Capítulo 2

1907 Words
-California de nuevo, eh. – Me digo a mí mismo mientras salgo de aeropuerto de Los Ángeles y me sumerjo en el sofocante calor de la ciudad que más llegué a odiar. Si no fuera porque el canciller Mars me visitó en persona para hablarme de su interés en que lo sustituya en un par de años, ni en un millón de años habría considerado el volver a este lugar. No sabiendo que ella sigue aquí. Ella y todo el dolor que me causó. Sacudo la cabeza y trato de alejarla de mi mente. No puedo ni debo permitirme el que vuelva a tomar el control de mis acciones. Tomo un taxi y rápidamente soy conducido hacia el complejo más exclusivo de Beverly Hills. Si querían tenerme aquí el resto de mi vida y alejarme de los tribunales, no les iba a salir nada barato. Miro la mansión y me siento satisfecho al mirar la enorme piscina que tiene en el jardín trasero. Me presento con el portero y, tras una breve charla con todo el personal acerca de no permitir la entrada de desconocidos y, particularmente de mujeres; entro por fin en la fría casa seguido del ama de llaves y tres empleadas. El ama de llaves me indica la distribución de los espacios dentro de la propiedad y agradezco cuando me indica cuál es la habitación principal y descanso un rato. Cuando termina de caer la tarde y me he hartado de nadar, tomo un baño y pido que se prepare la cena. Quiero comer temprano para que mañana todo salga bien con los alumnos. La cena se sirve con puntualidad y Adelaida me demuestra ser una persona eficiente al pedirme revisar la lista de comidas para la semana, así como mis preferencias en cuanto a los productos de limpieza. -Si no hay algo más que revisar, me retiro, señor. - -Sólo una última cosa, Adelaida. - -Dígame, señor. - -Quiero que cambie a las empleadas que le ayudarán a mantener la casa ordenada, por favor. - -Pero señor… ¿Por qué? Todas son buenas empleadas y sus papeles están en regla, yo misma los revisé…- -Adelaida, no quiero ser grosero ni vulgar, pero esas señoritas me dejaron notas con proposiciones sexuales apenas entré a mi habitación. - digo mientras le muestro las tarjetas y supongo que reconoce la letra porque no contesta nada. -Incluso una tuvo la audacia de meterse desnuda en la piscina hace una hora. Puedo perfectamente despedirlas y hacerlas arrestar por acoso s****l, pero creo que no será necesario. Sólo quiero que sean asignadas a una casa que no sea la mía y que se contrate personal que sí sepa bien el trabajo que viene a hacer. - -Está bien, señor. Me disculpo por eso y le aseguro que voy a reportarlo con la empresa. - -No creo que sea necesario, sólo pídales que se vayan sin hacer escándalo y traiga a gente que sí sea competente, por favor. - -Como usted diga, señor. - Dicho eso se retira y yo me dirijo al estudio para trabajar en los casos que no pude cerrar antes de dejar Virginia. Un rato después suena mi celular y entiendo que no puedo aplazarlo más, debo contestarle el teléfono a mi familia. -Hola, Ruby. - - ¿Así es como saludas a tu hermana? Tal parece que es una tortura contestarme las llamadas. - -Mentira no es. - -Eres un grosero de lo peor. - - ¿Cuál es el motivo de tu llamada, Ruby? - digo saliendo del despacho, porque sé que después de esta llamada ya no voy a poder concentrarme en el trabajo. - ¿No puedo llamarte para saber cómo te está yendo? - -Ambos sabemos que no es eso por lo que llamas, así que te lo voy a ahorrar: no la he visto y no planeo hacerlo. No estoy interesado en volver a relacionarme con ella, deja de insistir con eso. - murmuro mientras entro a mi habitación. -No estoy insistiendo con nada. Sólo quería decir que ya pasaron cinco años, quizá sea momento de escucharla y…- -No lo haré. Si alguien debe disculparse y suplicar perdón es ella, no yo. Ahora, si no tienes nada más importante que decirme, voy a colgarte. - Lanzo el teléfono a la cama y hoy el dolor se apodera de mí. Sí ella no me hubiera traicionado hace tantos años, mi vida no sería tan dolorosa como ahora. Si ella hubiera tomado las decisiones correctas… ahora mismo tendríamos... Ahora mismo seríamos... No, no debo pensar en eso, no debo pensar en todo lo que se echó a perder por sus mentiras. Trato de relajarme un poco más antes de llamar a mis padres y a mi hermano Gideon. No puedo por más que lo intento. No puedo sacarme de la mente la imagen de la que en ese momento era mi esposa revolcándose, en mi propia cama, con mi mejor amigo. Como me es imposible serenarme sólo le envío un mensaje a Gideon, indicando que he llegado, que estoy bien, que la casa es hermosa y que estoy listo hoy para mañana patear traseros universitarios. En cuanto amanece me preparo para ir al campus, tomo un desayuno rápido y en el estacionamiento elijo una camioneta que me sorprende, pues no esperaba qué el canciller fuera tan espléndido como para regalarme un Lamborghini y menos una Urus. A medio camino suena mi teléfono y cómo el identificador no reconoce el número tengo miedo de contestarlo, pues sé que probablemente sea ella. La