-Todo está saliendo bien, no he visto ningún evento extra protocolar madre- apunta Sila, irónico.
- ¿Por qué debería haber algo fuera del protocolo? - pregunta su hermano.
-No es nada Milán, tu hermano está exagerando- Elvira interviene distraída.
- ¡Madre! - la voz de Sila, hace que su madre lo lleve a parte.
-No puedes hablar delante de tu hermano, él, es abanderado de Adora- dice en voz baja.
- ¿Piensas que yo no? - Elvira desencaja el rostro brevemente.
-Tu eres diferente Sila, eres aguerrido, ambicioso, implacable- su hijo la observa sin expresión.
-Eso que importa, soy el Duque de Piro, estoy posicionado entre los nobles, falta poco para que forme parte del consejo.
-Imposible que te conformes con eso, puedes llegar a más.
-No lo dudo madre, pero, quiero conquistar mis logros, sin que me los regalen y por si acaso, no me interesa casarme con Adara, la veo como a mi hermanita.
-Eso se puede solucionar si la ves sin ropa- La cara del joven se desfigura de repulsión.
- ¡Mamá! ¿Te has vuelto loca? - reclama con vigor.
- ¿Qué dije? – Refleja sorpresa- Tu hermanita es una mujer muy hermosa. Debo reconocer que tiene buena genética. – Admite con desdén- Es joven, soltera y reina. - Se abanica con elegancia- Si obviamos su mal carácter y el desgano al vestir es una buena candidata como esposa. Piénsalo.
Cuando la desposada del rey Trhoas llegó al reino le acompañaban sus tres hijos. Un jovenzuelo de quince años y los gemelos de doce años Milán y Aquila, disimiles en su aspecto ya que uno es trigueño y el otro moreno, una mezcla extraña de los genes de su madre y su segundo marido. Los chicos, mayores que la princesita se convirtieron en escuderos de tan encantadora niña que en ese momento tenía diez años. Los cuatro hicieron sinergia. Adara los amó desde el primer día. Desarrollaron verdaderos lazos filiales.
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- ¿Máximo? - llama la atención del consejero- Dijiste que habría sorpresas en la coronación. –ve el reloj- Ya pasó la ceremonia y no he visto nada emocionante.
-En cualquier momento puede aparecer el rey Farid con su comitiva militar. Firmamos los documentos que le confieren derechos sobre el reino. - Elvira pone cara de preocupación.
- ¿Está a salvo nuestro patrimonio? - Cuenta con varios palacetes y villas, además de campos de cultivo.
-Claro que si Duquesa, solo se apoderaran del palacio y algunas minas. - La dama sonríe complacida.
-Eso será una enorme humillación, la reina va a colapsar del impacto- comenta sarcástica.
-En ese momento un grupo comenzara a exigir que entregue la corona. Está todo arreglado. Va a lamentar heredar la corona. - Expresa frustrado.
-Grandioso, es lo que quiero, Sila surgirá como el salvador del momento, es ahora o nunca.
En sus planes que su hijo asuma la corona es lo más lógico y natural. Diez años al lado del rey, bajo la tutela de Throas y los mejores generales de tropas lo han convertido en un audaz combatiente además de un gran administrador. – Es innegable, Sila es mejor opción que Adara.
***
Pueblo de Neria, hoy una de tus hijas asciende para dirigirte. Hacer de ti una nación prospera, independiente y culta es mi mayor ilusión. Juntos debemos trabajar para dinamizar la economía, llevar nuestras minas a potenciar su producción y lograr que cada vez más personas se capaciten en los oficios que por siglos han hecho de este país la envidia de sus vecinos.
- ¿Por qué están aquí esas personas? - un murmullo discreto se observa entre los nobles.
-General hágase cargo, no permita ningún alboroto- Herrán da órdenes a sus generales. Como encargado del consejo, los oficiales deben obedecer si el rey o reina no está disponible. Es su deber garantizar que el acto concluya sin eventualidades.
Las miradas nerviosas del Duque de Lemos y el Conde William se dirigen a Máximo que disimula no darse cuenta de lo que ocurre.
Elvira y sus hijos observan desde el lado opuesto al pódium. No deben ponerse de pie en ese momento, es imposible que rompan el protocolo. Por su parte, Milán sigue los movimientos de los recién llegados. Sin hablar forman un pasillo que posibilita la entrada de un hombre muy alto, tanto o más que sus guardias. Vestido con atuendos que no dejan dudas de su linaje, porta una espada a la cintura. La cabellera rubia esparcida en la espalda, se mueve con cada firme movimiento del hombre. Por el rostro perfilado en acero se nota que viene a algo que no es precisamente felicitar a la reina. Esto le preocupa al hermanastro de la reina.
- ¿Qué está pasando mamá? - desde su posición, Sila trata de saber que pasa.
-Por fin algo interesante en este evento. - responde su progenitora.
- ¿Quién es ese hombre? - insiste. Le parece conocido, mas no lo reconoce de lejos.
-No lo sé, pero podría ser tu próximo padre- hace un mohín por el comentario de Elvira.
-Mamá, compórtate. - mira cejudo a uno de sus guardias. Con una señal le indica que investigue.
En medio del discurso. Los hombres uniformados se abren paso entre la multitud. Imponiendo su fuerza despejaron la masa creando un pasillo con limites humanos.
