Isabella se mostró ante él como otra mujer, su melena castaña brillaba y caía con gracia sobre sus hombros, los lentes tan grandes que tenía los había cambiado por unos de contacto que hacían que sus ojos adquirieran un color entre miel y ámbar, sus labios perfectamente maquillados tenían una forma de corazón y el traje que utilizaba la hacía ver elegante y sobria. —Muy bien, ya me encuentro lista —ella movió su cabello hacia un lado —. ¿Nos vamos o tengo que irme en autobús? —¿Qué clase de caballero sería si permitiera que mi adorada nieta se vaya en autobús? —El señor Cassano dio un paso al frente y cerró la boca de Alexander —. Este mentecato te va a llevar al bufete, ahora ya váyanse, que si no el tráfico los va a dejar atrapados. El señor Cassano le dio un empujón a Isabella y ella

