Capítulo — El lugar donde todavía duele Cuando Erika abrió los ojos, no supo en qué parte del mundo estaba. Lo primero que sintió fue frío en los brazos, una rigidez extraña en las manos y un latido lento, pesado, que parecía no ser solo suyo. El techo blanco se le antojó lejano, como si lo mirara desde el fondo de un pozo, y durante unos segundos creyó que todavía estaba soñando, como si su conciencia no hubiera terminado de volver del todo, como si su alma todavía estuviera flotando a medio camino entre la memoria y la vida. Después vinieron los sonidos, un pitido suave. Una respiración ajena. El murmullo bajo de voces que no lograba distinguir, atrapado en una especie de espuma donde todo llegaba deformado, distante, como si hubiera una pared invisible entre ella y el mundo. Y ent

