No Dolerá

1611 Words
La transpiración del ejercicio amatorio se estaba secando en los cuerpos y la brisa ya se sentía como si fuera viento. Ni siquiera recordé las cañas, me levanté con ella aún abrazada a mí, la “morcillona” no tomó frio porque ella pasó las piernas por mi cintura y no salí totalmente de su cálido interior, así, manteniéndola desde las nalgas la cintura para que no le causara dolor y tratando de escapar de sus besos para poder caminar, la llevé para adentro de la casa. Mariana se reía y gozaba como una criatura con esto. Pasamos directamente a mi habitación, sabiendo ambos que lo que se venía no era para risas. Me dejé caer sobre la cama y me senté apoyándome en el respaldo, ella entendió que debía continuar con la mamada que había dejado inconclusa y no la dejé continuar, la senté a mi lado y la abracé pasándole un brazo sobre el hombro, por decantación mi mano cayó sobre una de sus tetas y Mariana se volcó sobre mi pecho. Esto le encantó… - ¿Estás bien?, —le pregunté—. - Bien es poco, me hacés sentir como una princesa de cuentos. Me mandé muchas cagadas, pero creo que esto era mi sueño, no me usaste ni me hiciste sentir usada, esperaste por mi placer, ni te cuento de la maravilla dolor—placer que se experimenta cuando entrás en mí. - No es tan así, estarías desacostumbrada. - ¡Nene, qué estás diciendo!, jamás tuve nada tan grande ahí adentro y estoy toda fruncida por lo que se viene, jajaja. No me animo a medírtela porque me van a agarrar todos los miedos juntos. - No hables de miedos, no vaya a ser cosa que aparezcan de nuevo los “fantasmas”, jajaja. - No te rías, no lo podía dominar, pero ahora ya no les pienso dar ni cinco de bola, me envicié con el “aparatito” de mi hermano y, a todo esto… Estiró la mano y me agarró el tronco que reaccionó enseguida a las caricias de esa mano que me pareció encantadora. “La quiero tener adentro de mi culito y no te pares así grite como loca, pero no sé cómo me vas a poner, no quiero que mis dolores arruinen nada”, —me dijo convencida—. Boca abajo duele más y tendría que aguantar mi cuerpo más grande, “patitas al hombro” hubiera sido genial para mirar todas sus expresiones, aunque era difícil que aguantara la posición sin sentir dolores. En “cucharita” también podría sentir presiones en la parte de las costillas, finalmente optamos por poner dos almohadas grandes bajo su vientre y yo actuaría arrodillado desde atrás sin apoyarme en ella. Se colocó y espero por la penetración, pobre ilusa, tomé la crema dilatadora para embadurnar el agujerito del placer estrecho, pero antes de eso, no podía dejar pasar la oportunidad de deleitarme con una chupada a ese culo majestuoso. Mariana no lo esperaba y dio un salto que la hizo quejar por sus dolores cuando apoyé de una mi lengua en su asterisco y se lo llené de saliva. Sus grititos de placer no paraban porque mi boca y lengua recorrían toda la zona, con preferente atención al asterisco que parecía latir y al clítoris y para eso usaba dos de mis dedos que pasaban por debajo de su cuerpo. Sus orgasmos se entrecortaban porque disminuía mis lamidas cuando se tensaba, hasta que no aguantó. Gritó con ganas despegando su boca de las sábanas, “¡Qué te reparió Alejandro, rompeme el culo, me estoy muriendo de placer!” ... Allí fue cuando me tomé el tiempo para la crema y los dedos la llevaron a moverse y a llorisquear y rogar porque quería sentir mi pedazo en sus tripas, no es invento, así lo pedía a los gritos, “meteme el tronco en las tripas, enderezá todo allí, necesito sentirlo”. Hacerla esperar pasaría a ser tortura y yo también necesitaba “hacer esa cola”. El glande se apoyó en su agujerito lubricado y tembló como si tuviera escalofríos, no fue difícil, pero desde que el glande entró comenzó con sus gritos y hasta la mitad no fueron gemidos. “Pará un poco, me duele, me lo estás rompiendo todo, seguí, dame más, eso, eso, ya se acomodó, dejame moverme, ¡ayyy, mierda, no se aguanta!”, —decía mezclando todo, pero trataba de colaborar moviendo las nalgas, aunque muy sutilmente. Quedaba un poco menos de media v***a afuera y con el ataque de sadismo a cuestas, se la enterré sin decir “agua va”, “¡Agggg, no sos mi hermano, sos un puto rompeculos!, Alejandro, esperá un poco no te muevas”, —me pidió en un grito que hizo temblar