9. Un hambre voraz.

1104 Words
9. Un hambre voraz. ¡Me siento como una reina! En estos días he ido de shoping diariamente y me hice con muchas cosas que he soñado tener mientras lavaba los platos para Caramelo, ¡tengo una docena de zapatillas y ropa por doquier! Y al pasar por una pastelería fina he comprado una torta de brownie, toda una delicia. He visto de todo en internet. He visto videos porno de toda clase, y la verdad es que me han calentado. Hay cientos de sitio dónde una puede ver de lo que le plazca. Todo estaba bien hasta que el dinero se terminó. Nunca tuve tanto en las manos y eso me ha echo sentir una necesidad urgente por gastar, y ahora, maldición, estoy casi en la calle, buscando un negocio para entrar y robar como ha echo Cordero y soltar amenazas y ¡zaz! dinero gratis. Si él lo hizo, yo también. Que no cunda el pánico, mi racha de buena suerte no puede haber terminado. ¿O sí? Tengo que mentalizarme; es entrar y amenazar. Nada más. Eso fue lo que hizo Cordero. Si el puede, yo también. Tengo que poder hacerlo, o moriré de hambre y me quedaré en la calle y eso es lo peor que puede pasarme. Estoy frente al negocio de celulares donde compré el mío. He visto que siempre está solo la que atiende y nadie más. Nada más necesito esperar que sea el mejor momento y hasta ahora, no ha dejado de entrar la gente. Como sea, hoy tengo que volver al hotel con dinero, eso si quiero dormir bajo techo. Me aterra quedarme en la calle. Un tipo que anda de paso se detiene frente a mi y se me queda viendo. —¿Te dejaron plantada? ¿Y ahora quién es este? Es un tipo feo, no me agrada. —No, para nada —evito mirarlo, pero este se me acerca un poco más. El negocio se ha vaciado, el momento es ahora, pero mis pies no de mueven, maldita sea, okey, lo admito, me falta valor... —¿Esperas a tu mami, preciosa? —insiste el tipo feo que sigue aquí, estorbando. Mis tripas suenan como nunca. Hasta parece que me he tirado un gas. —¿Eso fue...? —Es mi panza, lo juro, qué vergüenza pero es que tengo hambre. Un hambre voraz. —¿Y no quieres ir conmigo a beber algo? Quiero pero ahora mismo debo robar el local de celulares —No gracias —le respondo, sin ser amable del todo. Ay, por dios, que se marche, el local casi ésta vacío, voy a perder la oportunidad. —Pago bien —insiste y trata de tocarme y yo me aparto de él. ¿Paga bien? En este momento cualquier cosa que me haga ganar dinero me atrae, ¿debería ir con él? —¿Pagas bien? —aunque no imagino lo que espera que haga. —Doscientos por una mamada. He visto como se hace una mamada en los videos pornos de internet, creo que puedo hacerlo, aunque doscientos pesos es una miseria, por esa plata jamás haría tal cosa. —Eso es muy poco —le digo. —¿Cuánto pides? —Mil. Eso es lo que vale una noche en mi hotel. ¡Díos a lo que estoy llegando! La cara del hombre me lo dice todo. —Mil es mucho. Si fueras gringa, tal vez me lo pienso —se marcha, por su facha puedo decir que apenas tenía los doscientos, pero al menos me ha dejado sola. Mierda. Ha vuelto a llenarse el local y quedarme frente ya es medio sospechoso, tengo que moverme, me voy alejando, camuflándome entre la gente, y cuando estoy a tres calles, siento que un coche me sigue. "Carmelo" es lo primero que se me pasa por la cabeza. Camino rápido, casi voy corriendo para perderlo. El coche me sigue, debo cruzar la calle y la luz está rojo por lo que no puedo pasar a menos que quiera morir atropellada. El coche se pone a mi altura. Este es el fin. Hasta aquí he llegado. Escucho cómo abre la ventanilla. —Pst. No quiero mirar. —Solo quiero que conversemos. Sube. Me giro para ver quién es. ¡Ay, Diosito! Es el tipo feo de antes, ¡qué alivio! —No gracias. — Dijiste que te suenan las tripas del hambre, solo quiero darte una mano. ¿No te interesa ganar dinero fácil? —Soy menor de edad. —Eso no importa. —¿Cuánto ganaré? —Mil pavos por hora. Eso es mucha plata. No puedo dejarlo pasar. —No lo escuches —me dice alguien más. Esa voz la reconozco. Veo a mi costado. Es Cordero, apoyado en la pared. ¿De dónde ha salido? Sus ojos brillan como los de un astuto zorro. —¿Te interesa o no? —vuelve a preguntar el tipo. La luz está a punto de cambiar. —No lo escuches —me dice Cordero—. En una semana te tendrá completamente drogada y adicta. Hará que vendas tu cuerpo en barrios de mala muerte y solo para volverte más adicta. Serás su esclava hasta que ya no le sirvas y luego te meterá una bala en la cabeza, para luego enterrar tu cadáver en el desierto, cerca de los restos de la que estuvo antes que tu —me dice, esta vez mirando al suelo—. Tienes una decisión que hacer, desconocida. Vas con ese proxeneta o te quedas conmigo. No tengo ni que pensarlo. —Me quedo contigo. La luz está verde, y el carro se avanza. —Que te chinguen, cabrón —le grita el tipo feo. —Este ya tiene los días contados —musita, Cordero, por lo bajo —. Decidiste bien —me dice luego, mirándome a los ojos. Siento un escalofrío que me recorre el cuerpo. Es una suerte que me lo haya encontrado justo aquí. ¿O será que ha estado observándome? —¿Qué haces aquí? —le pregunto para sacarme las dudas. Hasta este día jamás pensé que volvería a verlo. —Te gastaste todo el dinero en menos de una semana. —¿Cómo? ¿Me estuviste siguiendo todo este tiempo? —Te he seguido de cerca. Tenía que garantizar que no seas una monigote y que fueras a vendernos a la policía. Es lo que sospechaba, pero no puedo quejarme, hasta me alegra volver a verlo. —Estoy aquí para ofrecerte que trabajes para mi. —Acepto. Es mi mejor opción. No tengo ni que pensarlo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD