Cuando el sol comenzó a descender decidimos que debíamos volver. Jay me ayudó a bajar del caballo para llevarlo a los establos mientras que yo lo esperé. No tardó demasiado en tomarme la mano y comenzamos a caminar hacia adentro. —Sobre lo de mi embarazo, estaba pensando en que debemos contárselo... —A nadie —dijo él ocasionando que me girara a verlo con el ceño fruncido—. Es muy peligroso que se enteren sobre tu embarazo ahora, no me fío de nadie, será mejor que lo mantengamos entre tú y yo por los momentos. Me dijo antes de besar mi mano con delicadeza haciéndome entender. Él tenía razón. Así que asentí a modo de respuesta. —Pregunta ¿Por qué estamos rodeado de hombres en esta casa si no son de tu confianza? Podrían darle la ubicación a Ian. —Realmente estos no son mis hombres,

