—Está bien —respondí despacio—. El niño no vivirá. Alekdrad me sostuvo la mirada, asegurándose de que no dudara, de que entendiera lo que implicaba. Entonces añadió, en un tono casi clínico: —Si dejas una sola raíz, crece otro monstruo. Ya lo hemos visto los cabos sueltos estorban Gael Valdemarra es el ejemplo perfecto. Asentí, la mandíbula apretada. —¿Le pedirás apoyo a Stravos o Takumi ?—dije, intentando buscar refuerzos, cobertura, músculo. Alek negó, rotundo. —No, cuando se meten ellos… —su voz se volvió grave, casi un susurro— hay demasiada sangre y mi intención no es abrir una guerra total. La Cosa Nostra tiene tanto poder como la antigua Bratva, Mateo. No son unos cualquiera. Si les declaramos guerra frontal, te aplastan y podemos responder, pero tengo dos niñas pequeñas y un

