el señor Davis.
Era verdaderamente apuesto. Alto, con un cuerpo perfectamente trabajado, y unos ojos que, con solo verlos por un segundo, te dejaban sin aliento.
Su cabello era de color castaño oscuro, y muy sedoso, puedo decir, que ver al viento juguetear con él, era todo un espectáculo.
Era tan varonil y atractivo, que ni siquiera los feos shorts que usaba para jugar golf, le quitaban una pizca de clase. Seguía luciendo tan espectacular, que cuando llevaba un fino traje de seda, como lo hacía el día que lo conocí.
Pude ver que desde lejos me hizo una seña, yo, me puse nerviosa, y me escondí en la habitación.
—¡Que estupida soy! — me dije a mí misma. — Es mi jefe, debe necesitarme para algo.
Yo me volví loca en ese momento. Caminé frente al espejo del cuarto, me paré justo frente a él, me miré, y después de observar mis reflejo por varios segundos, me abofeteé con fuerza.
—¡Sea lo que sea tengas en mente, detenlo! — le dije a mi corazón. —
Tan solo unos segundos después, sentí el teléfono que me había dado en la mañana sonar, y lo levanté casi cuando estaba a punto de colgar.
—¿Por qué te escondes de mi? — me preguntó.
—Es solo que recordé que debía desempacar, eso es todo. — le dije, sintiéndome aun más estúpida por haber dicho algo así.
—Puedes desempacar después. — me dijo. — Ven aquí, te necesito urgentemente.
Tras colgar el teléfono, caminé hasta el espejo que había en mi habitación, me miré por varios segundos, y luego, me abofeteé con todas mis fuerzas.
—¡Es tu jefe! — le dije a mi corazón. — No vine aquí buscando amor, y mucho menos para romper una relación. Espero que no lo olvides, no puedes olvidarlo.
Después de estas palabras, me dirigí hacia la puerta y caminé, lo mas despacio que pude, hasta el centro del campo, donde se encontraba él.
—¿Qué necesitas que haga? — le pregunté.
—¿Puedes ayudarme a mejorar mi swing? — me preguntó mientras golpeaba con destreza la bola.
—No lo creo. — le respondí desconcertada ante su petición.
—Mmm, ya que no puedes ayudarme con eso, entonces tendrás que hacer algo más para ganarte tu sueldo. — me dijo con cierta picardía.
En ese momento, confirmé lo que ya imaginaba, Dylan Davis era un hombre al que le gustaba jugar, y sentirse más listo que los demás a su alrededor.
—Supongo que tendré que aprender a jugar golf. — le dije, para que no pensara que era el único con sentido del humor.
Dylan rio al escuchar mi respuesta, y, unos segundos después me dijo:
—Necesito que te hagas amiga de Tiffany.
—¿Para qué? — le pregunté.
—Sospecho que trama algo, y necesito que tú descubras el qué. — me dijo mientras lanzaba otra bola.