los vidrios de las ventanas—, sin embargo, era ella quien trataba de levantar sus nalgas para que mi v***a se introdujera más. “No esperes, rompé, esto no se puede creer”, —decía sin abandonar su tono alto. Fueron dos o tres segundos por reloj y mi ritmo de entradas y salidas comenzó a incrementarse con beneplácito de ambos, sí, me expreso bien, de los dos porque yo gozaba enormemente penetrando ese culo fantástico, pero ella no se quedaba atrás. Había apoyado codos y antebrazos sobre las sábanas y movía sus caderas tratando de imprimir su propio ritmo un tanto desacompasado. Me tenté juro que me tenté con ganas de golpear esas nalgas inquietas tratando de calmarla, pero me contuve a tiempo, con ella no era aconsejable utilizar ni una pizca de violencia o algo que se le pareciera. No sé cuánto pasó cuando ella comenzó con sus orgasmos en un in—crescendo delicioso, lo que sí sé y no me quedaban dudas era de que estaba gozando su rotura de culo y yo, ni contarlo. Mis ganas estaban a tope, mi orgasmo descendía por mi columna y parecía aprisionar mis testículos, mi v***a palpitaba enfervorizada y me apreté contra sus nalgas aferrando sus caderas para dejar que sus tripas se inundaran de leche caliente. Tampoco quise ni pude contener mi grito de satisfacción. Los apretones de su esfínter me desquiciaban y ni se esforzaba para ello, era natural, puramente físico y tenía que ver con sus contracciones y temblores que, por otra parte, Mariana no contenía porque se mostraba totalmente entregada y feliz de darse por entera a “su hombre”. Llámenle ego si quieren, yo no la imaginaba entregada así con ningún otro y estaba convencido de que ella así lo sentía. “Sacame las almohadas amor, quiero sentir toda tu piel sobre la mía, yo me aguanto, te juro que no me va a doler”, —pidió como rogando—. Todavía estaba duro en su interior, mi v***a se negaba a retirarse y como pude corrí las almohadas para que se acomodara toda estirada, no me dejé caer encima de su espalda, lo hice lentamente aguantando mi cuerpo con los brazos apoyados porque sabía que era muy pesado para su físico castigado. Las pieles transpiradas se juntaron, pero apenas escuché que emitió un quejido de dolor salí de ella para evitar la presión en sus costillas golpeadas. Gritar gritó igual, aunque no fue por las costillas, el “plop” fue sonoro y el “ayyy” con voz aguda no tardó en manifestarse. “Eso dolió como una penetración, estoy destruida, pero te quiero siempre en mi interior, acercate que quiero chupártela”, —esto lo dijo titubeante—. Mi v***a no estaba en condiciones de entrar en su boca y dije que me iba a lavar, creo que aún no había entrado en el baño cuando la escuché respirar distinto, Mariana se había quedado total y absolutamente dormida, pero su carita de “sonrisa feliz” me hizo sentir más que bien. No fue sólo un lavado a “mis partes”, aproveché para bañarme y cuando salí del bañó terminando de secarme la espalda vi que no se había movido de la posición original. Me acosté a su lado, nos tapé con una sábana y me dormí pensando en que nuestra madre vendría en la mañana, ojalá nos diera tiempo para estar levantados y con la habitación aireada, no porque se pudiera escandalizar sino porque no podría evitar meterse en medio de los dos y temía por mi capacidad. Me desperté con las maniobras de “reanimación” de Mariana, la claridad y el canto de los pájaros, el espectáculo de mi hermana con la v***a en la boca fue maravilloso, pero yo no estaba totalmente erecto y ella estaba apurada por otra cosa. “Buen día mi amor, esta te la debo, quiero bañarme y hacer el desayuno, mamá va a venir de un momento al otro”, —dijo después de dejar de mamar, darme un beso y levantarse desnuda para dirigirse al baño. Ventanas y puertas abiertas en toda la casa, habitación y cama arreglada, un poco de perfume, algunas prendas que nos cubrían y allí no había pasado nada. Nos dio tiempo para desayunar tranquilos y, como a las diez de la mañana escuchamos que la lancha se aproximaba al muelle. La fui a recibir y la ayudé con el bolso y el paquete que traía en las manos, estaba de shorcito y remera y me imaginé la “tortura” que debía haber experimentado el conductor de la lancha—taxi con semejante MILF sentada a su lado.
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