CAPÍTULO 36: Herido

972 Words
DUKE No consigo apartar de mi mente el instante en que le confesé a Isabel la historia de mi hermano. Me fuí de la cocina porque hablar de él y de mi cuñada me afecta demasiado y no quería desmoronarme delante de ella… ni de nadie, j*der. Cuando llegué a la organización, lo único bueno que tenía en este mundo de podredumbre era mi hermano… y también me lo arrebataron. Descargo toda mi rabia contra el saco de boxeo, golpe tras golpe, hasta que llega la hora de interceptar el camión de la bratva cargado de chicas destinadas a la trata. Salgo con un grupo numeroso de mis hombres, todos armados hasta los dientes. Esta misión es crucial, y la llevamos a cabo solos, sin el apoyo de las demás familias de la mafia italiana. No quiero involucrar a nadie que no sean los míos, en los que más confío. Es un asunto personal. La famiglia nunca ha traficado con personas, mucho menos con niños. Nos mantenemos al margen de los negocios de otras mafias para evitar guerras innecesarias, pero yo no voy a hacer eso. No puedo. No solo se trata de mi venganza contra los rusos, sino de un odio visceral hacia la trata de mujeres… muchas de ellas apenas niñas. Para esos bastardos, cada chica es una mina de oro y si logro interceptarlas, les haré perder mucho dinero y eso me agrada demasiado. Ya lo he hecho antes, un par de veces. Y precisamente por eso sé que esta vez estarán preparados. Justo cuando divisamos el camión en el punto acordado, lo interceptamos con nuestros coches, obligándolo a frenar en seco. Las ruedas chirrían y la función comienza. Apenas abrimos las puertas y saltamos fuera, los todoterrenos rusos irrumpen rugiendo, derrapando alrededor del camión como buitres hambrientos. El estallido de los disparos me sacude los oídos: seco, brutal, hasta convertirse en una sinfonía de guerra que dispara mi corazón. El asfalto chisporrotea con las balas que rebotan, los vidrios estallan y el aire huele a pólvora y metal caliente. Me agacho tras la puerta del coche y disparo en ráfagas cortas. Una bala enemiga me roza el brazo, arrancando un hilo de sangre que se pega a mi camisa. El dolor me enciende. Cambio de cargador, ruedo hacia otra cobertura y apunto. Dos rusos que intentaban avanzar caen como bolos delante de mí. Uno me dispara en el pecho pero llevo un chaleco antibalas, solo siento el fuerte impacto. En medio de todo el caos, lo veo. De todas las cosas que podían suceder esta noche, jamás habría imaginado que el mismísimo Dimitri Pavlov se presentara en esta fiesta. No sería un buen anfitrión si no fuera a saludar, ¿verdad? Su presencia puede significar algo bueno… o un desastre absoluto. Pavlov es un hueso duro de roer, y todos lo saben. Permanece dentro de su coche blindado un poco alejado de los demás, sin mover un músculo, contemplando la masacre como si asistiera a una obra de teatro. Sabe que quedarse dentro es lo más sensato, porque esta vez yo no vine a ciegas: traje a un francotirador, y en cuanto asome la cabeza, lo va a reventar. Espero que lo haga. Aun así, algo no cuadra. Los rusos no están tan preparados como esperaba. La cantidad de hombres es menor a la que suponía. Sebas y Pietro mantienen la presión. Pronto llegarán a las chicas y las pondrán a salvo. Vuelvo a mi coche y agarro mi Colt, sintiendo el peso frío en la mano preparado para asaltar el coche de Dimitri. Sin pensarlo, me lanzo directo al vehículo blindado. Varias balas atraviesan el aire a mi alrededor, sin darme, hasta que una finalmente impacta en mi hombro. El impacto me sacude el hombro como un martillazo ardiente, pero eso no es suficiente para detenerme, me giro y con un movimiento rápido derribo al hombre que me ha disparado. Creo que me ha alcanzado un vaso sanguíneo importante en el hombro, porque la sangre no deja de brotar. Eso es malo: podría perder el conocimiento por la hemorragia. Intento avanzar pero una bala me da en la pierna y retrocedo. Uno de mis soldados se encarga de ese hombre y de los demás que intentan sacar provecho de la situación, aunque he matado a la mayoría. Me quedo quieto, porque el dolor es insoportable y me arrodillo un poco para coger aire e intentar seguir, aunque la pierna no me deja. Me quedo inmóvil; el dolor es insoportable. Escucho el sonido de una ventana bajarse y levanto la vista. La cara de Dimitri aparece, observando a su alrededor. En la calle, varios de sus hombres yacen muertos. Preparo mi pistola y apunto. No creo poder darle si no sale. —Menuda has montado, Duke… —dice con acento, con una calma que hiela. —¡Sal! —grito, desesperado. —¿Crees que soy tonto? —chasquea la lengua—. Si salgo, moriré. Sé que tienes a uno de los mejores francotiradores de Boston en tus filas. Me observa el hombro y luego la pierna, y sonríe. Sabe que la herida en el hombro no es cualquier cosa. Mi cuerpo empieza a ceder, drenado por el dolor y la sangre perdida, pero me niego a mostrar debilidad frente a él. —Creía que empezábamos a entendernos… —hace una pausa larga, pensativo—. Se ve que la famiglia no está tan unida como creía… Quiero preguntarle qué quiere decir, pero en ese instante sube la ventanilla y el coche se aleja. Me desplomo sobre el asfalto, derrotado. ---- Familias de la Mafía Italiana de Boston (3 casas más importantes): --Bellini (Ejecutor y su padre Paolo) --Los Rossi (Consigliere Lucciano y Carolina) --Moretti (El Don y su hija Grabriela) Familias de New York: --Carello: Miguel.
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