La hacienda

4504 Words

Amelia asintió, comprendiéndome más de lo que esperaba, y luego continuó hablando. —Tienes razón, pero quizás si le confiesas lo que sientes, él te diga la verdad. Tal vez solo te mintió, y aún te ama. Negué con la cabeza, aunque mi corazón se estremeció ante la idea. —No —dije. —No lo haré. Mejor me iré a ocuparme de mis bebés un rato. Amelia me miró con comprensión, sabiendo que en esos momentos necesitaba refugio, algo que solo mis hijos podían darme: consuelo, ternura y una razón para seguir adelante, sin importar lo que Jack decidiera o dijera. Caminé hacia la habitación donde los gemelos dormían, sintiendo cómo la tristeza y la desilusión comenzaban a transformarse en un tipo de fortaleza inusual. Mis bebés estaban allí, pequeños, frágiles, pero llenos de vida, y yo sabía que n

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