Capítulo IV

1192 Words
—No tengo ni la menor idea, pero por los momentos es más seguro que estemos aquí a que estemos en la superficie —habló Dante y Elías lo miró con el ceño fruncido. — ¿Qué mierda es está, cómo supiste de ella? —cuestionó él pero Dante lo único que hizo fue encogerse de hombros antes de volver a hablar. —La hizo mi hermano, estaba empeñado en ella desde que tengo memoria. —Eso no es normal, tu jodido hermano raro tiene que saber algo —gruñó Elías con su voz de Dios y señor acercándose de forma amenazadora a Dante, no obstante este último lo miró como si le importara una mierda sus cuestionamientos. —Ya basta, no es momento de peleas, tenemos que enfocarnos en saber qué demonios está pasando y sobre todo en cómo sobrevivir a esto —habló la pelirroja interponiéndose entre ambos. —Aquí hay comida suficiente, Dan, mi hermano, estaba obsesionado con ello como ya dije, solo hay una cama por lo reducido del espacio sin embargo hay varias colchonetas debajo de ella. —Muy bien, tendremos que apañarnosla —asintió la pelirroja una vez más. —Tendremos que limitar la comida y el agua, no sabemos por cuánto tiempo estaremos aquí. — ¿Quién te nombró líder de esto, fenómeno? —gruñó otra vez Elías comenzando a sacarme de mis casillas y en cuanto estuve a punto de mandarlo al infierno la pelirroja lo hizo por mí. — ¡Cierra la boca, imbécil! Esta mierda es de él, ¡No me irrites o lo ayudaré a patearte el trasero si es necesario para sacarte de aquí! —No más violencia chicos, vamos a calmarnos —dijo Agnes quien estaba extrañamente tranquila. —Vamos a sacar las colchonetas —dictó la chica a Dante y mi tensión creció—. Soy Bethania, por cierto. Todo este tiempo yo había permanecido callada pero sus manos se tocaron y mi malestar creció, no iba a permitir ser un estorbo para ellos y tenía que hacer notar mi presencia. —Los ayudo —murmuré llamando la atención de los dos. Las orbes verdosas de él se posaron enseguida en mi piel de forma imperturbable. Dante es difícil de leer, y creo que esa es una de las cosas que me gusta de él. Tratar de descifrarlo. — ¡Manos a la obra! —exclamó Bethania cortando nuestra conexión y de inmediato nos pusimos en ello mientras que Elías y Agnes platican sobre la cama entre susurros. Supe de repente que esto se alargaría y que de una u otra manera terminaría empeorando. Solo esperaba sobrevivir a todo esto. Y lo haría solo si era digna de ello. En cuanto sacamos las colchonetas curiosamente había de sobra nadie preguntó absolutamente nada, nos dedicamos acomodarla sobre el suelo poniendo una frazada sobre cada una entonces pude por fin mirar a mi alrededor. De no ser por la linterna encendida estaríamos sumidos en la terrible oscuridad pero eso era obvio dado que estábamos escondidos bajo tierra. El espacio no era demasiado grande sin embargo era suficiente, como para que los cinco cupieramos y no estuviéramos unos encima de los otros. No había más que una cama individual y ahora obviamente 4 colchonetas en el suelo, aparte de esto había una cocina pequeñita con un par de sillas y gabinetes dónde suponía se encontraba la comida. De hecho una nevera ejecutiva se encontraba también ahí lo que me hace pensar cómo demonios había electricidad aquí. La garganta de pronto me ardió recordándome que no había bebido agua en mucho tiempo, no obstante no me atreví a decir nada pero de forma inevitable llevé mis manos a mi cuello y debí hacer alguna mueca pues en menos de un segundo Dante estuvo cerca de mi intimidándome con su presencia. — ¿Estás bien? —me preguntó por medio de un susurro casi erótico que me hizo apartar la mirada de él y de sus llamativos labios carnosos. No es momento para eso, Adiari. Me reprendi mordiéndome el labio inferior a la vez que dejaba caer mi mano sobre mi regazo. —Sí, solo tengo un poco de sed. Ante venganza de su mirada fue inevitable no voltearme a verlo una vez más. Era como si tuviera un extraño poder sobre mí, como si un imán estuviera atrayéndonos. Lo vi asentir sin decir nada. Se apartó y fue en dirección de la nevera, al abrirla nos dio a todos la visión de lo que se encontraba dentro y solo eran botellas de agua. Dante sacó 4 y la fue dando a cada uno de nosotros hasta llegar a mí tendiéndomela. —Beban, te recuerden que no habrá más hasta mañana y espero que puedan dejar de esta que acabo de darles. »De no ser así, no habrá más mañana. — ¡Hay un montón en la nevera, fenómeno! —exclamó él siempre imbécil Elías no obstante para Dante fue insignificante pues ni siquiera la dedico una mirada. Aún así pude ver como su mandíbula estaba tensa. —No es para derrochar Alfaro, no sabemos cuántos días estemos aquí. —Me importa una mierda, las naciones ya deben enterado de lo que está pasando, esto no durará mucho tiempo. —Déja de ser un estúpido de una vez por todas Elías —gruñí sin poder evitarlo—. Esto no va a cesar de un día para otro. »Hay señales. De hecho habido muchas de ellas solo que las hemos ignorado. Todos me miraron con confusión salvó Dante quien mantenía su acostumbrado rostro impasible. — ¡¿De qué demonios estás hablando pequeña zorra?! —gruñó mí ahora ex jefe y para mi sorpresa. Con una rapidez perturbadora Dante Theodorakis tomó Elías por la solapa de la camisa para empujar su espalda contra la pared golpeándolo con fuerza. Agnes gritó y acercó a ellos exigiéndole a Dante que soltará a su cobarde nieto y a regañadientes lo hizo solo que después de advertirle que jamás volviera a llamarme así e incluso hacer que esté me pidiera una disculpa. Unas inoportunas mariposas revolotean en mi interior por saberme defendida por Dante y quise avergonzarme de mi comportamiento aniñado pero no pude. Volví a la realidad cuando la pelirroja me pidió que le explicará qué quería decir con las señales. —Eso. »Esto no es otra cosa más que el Armagedón, Apocalipsis o fin del mundo, como quieran llamarlo. Las señales están implícitas y ahora lo veo con más fuerza. —Definitivamente estás loca... —iba a decir otra cosa pero al ver la mirada fulminante que le envió Dante, Elías tuvo que cerrar la boca abruptamente. —No me crean pero yo lo sé. »Están siendo desatados los siete sellos. Engaño religioso —comencé enumerar pero Agnes me detuvo enseguida levantándose a la vez que me miraba con gesto solemne. — ¡No puedes asegurar eso jovencita, no puede ser tal cosa! — ¿Lo cuestiona usted que están religiosa, señora Alfaro —espeté molesta ante su hipocresía. Al parecer tendría que empezar desde cero y explicarles todo. Obviamente sin mencionar mi sueño premonitorio.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD