Aguántando Dolores

1991 Words
- Por mí no te hagas problemas, primero me vas a tener que ayudar con la crema en los golpes, después me suelo tomar una pastilla para dormir, no me gustan los ruidos nocturnos de la isla y con eso me duermo como un ladrillo hasta el otro día, —decía Mariana—. - Ayy nena, me da no sé qué, estoy un tanto desacostumbrada a seducir a un jovencito, ¿vos crees que me llevará el apunte? - Creo que eres la de la experiencia, pero yo le mostraría las tetas para ver cómo reacciona, desde ahí en más no sabría decirte… Disimulá, disimulá que ahí viene… —Mi hermana hacía todo el paripé y creo que se excitaba con eso—. - ¿De qué hablabas con la hermosa vecina?, —le pregunté a mi improvisada compinche—. - Le pedía a Gloria que, luego de cenar, me ayude con la aplicación de la pomada, ya que después de tomarme la pastilla me quedo totalmente dormida, —me aclaró Mariana dando por sentado que la entendería—. - Ustedes sabrán, yo me voy a ver las cañas, recién ahora me doy cuenta que me había olvidado de ellas. - Primero me voy a cambiar, no me aguanto más estos pantalones apretados y luego voy a preparar unos tallarines para la cena, ¿les gusta eso?, —le contestamos que sí y Gloria se dispuso a cocinar—. Mariana fue a bañarse y yo me quedé un rato en el muelle, al margen de lo que podía pasar con Gloria, algo que, definitivamente, no me disgustaba porque la viuda se mostraba con ganas de dar y/o, en todo caso, aprender y yo estaba más que dispuesto a ser un buen alumno y un predispuesto profesor. Pensaba que, independientemente de esto, me sentí bien porque había hecho algo productivo y el trabajo con la desmalezadora lo tomé como un ejercicio que había tonificado mis músculos. La pesca estaba flojísima, los peces estaban sin hambre y me dediqué a estar allí sentado, disfrutando de la noche desprovista de luna, pero toda estrellada. Finalmente me llamaron a cenar y, aunque no le dije nada, no me privé de mirar el cuerpo de Gloria, en ese momento enfundado en un biquini tipo tanga, de las denominadas “brasileras”, eso sí, semi tapadas sus curvas con una bata corta transparente. Las pastas estuvieron deliciosas y agradeció los elogios ante su esmero, unos momentos después, cuando tocó tomar el café, Mariana dijo de ponerse la crema y se despidió de mí. Las dos se fueron a la habitación y yo me fui a dar una ducha, luego de ésta salí del baño y me encontré la casa a oscuras, una sola luz salía de debajo de la puerta del cuarto que las dos mujeres compartirían. Eso no me molestaba, conocía bien el camino y el bulto que me encontré y choqué en el camino no podía ser otro que el de la viuda. “Me da miedo andar en la oscuridad, Mariana ya se durmió e iba a lavarme las manos”, —me dijo en voz baja—… Sabiendo como venía la mano, no quise perder tiempo, abrí la puerta de mi habitación que estaba a pocos pasos y la tomé de la mano ingresando a ella con la “veterana” … - Ayyy, ¿qué hacés loquito?, nos va a escuchar tu hermana, —expresó con la voz alegre y algo risueña—. - Si se tomó la pastilla no la despiertan ni a cañonazos y yo tengo ganas de comerte la boca. - Esperá, esperá, yo soy muy “viejita” para vos, —dijo arrimándose a mí y apoyándome las tetas a la altura del estómago—. - Yo no noto que estás tetas duras y bien armadas sean de “vieja”, —le dije apretándole la que tenía cercana a mi mano y besándole la boca con ganas—. Tardó décimas de segundos en responder al beso y en prenderse a mi lengua a la par que movía sus caderas y gemía. No tenía puesta ni la bata ni el sostén y al bajar una de mis manos para apretar sus nalgas, por cierto, más duras de lo que imaginé, noté que sólo tenía puesta la parte de abajo del traje de baño. Mi boca ocupaba la suya y no pudo decir más nada, entonces la arrimé a mi cama y ella misma se dejó caer, se movió como víbora cuando le saqué la única prenda que la cubría y prendí el velador que arrojaba una luz mortecina antes de zambullir mi cara en su entrepierna. La puerta había quedado entreabierta, levanté un poco la vista y noté cuando entró Mariana totalmente desnuda y. moviéndose despacio, se ubicó en un rincón oscuro existente entre un armario grande y la pared, había que saber que estaba allí para poder verla y yo no quise mirar hacia el lugar. - Me volvés loca mi amor, hace años que no me la chupaban, me dan ganas de gritar como enloquecida, —dijo Gloria retorciéndose ante los embates de mi lengua—. - Gritá cuanto quieras, ya te dije que Mariana no escucha nada y yo te pienso gastar la concha a lengüetazos. Gritó y se retorció obligándome a aferrar con fuerza de sus caderas ante las contracciones y los temblores que experimentaba cuando yo absorbía su clítoris grandecito y erecto, “me muero Alejandro, me muero, esto es increíble, ¡madre de Dios!, dejame chupártela, primero la quiero en mi boca”, —decía evidenciando que los orgasmos la dominaban y yo estaba en mi salsa—. “Dedicate a gozar y no me jodas con pedidos, hoy mando yo”, —le contesté introduciendo la lengua en su oquedad mojada y depilada—. Alcancé a ver que Mariana se llevaba una mano a su entrepierna y la otra la tenía tapándose la boca, sus ojos parecían brillar