CAPÍTULO 46: Castigo

1112 Words
ISABEL —Repítelo…—dice con un gruñido. —Tú no estas…—me aprieta el cuello un poco más y me mira desde arriba. —¿Te atreves a responderme? Esta vez me quedo callada por el tono oscuro de su voz y mi cuerpo se debilita en sus brazos. —Que te quede claro una cosa. —Su mano se cierra con firmeza sobre uno de mis pechos, y la presión despierta un calor que me recorre toda la piel, un contacto que hiere y seduce a la vez—. Eres mía. Nadie, absolutamente nadie, va a tocarte. —No soy… Esa misma mano me pellizca el pezón y desciende con lentitud, rozando mi abdomen hasta mi monte de Venus, donde unos ligeros toques hacen que un calor abrasador se concentre en mi vientre bajo. —Si te pones rebelde…ni siquiera voy a permitir que te toques a ti misma… —¿Quién te crees que eres para… —¡No me contestes!—espeta, cortando lo que iba a decir y de repente, de un solo tirón, me baja el pantalón hasta los muslos. Mi trasero queda expuesto al aire y me da un azote brutal con la mano abierta que me abrasa la piel. Trato de liberarme pero es inútil. ¡ZAS! Un segundo azote me deja sin aliento y se me escapa un jadeo ahogado. Abro los ojos, sorprendida, y pese a no poder ver su cara, tengo la sensación de que esboza una sonrisa. —Eres un… ¡ZAS! —¿Cuántas veces tengo que azotarte para que aprendas a portarte bien? ¡ZAS! Cada golpe me deja jadeante, y la sensación de ardor en mi piel se entrelaza con un deseo que me domina por completo. Aprieto los labios, decidida a no soltar palabra. —Así me gusta —murmura él contra mi oído—. Calladita y obediente. Otro azote resuena en la cocina y me estremezco entera, restregandome contra su p*lla como una gata en celo. —Este culo está hecho para ser castigado, j*der…cómo rebota… Suelto un gemido de puro placer al escuchar sus palabras. Nadie me ha dicho nunca que le gusta mi trasero o no de esa manera tan s****l. Me aprieta uno de los cachetes tan fuerte que me arranca un pequeño quejido. Mi c*no está húmedo y arde por su toque. Intento alcanzarlo para masajearlo de manera desesperada pero Duke me agarra la muñeca y dice: —Si se te ocurra… —Ah… No soy capaz de decir nada coherente, ni de enfadarme, ni de respirar, ni de nada. —Dime, ¿Quieres sentirte bien? —Si… —No te he oído bien. Dímelo adecuadamente. —Si, quiero sentirme bien. —¿Qué más? —Por favor, Duke. Llevo mi mano libre hacia su bragueta y un siseo escapa de su garganta. Con un empuje firme de cadera me aprieta aún más contra el fregadero, atrapándome entre su cuerpo y la madera fría, dejándome una advertencia clara: él decide, y yo obedezco. Lleva sus dedos a mis caderas. —Abre las piernas —ordena con voz grave. Obedezco sin rechistar, sintiendo cómo un calor líquido me recorre por las venas. Cuando termino de colocarme como él desea, una mano alcanza mi centro —desde atrás—y frota muy ligeramente mi clítoris como si fuera un juguete y él su dueño. —Putita, esta vez dirás mi nombre mientras te corres o me apartaré y te dejaré con las ganas. Tantea con los dedos mi entrada provocando un sonido obsceno y se ríe ligeramente: —Estás tan mojada que ni hace falta que lubrique mis dedos... Sigue tanteando mi centro y estira mis pliegues lentamente como si le pertenecieran. Un sonido arrogante escapa de sus labios, y yo me contengo, consciente de que cualquier queja le daría derecho a vengarse. Me hace soltar un gemido mientras hunde sus dedos en mi centro sin contemplaciones. Los curva dentro de mí, moviéndolos con firmeza y control, embistiendome ritmicamente. Sus movimientos repetitivos y certeros hacen que me derrita entre sus brazos y no tardo mucho en sentir que el orgasmo llega. Mi respiración se vuelve entrecortada y los dedos de los pies se curvan en un intento de contener lo que viene, pero no lo logro. —Tu c*ñito está muy caliente…y es estrechito…Seguro que hace mucho que no te lo f*llan. Su cadera se pega con más fuerza contra mi trasero, su entrepierna —cubierta por la tela del pantalón—me embiste desde atrás en un ritmo que me arranca jadeos descontrolados. Mi cuerpo entero se estremece al sentir cómo su pulgar encuentra mi clítoris y lo acaricia con movimientos circulares y precisos, a la vez que me penetra con el índice y corazón. Me aferro al borde del fregadero, incapaz de sostenerme de otra manera, mientras mi espalda se arquea buscando más de él. Cada roce me incendia, cada embestida de su cuerpo se sincroniza con la de sus dedos y me arranca un gemido ahogado que se mezcla con su respiración caliente en mi oído. ¿Se está imaginando que me está f*llando?. —Duke… Duke… —murmuro con un hilo de voz, perdida en el torbellino de sensaciones que me arrastran sin remedio. El placer me golpea en oleadas, imparable, y el orgasmo me sacude con tanta fuerza que siento que las piernas van a ceder bajo su peso. Pero él no me suelta, hasta que terminan las últimas oleadas de placer. Me subo el pantalón con rapidez, un rubor me tiñe las mejillas y bajo la mirada avergonzada. Pero pronto me arrepiento y, girándome por completo hacia él, lo enfrento con la vista. Con toda la dignidad que consigo reunir, digo: —Ha estado bien… —¿Solo bien?—arquea una ceja preguntándome en silencio—. Solo yo puedo hacerte sentir de esta manera. ¿Me equivoco? En lugar de responderle, mis ojos bajan un instante hacia su entrepierna, regresando luego a su rostro. —Eso tiene que doler… —susurro, acercando mi mano a su p*lla, deseosa de provocarle placer. Por un instante duda, luego se aparta de mi alcance. —Ya tienes lo que querías. Ni se te ocurra buscarlo en otra parte o rodarán cabezas. —Eres un arrogante…y un… Se enciende un cigarro y mientras se traga el humo me dice: —Descansa nena. Hoy dormirás como un bebé. Cuando se despide burlándose de mí, al principio me irrita pero después mi mente divaga por los recuerdos de los que acabamos de hacer y me rio secamente, porque no recuerdo haberme sentido nunca así y él tiene razón.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD