Valeria se miró en el espejo y apenas se reconoció. El vestido rojo que Sofía había elegido le quedaba como una segunda piel, acentuando cada curva. El maquillaje era dramático pero elegante, y su cabello caía en ondas perfectas sobre sus hombros desnudos. —Estás impresionante —dijo Sofía desde la puerta, luciendo espectacular en un vestido azul cobalto—. Vas a callarte todas las bocas esta noche. —O voy a hacer que hablen más. —Eso también funciona. Habían pasado dos días desde el mensaje amenazante. Dos días de seguridad aumentada, de mirar sobre el hombro constantemente, de dormir poco. Alexander había insistido en cancelar la asistencia a la gala, pero Dimitri los había convencido de lo contrario. —Si se esconden, Volkov gana —había dicho—. Necesitan mostrar fuerza, unidad. Y un e

