Las Tetas de Mariana

1630 Words
La dejamos que hiciera y nos pusimos con mi hermana a separar los papeles, noté enseguida que tenía puesta una camisa y la tanga dejaba ver gran parte de sus nalgas, mi mano se dirigió casi como por inercia a sus glúteos, eso le encantó y se movía sensualmente. “Debés estar a punto de reventar hermano, anoche no pudiste terminar, sacala que me voy a sentar arriba y te voy a hacer acabar como un caballo”, —me dijo con voz sugerente y acercándose a mi oído—. Eso sólo me puso a mil y me importó tres carajos si venía o no o si participaba mi madre en el tema, me bajé rápido el pantalón, me senté y acomodé las caderas y nalgas de mi hermana para que mi pija coincidiera con su zanja, a esta altura bastante mojada. “Dejame a mi Alejandro, estás enorme y me vas a romper toda”, —me pidió abrazando con sus labios íntimos a mi tronco endurecido—. Sentados ambos frente a la mesa con los papeles me daba la espalda y con su mano acomodó el glande en la entrada de su v****a y comenzó con una penetración lenta, eso sí, dando quejidos porque, sin dudas, la sentía cuando perforaba su estrechez, por eso le tomé las tetas por debajo dela camisa y apreté sus pezones totalmente duros y receptivos. El quejido elevó el tono y apareció nuestra madre preguntando: “¿Me llamaste nena?”. Mariana la vio parada en la puerta de la cocina y en lugar de levantarse sorprendida actuó en contrario, se aflojó y se dejó caer. El grito de dolor retumbó en el comedor cuando se la “comió” de una y le sostuve las caderas incrustado en su intimidad esperando a que se acostumbrara. “¡Chicos, acaba de morirse papá!”, —expresó mi madre con un atisbo de reproche en su voz, pero los ojos la denunciaban, su deseo era casi palpable—… “¿Acaso eso implica celibato?, dejate de joder y acercate”, —le pedí con cierta autoridad. No se hizo rogar y pronto estuvo a nuestro lado, pero sin decidirse a actuar, fui yo quien tomé la iniciativa cuando Mariana comenzaba a moverse sutilmente con la v***a en su interior y una de mis manos entró, desde el final de su columna a través del elástico de su bombachita, para tener acceso con mis dedos a su culo y a su v****a que comenzaba a lubricar. “Ocupate de las tetas de Mariana”, —le dije y sonó como una orden que se aprestó a obedecer—. Costó poco meterle dos dedos en el “chiquito” y entre gemidos de placer besó el cuello de mi hermana y se ocupó de acariciarle las tetas. Ante esto Mariana ya se movió con más soltura y también gimió en voz alta exacerbando nuestra libido en conjunto. Los movimientos de mi hermana se convirtieron en una cabalgata en toda regla y sentí las contracciones, temblores y gritos placenteros de las dos, unos en mis dedos que se movían en el interior del culo materno y otros en todo el tronco sumido en la calidez húmeda de la v****a fraterna. Se recuperaron rápido y yo cambié mis dos dedos por el pulgar para tener acceso al clítoris y al hueco empapado de mi mamá para poder moverlos con ganas. Esto la desquició y ya no pude verla, metió la cabeza bajo un brazo de mi hermana y se prendió a sus tetas como ternero hambriento haciendo que los gemidos se multiplicaran. Apenas si podía moverme, pero algo hice tratando de seguir el ritmo de Mariana, hasta que se produjo otra explosión de placer en ambas y esta vez no me pude mantener indiferente. Me afirmé fuerte en las caderas de Mariana y le llené la concha de leche, fueron tres o cuatro pulsaciones y la saqué ejerciendo cierta fuerza en esto a la par que le decía a mi madre: “Limpiame la v***a mami”, —fue totalmente imperativo y no lo dudó en ningún momento—. Arrodillada ante el culo de mi hermana y mi v***a se la tragó sin decir “agua va” y además de tragar el poco rastro seminal