CAPÍTULO — El encuentro que no debía ser así Thomás salió de la casa de su madre con la cabeza ardiéndole y el pecho tomado por una furia que no sabía de dónde venía, pero que sentía legítima, casi necesaria, como si alguien hubiera despertado algo antiguo y oscuro dentro suyo. El aire de la tarde le golpeó el rostro con una violencia salada, densa, y por un segundo tuvo que detenerse en la vereda, apoyando una mano contra el capó del Jeep, respirando hondo, intentando que el mundo dejara de girar. No pensaba con claridad. Las palabras de su madre seguían rebotando dentro de su cabeza como fragmentos de vidrio: imágenes sin fechas, fotos sin contexto, verdades dichas a medias que su mente herida aceptaba como reales. Sentía que le habían robado algo, aunque no sabía bien qué. Sentía que

