ISABEL
Llamo a mi padre de nuevo y, cuando por fin contesta, noto que su voz suena inusualmente contenida.
No puedo evitar preocuparme porque mi padre es un hombre muy alegre. ¿Ha pasado algo?
—Isabel —dice en español, con un deje cálido en la voz—. ¿Cómo estás, cariño?
—Lo llevo como puedo, papá... —miento, intentando sonar convincente. Ellos piensan que me dejé el trabajo porque estaba muy afectada por la muerte de mi jefe.
—Sé que no es fácil sobreponerse a la muerte de tu jefe... y menos en unas circunstancias tan desagradables.
—Sí...
—¿Cuándo piensas volver, cariño? Estoy preocupado… Quizás estar con nosotros te ayude a superar este duro golpe.
—No lo sé, papá. Ya sabes que estoy en Hawái intentando desconectar…Todo esto está siendo demasiado para mí.—miento de nuevo.
Todo esto es la coartada que Duke inventó para mi familia y la policía… y seguro que a base de sobornos, como siempre.
Mentirles no me gusta, pero lo hago por su bien.
—Por cierto, me han notificado que la deuda está completamente pagada.
Me quedo inmóvil, sorprendida. Él parece alegrarse con la noticia, pero para mí no es motivo de celebración, sino una señal de alerta.
Pero en mi mente, una idea no me deja en paz: ¿Duke ha pagado la deuda?
Si ha sido él, no me lo ha mencionado. Me resulta raro… quizá debería darle las gracias, aunque solo fuera por educación, aunque solo para no parecer ingrata.
Ahora,tengo que fingir que lo sabía y que he sido yo.
—Sí, padre—respondo, conteniendo el asombro.
Llevamos pagando una deuda desde que la abuela se puso enferma. Hace 15 años, si no me equivoco con los cálculos. A veces no hemos podido pagar y la prórroga añade más ceros al monto total.
—Hija, ¿cómo has conseguido el dinero?
—He hecho un trato con el que va a ser mi nuevo jefe.—lanzo una excusa rápida.
—Pero antes has dicho que no tenías pensado volver a Boston...
—Padre, no es en la fiscalía ni en un bufete de abogados… es una consultoría, y mi trabajo es de asesor. Puedo hacerlo en remoto —improviso una mentira tan rápido que hasta yo misma me sorprendo.
—Hija, no estarás haciéndole favores a tu jefe o algo así—traga saliva, y puedo notar a través del teléfono que está nervioso—un sugar daddy de esos…Sale mucho en televisión.
Se oye a mi abuelo decir una palabrota a través del teléfono.
—Papá, no. Parece que no conoces a tu hija. Dile al abuelo que no se preocupe.
—Lo siento, hija… perdóname. Ya sabes que no es que desconfíe de ti… es solo que últimamente estoy nervioso y todo me parece raro. Pero con la hija tan competente que tengo, no me extraña que hayamos saldado la deuda—me alaba.
—¿Por qué dices que todo te parece raro?
—Por nada…
—Papá…
—No sé, tengo el presentimiento de que nos vigilan—suelta una risa para aliviar el ambiente.
Me quedo helada.
En ese momento, escucho un gemido a través del audífono: es mi abuelo.
Pregunto a mi padre de inmediato:
—¿Qué le pasa al abuelo?—digo con la voz temblorosa.
—Está descansando —responde él con calma.
Insisto, sin poder ignorarlo:
—Pero… escuché que se quejaba.
Hago un esfuerzo titánico por ocultar mis nervios y que no se note el temblor en mi voz.
—¿Ah, si?—dice mi padre
—Cuéntamelo papá. Te lo ruego.
—El otro día casi lo atropella un coche… uno de esos que parecen sacados de una película. Se saltó el semáforo, aunque alcanzó a frenar en el último momento. El abuelo, del susto, terminó cayéndose.
Suelto un grito ahogado.
—Aunque… —continúa mi padre—.Fue extraño.
—¿Qué fue extraño?
Mi padre baja un poco la voz:
—El hombre en vez de disculparse le dijo a tu abuelo que tuviera cuidado la próxima vez.
Siento cómo el estómago se me encoge de golpe. Me apresuro a despedirme de mi familia, incapaz de seguir sosteniendo la farsa.
El Consigliere me está advirtiendo…¿o ha sido Duke? ya no sé qué pensar…
Mis pensamientos se acumulan en mi propia cabeza: ¿Debería llamar al Consigliere? Puedo contarle algo, aunque sea una mentira, quizás los sueños de Enzo…
Me da vergüenza solo pensarlo. Pero… la amenaza es real y no puedo ignorarla, la vida de mi familia está en juego.
Otro pensamiento me atraviesa: ¿y si se lo cuento a Duke? ¿Y si le digo que estoy siendo amenazada… haría algo?
¿Me protegería?
¡Pum!
Un estruendo sacude la casa desde fuera. Corro a la ventana y veo cómo una fila de coches negros se detienen en la entrada de manera desordenada.
De uno de ellos bajan Sebas, Pietro y un par de soldados, moviéndose como si los persiguiera el mismísimo diablo.
Abren la puerta del coche y sacan un cuerpo ensangrentado.
Me quedo helada al reconocerlo: es Duke.
¿Qué le pasa? ¿Está herido? Parece grave.