Guardias de gran altura hicieron una barrera humana a ambos lados de la gente.
Hicieron la entrada por un lateral del pódium desde donde la nueva reina emite el discurso.
Las palabras emotivas de Adara, dirigidas al pueblo que ha aplaudido y vitoreado su ascenso, llaman la atención de los presentes. Admirados por la elocuencia de la joven permanecen cautivos e interesados en el contenido del discurso. Ignoran lo que se avecina.
Haciendo una pausa, las palabras del rey Farid de Nerea se escuchan en un radio de cien metros. Contundentes, autoritarias, resonaron en los oídos de toda la corte y de la crema y nata de Neria.
La interrupción abrupta, las consiguientes palabras desencadenaron musmullos, gritos histéricos y ecos de sorpresa entre los asistentes.
La discusión que se produjo entre ambos monarcas tiene a los cortesanos, nobles y consejeros pasmados. Les preocupa que la ver a la redonda las salidas están bloqueadas.
Los guardias que acompañan al rey duplican en cantidad y fuerza a los iguales nerios.
-Eres una reina que no tiene reino- dice burlesco.
-Y tú eres un bucanero que no conoce las leyes monárquicas, - despide veneno en sus palabras- Te presentas aquí reclamando algo que no te pertenece, que no te has ganado y que no obtendrás ni por las buenas ni por las malas. Retráctate de tus intenciones o atente a las consecuencias- La enfurece la arrogancia del hombre que le exige reverencia. La trata con rechazo.
-¡Jah! – mira a los caballeros frente a él con soberbia- ¿No hay en este lugar otra persona con quien hablar? – la altivez se siente en su voz- No he venido a jugar muñecas- eso enoja a la reina.
-Su majestad- interviene el consejero Herrán, reverenciando al recién llegado – La reina Adara es nuestro monarca, acaba de ser coronada. - Admite como si pidiera disculpas, eso molesta todavía más a la reina.
-Este reino le debe al mío una gran cantidad de dinero- su expresión presuntuosa es desagradable- Han tenido plazos para saldar la deuda – señala a la redonda- ¿No les da vergüenza ¿Acaso creen que pueden jugar con una nación de esa manera? ¿Es que no tienen un rey capaz? - Sabe lo ocurrido con el difunto rey Throas mas es mayor su interés de socavar el orgullo de la mujer frente a él.
-¡Cállate y ten mucho cuidado con lo que dices!- Mira a Adara de forma irrespetuosa
-¿O qué?- la provoca
-O te las veras conmigo- con su estatura casi igual a la del hombre se escuchó amenazante.
-Reina Adara, déjeme hablar con el rey- insiste el consejero.
-No intervengas Herran, esto es entre reyes- Todos guardaron silencio.
-¡Jajajajajaja! se nota la debilidad de este reino, los caprichos de su…- vuelve a mirarla con bichorno- Los ha hecho perder la gran oportunidad para negociar cuando les di la oportunidad – Habla recordando las palabras escritas en el mensaje que le entregó su secretario- Ahora, se entregan o luchan- el murmullo se intensifica.
Los responsables de la situación no hacen más que verse inmóviles. Nadie se atreve a emitir una orden y menos a intervenir en la discusión.
-Lucharemos- le da una mirada asesina a Farid, que ríe en su cara- ¡General! - el oficial se acerca con una de las espadas que acaba de recibir como regalía de su investidura. Cinco en total. Todas están desenvainadas en una mesa a la derecha.
- ¿Qué está haciendo esta muchacha?
-Ella sabe lo que hace, madre
-No se atrevan a moverse, que resuelva su imprudencia como pueda.
-No lo dudes, sabe lo que hace.
-Eres un fanático de esa muchacha, Milán.
- ¿Esperas que te ocurra lo mismo que a tu padre? - esas palabras fueron suficientes para hacer que Adara toma al azar una espada, la de la justicia. Con ella en mano hizo un movimiento inesperado hiriendo el brazo derecho de Farid. Una conmoción se escucha entre los presentes
-Su majestad- grita Calixto
Farid, desenvaina colérico su espada dispuesto a herir de igual manera a su agresora, que, frente a todos, tira de la amplia falda de su vestido, quedando con una pieza de pantalón que trae el mismo diseño de la falda, confeccionados especialmente a juego. Este atuendo fue una sorpresa que sorprendiendo más a su contrincante quien distraído por el último movimiento de la reina no se preparó para lo que ocurrió a continuación.
Con movimientos agiles y graciosos, Adara interpuso una pierna, el rey imito su movimiento e impulsada por el movimiento de Farid y aprovechando la fuerza de este lo tiró al piso. Un giro le llevo a tomar la espada de la clemencia, desprovista de filo y elegida a propósito por la reina. Con ella sometió al enemigo.
-Pasó la lucha, tú y tus…- hizo el mismo gesto de desagrado que él anteriormente- … soldados de juguete, pasaran la noche en prisión, mañana hablaremos. - con el tacón en su pecho le impedía cualquier movimiento o se clavara en su tórax.
Con una señal y sin soltar al oponente le indico a los soldados de Farid, que se sometieran. El silencio tenso del lugar fue roto por el movimiento de cabeza del rey abatido cuya sangre cae al suelo del salón.