Aquella mujer trabajó hasta el cansancio y pronto las ampollas en sus manos reventaron. A pesar de esto, siguió limpiando con afán los pisos de aquella empresa que quedaron más relucientes que nunca. —Demonios, en serio que te has tomado tu trabajo en serio —Saskia tomó las manos de Isabella —vaya, se nota que estas manos no sabían lo que era trabajar duro. Supongo que eres una afanadora nueva. —De hecho, no soy afanadora —Isabella respondió riendo nerviosamente y con cierto dolor en sus manos —. Estaba ahí para ver si conseguía trabajo como abogada, puesto que he estudiado leyes. —¡¿Qué?! —Saskia llevó sus manos a la cabeza y caminó de un lado al otro —¿Qué he hecho? En serio estoy comenzando a creer que soy especialista en meter las patas. —No es para tanto, de igual manera no puedo

