Escapes

1235 Words
Luego de ponernos de acuerdo en algunas cosas me despedí de él y me fui para mi departamento. Lo que el Abogado me había dicho me dejó con el “culo al norte”, había averiguado cosas de mi padre que ignoraba por completo, verdaderamente, aunque no lo demostrara con nosotros, estaba siempre un paso por delante, es más, en ese momento creía que sabía todo lo de mi madre y de mí, pero como entre ellos ya las cosas no funcionaban, “todo quedaba en casa” y miró para otro lado. Tenía amigos, conocidos o contactos en los máximos niveles y el Abogado me dio a entender además que ya me pondría al tanto de otras cosas, entre ellas que, sin ser un prestamista o usurero había otorgado préstamos importantes a Empresarios y Políticos que, si bien es cierto que aún se pagaban, también era cierto que generaban determinadas dependencias en éstos. También me dio copias de llaves de la casa—quinta y de los departamentos del edificio en que yo vivía que no estaban en uso y quise verlos. Estaba estacionando el auto en la cochera y me llamó mi hermana por teléfono, la atendía casi sabiendo todo lo que diría, pero, a la vez, ya tenía preparado lo que yo les diría a ellas. - Alejandro, ya comprendimos que estuvimos mal, nos preocupamos por el tema de la despedida de papá y no nos dimos cuenta que te estábamos dejando de lado, ¿por qué no venís a casa y lo conversamos?, mamá está muy mal pidiendo por vos y yo tampoco estoy bien, te necesitamos con nosotras. - Poné el altavoz porque seguramente debe estar escuchando. Es para que sepan que vengo de hablar con el Abogado, todo esto va a llevar un montón de trabajo para no perder lo que existe de capital y para no quedar en pelotas y en la miseria me voy a hacer cargo porque así quedé con ustedes, yo sí tengo una sola palabra, además de saber que las dos son totalmente inútiles para eso y perderíamos todo en muy poco tiempo. - Está bien, en eso no hay nada que decir, ya decidimos que firmaríamos lo que fuera necesario y lo vamos a cumplir, necesitamos al hombre con nosotras y en nuestras camas. - Espero que no pongan “palos en la rueda” porque yo dudo de ambas. Cuando me necesitaron estuve y no pedí nada a cambio, sólo yo sé lo que arriesgué con lo tuyo, hasta te ofreciste como esclava y algo similar hizo mamá prometiendo “el oro y el moro”, pero, en la primera oportunidad que tuvieron, se comportaron como lo hacían con papá, se ocuparon sólo de lo de ustedes o de lo que pensaban dejándome completamente de lado. - No, no es así, estás equivocado, fue por algo “especial” en un día “especial”. - ¡¿Yo estoy equivocado?!, ¿de qué algo “especial” me hablás?, el vivo sigo siendo yo y apenas si me dieron pelota, las dos saben que no estoy equivocado. Mirá Mariana, si hubiera aceptado tu supuesta “esclavitud” como dijiste, tendría que haberte castigado igual o peor que lo que hizo tu noviecito comatoso y con mamá, acorde a sus promesas tendría que hacer algo parecido, son de lo peor. - No, no, por favor, estamos dispuestas a lo que digas. - Ya les creo poco, a mí me basta con un botón para muestra y ustedes ya me lo mostraron, si no fueran mi madre y mi hermana las estaría dejando completamente de lado y a mí no me conmueven las lágrimas ni los pedidos de disculpas, culos tengo de los que quiero tener y pensé que con las dos sería distinto. - ¡No hijo, no nos digas así, pedinos lo que quieras y te haremos caso, no nos abandones!, —se escuchó decir a mi madre rogando con un grito—. - Nadie dijo de abandonarlas, por lo menos no en lo inmediato, me podrán seguir teniendo, pero cuando yo quiera, además como yo quiera y piensen bien cómo van a usar su supuesta libertad cuando yo no pueda estar vigilándolas, ya saben cómo pienso y una traición no se las toleraría bajo ningún punto de vista. - No hermano, nosotras no pensamos en nadie más, mucho menos en traicionarte. - Mariana, ¡son sólo palabras!, si cambiaron de la noche a la mañana respecto de lo que me decían hacía unas horas, ¿quién me asegura que no saldrán a revolear la concha con el primero o la primera que les guste?... Espero que no porque no sabría cómo reaccionaría, por lo pronto, van a tener que remar mucho para que yo cambie mi modo de pensar con las dos, tiraron por la borda toda la confianza que deposité en ustedes. No quise presionarlas más, me importaba que firmaran todo lo que tenían que firmar, para mí estaba claro que deberían sentirse apesadumbradas y culpables hasta que rubricaran su total disposición por escrito, después pasaría a ser casi un dueño de las dos, pero, por el momento, no podía estirar más la cuerda. Las escuché llorisquear a ambas cuando corté la comunicación y bajé del auto para ir a mi loft. Antes de llegar detuve el ascensor en el cuarto, primero pasaría por los dos departamentos de ese piso que estaban desocupados. Los dos eran de tres habitaciones, comedor, cocina y baño, la recámara principal tenía un baño en suite y un vestidor, yo no conocía la disposición de esos departamentos y se me ocurrió que con un par de modificaciones quedaría tipo loft y mucho más amplio, aunque hubiera que eliminar una habitación más chica. El otro departamento era igual, pero venía con sorpresa. Abrí la puerta y, al igual que el otro, tenía la cocina con sus artefactos, pero en el comedor había una mesa chica con dos sillas y un banco de patas cortas, en uno de los rincones de esa dependencia había un colchón de plaza y media echado en el piso con una almohada y la ropa de cama sin hacer, un par de zapatillas y sobre una repisa, libros, ropa interior femenina lista para usar, junto a un jeans y una remera. Me iba a ir cuando escuché el sonido de la ducha, llegué hasta la puerta para retirarme y dudé, ¡qué joder, yo soy el dueño, no tengo que escaparme!, —pensé y me senté en una de las sillas a esperar que apareciera la intrusa—. No tuve que esperar demasiado, desde el lado de la habitación apareció una chica totalmente desnuda, era alta, le calculé un metro setenta de belleza plagada de curvas en tetas altivas y duras, nalgas paradas, vientre liso, depilación total y muslos, claramente delineados. Es todo lo que podía ver porque traía la cabeza tapada con la toalla que utilizaba para secarse los cabellos que parecían no ser largos, dejó la toalla sobre el colchón y pude notar que, efectivamente, los cabellos no eran largos, tenía un corte semi varonil y, dándome siempre la espalda se agachó un poco para alcanzar la ropa interior, el espectáculo sería mortal para un cardíaco y luego de que se puso la tanga, carraspeé para hacer saber de mi presencia.
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