llamada entra al buzón, pero insisten al menos 2 veces más hasta que decido que debo contestar. -Diga. - escupo sin preocuparme por los modales. -Mi amor, ¿es así como me saludas? - su voz me revuelve el estómago y debo respirar profundamente antes de vomitar. -Yo no soy tu amor eso lo sabes bien. - gruño. -Claro Hoy que lo eres. Eres mi esposo y el amor de mi vida…- dice la muy desvergonzada. -No creo que hayas estado pensando en que era tu esposo y el amor de tu vida mientras te revolcabas con mi mejor amigo ¿o sí? - -Eso sólo fue un error y lo sabes. Sabes lo mucho que me hiere que siempre me recuerdes ese momento. Sabes que me dolió tanto que por eso perdí a nuestro bebé. - -En primera ese bebé no era mío y tú lo sabes. En segunda, me sorprende qué no llevo ni 24 horas en este lugar y tú ya tienes mi número. ¿Quién te lo dio? - -Ese bebé sí era tuyo ¿Cómo puedes negar que era el fruto de nuestro amor? - - ¿Era el fruto de nuestro amor? Que conveniente fue que lo perdieras antes de que se hiciera la prueba de ADN ¿no crees? - - ¡No había que hacer ninguna prueba porque ese bebé era tuyo y ningún papel tenía por qué demostrar la verdad! - - ¿Sólo llamaste para eso? ¿Sólo llamaste para decir estupideces? - -No son estupideces. - -Claro que lo son y, si ya terminaste, voy a colgar. - -No te atrevas a colgar ese teléfono. Si lo haces te arrepentirás. - - ¿Ah, sí? ¿Con qué pretendes amenazarme ahora? - -Si no vuelves a mí, voy a suicidarme. - -Si ya tomaste una decisión, yo no tengo por qué hacer de tratar de cambiar de opinión. Es tu vida son tus decisiones y yo no tengo nada que ver contigo. Deja de hacerme perder mi tiempo. - - ¿Perder el tiempo? ¿De verdad dices eso? ¿De verdad crees que tratar de convencerme para que no me suicide es perder el tiempo? ¿Qué pasó con el hombre que amaba? ¿Qué pasó con el hombre qué quería compartir su vida conmigo? - - ¡Ya déjame en paz! El hombre al que amabas, el hombre al que engañaste ya no está, se ha ido. ¿Y sabes por qué? ¿Sabes de quién es la culpa? ¡Es tu culpa! ¡Es tu culpa por ser una mentirosa y una ramera…! - Estoy a punto de gritar algo más cuando siento que impacto con algo y el auto se mueve de tal manera que me indica hoy que al parecer atropellé algo o alguien. Cuelgo y bajo rápidamente para tratar de auxiliar a quien chocó conmigo. Sin embargo. Lo que veo frente a mí, me deja helado. Una chica está frente a mí y, a pesar de que acabo de atropellarla, se ve hermosa. Su cabello cae alrededor de su cara en una lluvia castaña que enmarca una cara de piel hermosa con unas pestañas largas, una nariz respingona que esta fruncida, quizá por el dolor que debió causarle la caída y unos labios grandes y carnosos que, por alguna razón, imagino deben obrar maravillas en la intimidad. -Que deliciosa. - digo sin pensar y por la manera en que me mira, sé que ni siquiera me ha escuchado. Se acerca a mi y me pierdo en su cuerpo: brazos fuertes, piel bronceada y unos senos grandes y bonitos. Lo sé porque su blusa está abierta y puedo verlos dentro del sujetador de gatitos mas excitante que visto en mi vida. No tenía ni idea de lo erótico que podía llegar a ser algo tan inocente. - ¿Cuánto vas a pagar por mí? – digo con toda la intención de molestarla. También la he atrapado mirándome, así que estamos empatados. - ¿Disculpa? – contesta enojada y ver su boca fruncida me excita. Trata de golpearme y eso me estimula aún más. No debería ser así, debería ser un caballero en toda regla y ayudarla porque puede ser alumna de esta escuela, pero no puedo controlar el deseo de molestarla. -Te atravesaste en mi camino, me atropellaste con tu bicicleta. Debes pagarme la abolladura del coche y el espejo. – coqueteo. - ¿Eres idiota o algo parecido? Tú invadiste la ciclo pista y tú me atropellaste, soy yo quien debe exigir la indemnización. – contesta y sé que no ha captado nada, lo que me enfurece y también hiere mi ego. -Sueña con eso, mocosa. Ve a grabar un video o lo que sea que ibas a hacer, pero no me quites el tiempo. – con el cuerpo que tiene, estoy seguro de que es de esas chicas que cobran por subir fotos en una plataforma… quizá por primera vez haga una búsqueda de ese tipo. -Voy a clase, tarado. ¿Grabar un video? Supongo que eres de esa clase de ancianos que se la pasan viendo videos de chicas jóvenes en redes porque no pueden tenerlas y por eso lo dices. - ¿Acaba de llamarme anciano? ¿De verdad? -Ya quisieras, mocosa. No consumo esa clase de porquerías y, aunque lo hiciera, no te daría «me gusta» ni por error. Ahora debo irme, así que si no tienes nada mejor que hacer estaciona mi auto como se debe y deja las llaves en la caseta de vigilancia. – Toda gota de autocontrol me abandona en cuanto me llama anciano y le aviento las llaves… que caen entre sus senos y me imagino con la cara en ese mismo lugar. Debo controlar mi cuerpo, me regaño, al sentir como la ropa se aprieta en mi entrepierna y me marcho, sin dejarla contestarme.
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