en la oscuridad, mi hermana quería un espectáculo de sexo, pues yo le daría un espectáculo de sexo. Mi pulgar hurgaba en el culito de Gloria, había entrado despacio y no acuso dolor cuando lo hice, mejor así, no habría camino que no recorriera esa noche y comencé por bajarme el short para que mi v***a asomara en su plenitud. Mariana reprimió un grito cuando me la vio al desnudo y acomodé el cuerpo de la rubia para apuntar a su boca, “es toda tuya, veremos que hacés con ella”, —le dije al notar que me la miraba con los ojos asombrados—. “¡Qué pija madre mía!, no sé si podré tragarla toda”, —afirmó y se puso rápido a la tarea—. Sabía muy bien lo que hacía, su mamada era muy buena y trataba de tragarse toda mi v***a, pero el largo no era para su boca, salvo que la obligara a ello y no quería hacer ninguna demostración de posesión para no hacerle sentir mal ni reflotar los “fantasmas” de mi putita hermana. “Así no te puedo hacer terminar, mi conchita te espera, pero metela despacio, me vas a hacer ver las estrellas”, —dijo y afirmó Gloria—, entonces la puse de rodilla en el medio de la cama, pero para que quedara medio de perfil y que Mariana pudiera ver. La conchita de la viuda rubia lubricaba a mares y apoyé el glande para penetrarla despacio. Estaba estrecha, en realidad, creo que ya lo dije antes, todas se notaban estrechas por mi grosor, pero se la fue “comiendo” en medio de grititos, convulsiones, temblores y pedidos. Pedidos para que parara, para que siguiera, para que fuera delicado y terminó por pedir por más rudeza moviéndose como desencajada y gritando sus orgasmos sin reparos. Mi pelvis chocaba contra sus nalgas, se la metía y sacaba con movimientos profundos produciendo un sonido agradable y erótico en la habitación, para mí era delicioso y para Mariana debía ser aún mejor porque asomaba media cabeza y se agachaba metiéndose los dedos a mansalva, además, saber que estaba disfrutando con esto incentivaba enormemente mi libido. - Me muero, me muero, no puedo más, ¿cómo puede ser que aguantes tanto?, —dijo Gloria dejándose caer en la cama y quedé extendido sobre ella e incrustado en su interior—. - Aguanto porque me gustás mucho y porque quiero llenarte el culito de leche, —le contesté cerca de su oído, pero en voz alta para que mi hermana escuchara—. - Sabía que me ibas a pedir el culo, mi esposo tenía una fijación con mi culo, pero no tenía tu v***a, me lo vas a partir. - Lo que cuesta vale mi cielo y siempre termina por gustar, te lo voy a hacer despacio y vas a soñar con ella en tu interior. - Chupámelo, chupámelo y apretame las tetas, después tratá de meterla, pero tené un poco de piedad. La chupada de culo, el “beso n***o” brindado con cariño y tratando de que la lengua penetrara y ensalivara el hueco la desquició y pidió que se la metiera rápido, yo estaba decido a meterla para que sintiera un dolor—placer in crescendo pues, aunque Gloria no lo supiera, estaba todo dirigido a que la espectadora de lujo se desesperara por sentirme y me exigiera v***a tipo nivel desquiciada. El glande encontró enseguida el agujerito suficientemente dilatado y comenzó a penetrar. Aunque lo fui haciendo despacio, sin apurarme y estando atento a las reacciones,no pude evitar que Gloria gritara cuando sus carnes se abrían y llegó a rogar a dos puntas: “¡Mierda, mierda, mierda, no la aguanto!, me lo rompiste, ayyy, no te muevas, no la saques, entrá, entrá abrime bien el culo, dame esa enorme v***a, creo que nunca más podré volver a coger así, ayyy, duele, duele, pero me encanta”. La dejé que gritara y hablara, todo lo que decía servía para mis fines posteriores y Mariana asimilaba matándose a dedos. Finalmente, aquello se convirtió en el aquelarre de una sola bruja que gritaba como desaforada pidiendo más v***a y más fuerza, refiriéndose incluso a que tendría que haberme cogido cuando era más chico y me conoció en la isla. “Tenés que venir a mi casa y romperme el culo de vez en cuando, tengo consoladores y amigas muy putas para hacernos unas fiestas tremendas. Seguí, seguí rompiéndome el culo y prometeme que me vas a visitar”, —decía a viva voz y totalmente lanzada, pero ya no daba para más. Me prendí a sus tetas tirando el cuerpo sobre su espalda y le llené las tripas sin hacer caso a sus gritos de placer y a sus temblores. Cayó de bruces sobre la cama y gritó fuerte cuando caí detrás y le enterré aún más mi v***a. La dejé latiendo y noté que tenía los ojos cerrados y no se movía, había quedado completamente laxa y con la mano le hice señas a Mariana para que saliera del lugar y se fuera del cuarto. Se veía despeinada y con los cabellos sobre la cara cuando se incorporó porque estaba de rodillas y salió despacio sin hacer movimientos bruscos. Estaba seguro que dormiría hasta tarde y sin necesidad de tomar pastillas. Luego de un rato salí de Gloria completamente desinflado, me di cuenta que la cogida la había agotado y el sueño se imponía, entonces y me fui a lavar pensando que, menos mal que mañana se iría pues eso se podría convertir en un desmadre de polvos y Mariana no se allanaría a esperar demasiado aguantándose sus dolores…
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