Capítulo V

1202 Words
Agnes no me respondió. Tal y como lo imaginé. Se limitó a mirarme furiosa pero eso poco me importó, yo sabía lo que les tenía que decir, incluso si me llamaran una loca religiosa. —Existen 7 sellos de Dios, solo su hijo puede abrirlos y cuando ese momento llegue será el día del juicio final. »Puede que suene a locuras religiosa, pero lo descartarían si hubieran leído las escrituras, el Apocalipsis. El primer sello desatado viene de la mano del engaño religioso. La iglesia miente, oculta cosas de las cuales no quiere que sepamos, la iglesia es la llamada gran Babilonia, la madre de las rameras… Entonces no pude continuar hablando pues de un momento a otro sentí mi mejilla escocer de la gran cachetada que me había dado Agnes dejándome sumamente sorprendida. Una vez que me giré a verla con la mano en mi mejilla capté el odio en sus pupilas, su idolatría, su locura. — ¡¿Cómo se atreve señora, ha perdido la razón?! —exclamó Bethania sin embargo Agnes solo mantenía sus pupilas oscuras sobre mí. — ¡No te permito que hables así de la iglesia! ¡Hereje! ¡Blasfema! —chilló fuera de sí pero yo ni siquiera me moví, mantuve mi mirada fija en ella. Entonces Dante sorprendiéndome habló. —Y yo no voy a permitir que golpeé e insulte a nadie señora Alfaro, sus creencias religiosas son suyas y no deben ser impuestas. No tiene derecho a golpear a nadie solo por el mero hecho de no compartir sus creencias. Vi su actitud. Su porte tenso al defenderme y una vez más me sentí emocionada de tenerlo defendiéndome. De que Dios me hubiera unido a él para que me lograra sacar del supermercado porque de no ser así, no sé qué habría pasado conmigo. Por alguna razón Dios me había unido a él. No hay otra manera. Al ver que nadie habló Dante dejó salir un suspiro antes de volver a abrir sus labios. —Creo que lo mejor será comer algo para que descansemos, no sabemos lo que nos depara el día de mañana y lo mejor será estar preparados. —Te ayudo a hacer la comida —susurré acercándome a él bajó su mirada perturbadoramente intensa ocasionando que olvidara lo que recientemente había sucedido entre Agnes y yo. Aunque a decir está conexión impalpable entre ambos era común. De hecho, sentía que todo el mundo, los problemas y las preocupaciones desaparecían cuando estaba con él. Mi corazón dio un vuelco en cuanto lo vi sonreír en mi dirección. Eso era algo que él nunca hacía, o por lo menos eso me habían dicho y yo lo había notado. —Yo también —afirmó la pelirroja siguiéndonos al espacio de la pequeña cocina. —Yo si quisiera que me contaras eso de los 7 sellos, obviamente sin violencia de por medio, no tengo conocimientos bíblicos como para entender esto del Apocalipsis. Iba a responderle sin embargo —No creo que sea buen tema para hablarlo aquí en estos momentos —dijo Dante colocando sobre la mesa la comida enlatada para después echar una mirada por encima del hombro a Agnes quien parecía particularmente furiosa. Me daba igual como estuviera esa mujer. Yo sabía la verdad y nadie iba a cambiar mis perspectivas. —Sí, será mejor que no hablemos sobre estoy ahora —coincidí y nos pusimos manos a la obras. Mientras nos dedicamos a hacer la comida no podía dejar de pensar en mi madre y en cómo podría contactarme con ella. Mi alma casi me abandonó cuando imaginé si alguna de esas cosas le hubieran hecho daño. — ¿Estás bien? —el susurro íntimo en señal de pregunta por parte de Dante me hizo estremecer y al alzar la mirada pude encontrarme con sus ojos verdes tan bonitos los cuales me detallaban con fijeza. Su cercanía me ponía nerviosa. Así que asentí dando un paso atrás mientras escuché a Bethania que murmuraba un: «Le llevaré esto a ese par» Se llevó la comida alejándose de nosotros y tuve que volver la mirada a él sintiendo la intensidad de la suya quemarme. —Necesito llamar a mi madre, tengo que saber que está bien —susurré afligida—. Sé que nadie tiene teléfono pero me estoy muriendo por hacerlo. Él me miró con fijeza haciéndome estremecer antes de que diera un paso más cerca de mí invadiendo mi espacio personal. No obstante yo no me moví. Solo pude temblar absorta únicamente a su presencia. Ya ni siquiera recordaba de qué estábamos hablando cuando su aliento chocó con el mío acelerando mi corazón. —Tengo un móvil en el bolsillo trasero, solo que no voy a dárselo a ellos. »No confío en Elías ni en Agnes. Tómalo y escóndelo bien. No podemos fiarnos de nadie. No dejes que te lo vean. Temblorosa asentí trastornada no solo por su cercanía tentadora sino también porque yo misma tendría que sacarle el móvil del bolsillo trasero. Lo que no sabía era cómo hacerlo. Entonces como si tuviera vida propia mi mano fue a su espalda como parte del disimulo y dejé deslizar esta por su musculosa longitud como una caricia, todo esto sin apartar mis ojos de los de él los cuales oscurecieron un poco visiblemente. Capté cuando su mandíbula se tensó un poco haciéndolo lucir muchísimo más sexy. Noté que tomó una inhalación y pensé si se sentiría incómodo de que lo tocara así que no perdí más tiempo e introduje mi mano en el bolsillo de su pantalón sintiendo el aparato. —Solo una ramera podría llamar a la iglesia su igual —escuché a Agnes Alfaro y no fue una sorpresa su crítica. Aparté mis ojos de Dante casi con pesar antes de posar mis pupilas en ella y enviar una fulminante mirada. —Ese tipo de comentarios solo los haría alguien como usted —escupí molesta a la vez que me llevaba el móvil hasta mis vaqueros y lo introducía entre estos y mi camisa. — ¿Alguien sensata y religiosa? —soltó con desdén ella. Como siempre creyéndose lo mejor del mundo y sus alrededores. —Alguien vil y perverso, diría yo —afirmé con contundencia. Ella comenzó a protestar pero la ignoré al momento de que Dante susurró en mi oído que usara el móvil en el baño y me señaló su dirección. Le sonreí a pesar de que Agnes seguía con su retaíla. Me di la vuelta y entré en la habitación para después sacar el móvil y mirarlo temblorosa. De forma rápida y nerviosa marqué el número de mi madre, esperando que me contestara. No obstante no fue lo que sucedió. El teléfono repicó varias veces. Nadie contestó. La tensión creció en mí de inmediato y supe que nada estaba bien. Todo se había salido de control. Y nada de lo que conocíamos en la tierra sería igual. Mis ojos se llenaron de lágrimas pero me prometí ser fuerte. No solo por mí. Sino también por Dante. Él no me había salvado en vano. Tengo un propósito y voy a cumplirlo. Solo espero que los que amo puedan estar entre los elegidos de Dios.
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