Ni una palabra más

1369 Words
Habían sido demasiadas emociones en tan poco tiempo y la quietud y tranquilidad del lugar ayudó a que me quedara dormido sentado frente a la ventana, me desperté con el canto de un zorzal cuando despuntaba el amanecer, ya no llovía, el río comenzaba a brillar reflejando algunas claridades y se veían algunos charcos en el parque y la pasarela de madera que llevaba al muelle estaba empapada. Era muy temprano como para andar preparando el desayuno, regresé a la habitación y me encontré a Mariana en una posición similar a la que la había dejado, ni siquiera había atinado a taparse con una sábana y su piel estaba fría, la tapé con el cubrecama y me fui a dormir en otra habitación, hasta lo que recuerdo es que me tapé y desperté por el sonido del agua del baño. El sol entraba a raudales en la habitación y me levanté para dirigirme al baño del fondo, no quería cruzármela a mi hermana, aplicaría la temática del “está todo bien” y la de “poca bola”, no me la había podido coger a pesar de toda su calentura, pero ella cargaría con las culpas. La escuché cuando regresó a la habitación y me fui para la cocina a preparar el desayuno. Preparé café que era lo que ella tomaba y puse a tostar unas rodajas de pan, pronto se llenó la casa del aroma del pan tostado y, desde siempre, café y aroma de pan tostado despertaba a los muertos, yo me puse a calentar agua para el termo y preparé las cosas del mate. Si había ido al baño daba por descontado que ya se podía mover mejor, por eso mismo, cuando tuve mis cosas listas, le grité desde la cocina: “Nena, buen día, en la cocina tenés el desayuno preparado, yo voy a estar en el muelle”. Con el termo debajo del brazo, en una mano una canastita con el mate, la bombilla, la yerba y el azúcar, con la otra arrastraba una caja con ruedas que tenía, anzuelos, plomadas, líneas, los reel cargados de tanza y todo lo necesario para poder después armar las cañas y ponerme a pescar. El reloj del celular acusaba las once de la mañana y recordé que debía poner un trapo en el muelle para avisarle al de la lancha almacenera que debía atracar, tenía muchas ganas de comer un rico asado y no había traído ni leña ni carbón. El muelle era grande, ancho y muy bien armado, tenía un techo que ocupaba una cuarta parte de los veinte metros de largo y eso me vino al pelo porque el sol estaba comenzando a “picar” con ganas. La había visto a Mariana mirar desde la ventana del comedor, pero ni una seña le hice, las decisiones deberían correr por su cuenta. Estuvo a punto de salir o decirme algo cuando atracó la lancha, pero se abstuvo y, luego de comprar lo que necesitaba, el lanchero se fue diciendo que pasaría todos los días. No llevé las bolsas de carbón y leña para el lado de la parrilla, las dejé en el muelle porque vibró mi celular y atendí viendo que era Yesica, la “petisa” divorciada. ¡Lo único que me faltaba!, que saliera con que quería quedar para hacer la “fiesta” con la hermana y yo en la isla junto a mi hermanita traumada. - Hola preciosa, ¿cómo estás? - Hola Alejandro, disculpá que te joda, te llamaba para decirte que hablé con mi hermana y le conté ciertos “detalles”. - ¿Y, no te sacó corriendo? - No, para nada, se entusiasmó y dijo que está dispuesta a pasarse toda una tarde recibiendo una buena v***a por el culito, eso porque le hablé de tu aguante, jajaja, se trepaba a las paredes, me mostró el consolador que usa y cuando vea la tuya se enloquece, pero, en lo inmediato, tenemos un problema. - Contame, yo también estoy complicado, pero buscaremos de solucionar las cosas. - Esta mañana se fue de vacaciones y estará unos quince días en la Costa, me dijo que arreglara contigo para posponerlo y yo no quiero que creas que me olvidé lo que hablamos. - Me viene al pelo, yo tengo un problema similar, surgió un tema familiar y tengo que pasarme unos quince días en Entre Ríos, ahora mismo estoy lejos de casa, —expresé suspirando aliviado—. - Entiendo, entonces la que de verdad tiene un problema soy yo, pensé que me podrías hacer gritar nuevamente hasta que ella volviera, igual está bien, te tengo al tanto apenas llegue, ¿vale? - De haber tenido un poco de tiempo te hubiese pedido que me acompañaras, acá estoy más sólo que un hongo y tu culito querendón iba a estar bien atendido o, por lo menos, como vos merecés que te atienda ese culo hermoso, —le dije en voz alta al darme cuenta que Mariana estaba parada detrás y escuchando atentamente— - Me vas a tener recaliente todo este tiempo y haciéndome la película. - Aguántesela mi alma, ya nos veremos, vamos a ver si la hacemos gritar a tu hermana, portate bien, ya te dije que yo no comparto, jajaja, bueno, besos, nos estamos hablando, —corté la comunicación y la miré a mi hermana—. - Buen día Alejandro, no te quería interrumpir, —me dijo en voz baja—… - No hay problemas Mariana, son dos hermanas casadas que no están bien atendidas en la casa, ¿qué querías? - No nada, te iba a preguntar si querés que te haga el almuerzo, ya me puedo mover mejor, las piernas y los brazos casi no me duelen. - No es necesario, en la heladera hay asado, chorizos y achuras, enseguida prendo el fuego, tengo ganas de comer carne y recién compré carbón y leña. - Yo quería hablar con vos, me siento muy mal, no sé qué fue lo que me pasó. - No hay nada de qué hablar, no tengo ganas de escuchar pelotudeces o hablar sobre supuestos dramas y traumas, me resultó un tanto extraño que te asaltaran todos los fantasmas después de haber tenido un orgasmo tremendo, pero, cada cual sabe dónde le apreta el zapato. - Pará, no te vayas, entendeme, fue una reacción, no fue un rechazo a Alejandro, —dijo cuando yo agarraba las bolsas para irme hacia la parrilla—. - Mirá, a ver si somos claros, cuando tuve que actuar lo hice sin pensar en las posibles consecuencias, además, si yo digo algo me mantengo en lo que digo, sean cuales sean las consecuencias, creo que tiene que ver con la maduración, vos no actúas igual, parecés Político, decís una cosa y terminás haciendo otra, pero, está todo bien, yo no exijo ni ruego por un culo por más bien que esté, si lo tengo pasa a ser de mi propiedad y no lo presto, si la dueña de ese culo no lo entiende de la misma manera y expone dramas, allá ella, para mí no hace más que demostrar su grado de compromiso y/o, posiblemente, su hipocresía. - No es así, yo quiero y mantengo lo que dije, pero… - ¡Pero, las pelotas, no me rompas más las bolas y no me hagas partícipe de tus idioteces!, te voy a ayudar y a bancar estos días, me mataré a pajas si es necesario y, perdé cuidado, tus actitudes de “calienta vergas” no me van a llevar a castigarte o a violarte, pero, la desilusión no me la quitará nadie, —le dije cara a cara, en tono serio, casi violento y la noté temblar, pero no de miedo, era algo más—. - Sí, Alejandro, me siento una mierda, pero será como digas, vos mandás, yo te obedezco, ¿me vas a poner la crema? - Primero voy a hacer el fuego y a poner la carne, después haré lo tuyo, si te podés mover, salá la carne y hacé un poco de ensalada.
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