que quedaba y amigarse con el aroma íntimo de la v****a de su hija, me la limpió a conciencia. Mariana quedó sentada en mis muslos con el torso y los brazos apoyados en la mesa, Graciela, mi madre, quedó acuclillada acariciando mi v***a que se negaba a rendirse totalmente, yo acaricié su rostro por el que caían algunas lágrimas que seguramente no eran por dolor físico y la tomé del cuello para que se incorporara y pudiera darle un beso prolongado, con lengua, pero con toda la dulzura de la que fui capaz y ella lo entendió igual abrazándonos a los dos y diciendo que nos amaba. Como pudimos nos fuimos a lavar y sin decir más, mi madre siguió con la preparación de la cena y mi hermana se sentó a mi lado para poder seguir con lo anteriormente solicitado. Al sentarnos a cenar el silencio era notorio, pero no molestaba, cada cual tenía su propia película, hasta que al final de la comida mi madre me preguntó algo que, de alguna manera, esperaba… - Hijo, ¿de quién era el departamento en que encontraron a tu padre? - De él o de nosotros, lo usaba para sus “escapadas”. - ¡Hijo de puta!, lo tenía para llevar mujeres, ¿quiénes eran? - ¡Mamá!, vos no podés hablar, las fallas existieron, pero nadie acá puede ser más papista que el Papa. - Sí, creo que tenés razón, ya nos habíamos distanciado mucho… Decime, el Médico habló de una chica pelirroja, ¿era la Secretaria? - Sí, ya hablé con ella, me contó que estaba muy preocupado por varias cosas y que en ese momento no hacían nada, que se paseaba de un lado al otro y de pronto se cayó tomándose la cabeza, evidentemente, los problemas lo superaron. - Me imagino que la habrás echado de la Concesionaria. - No, te imaginás mal, es más, le agradecí que hubiera llamado a la Emergencia Médica y que se hubiera quedado a esperarlos. Por otro lado, me interesa mantenerla porque es la que más sabe de las cosas de papá y del negocio, luego veremos que se hace. - Sí, claro, pero se acostaba con tu padre a mis espaldas o a espaldas de todos. - Por favor mamá, no entremos en el boludeo del orgullo herido o de la mujer cornuda o a revolver mierda, según sé, a papá siempre le gustaron las Secretarias jovencitas, creo que a la primera que se cogió, la embarazó y se casó con ella, —Mariana no se aguantó y lanzó una carcajada abrazando a la autora de nuestros días—. - Está bien, pero yo no quiero aparecer por allí, no podés obligarme a ir. - Bueno, de todos modos, hay que hacer la Sucesión de Bienes y vas a tener que pasarme la potestad para decidir, vamos a dividir en las partes que nos correspondan y yo decidiré los pasos a seguir, sino se nos va a complicar porque tendríamos que acordar en cada decisión y eso es muy engorroso. - Eso llevalo todo vos, nosotras no entendemos nada, luego lo vemos con el Abogado, Mariana, ¿vos no tenés problemas con esto? - Yo ya lo dije, Alejandro es quien decide y si hay que firmar no tengo problemas, —acotó mi hermana—. Ninguna de las dos estaba en desacuerdo y continuamos un rato más con los papeles, ahora los tres y, seguimos cosechando sorpresas. De la caja fuerte que había en su despacho surgieron las Escrituras de dos departamentos más y una casa de fin de semana, estas tres propiedades estaban alquiladas a un buen precio, además, había suficiente efectivo como para esperar tranquilos a que se pusieran en orden todos los papeles. Mi padre aparentaba ser un cabeza dura y absolutista, pero había asegurado nuestra tranquilidad. - ¿Hay posibilidades de vender todo tal como vos nos dijiste?, —preguntó mi madre—. - Viendo todo en otra perspectiva, me doy cuenta que a nosotros nos decía una cosa y hacía otra y si conseguimos vender las deudas Prendarias al Banco los “tantos” se acomodarían solos. Habría que vender una Concesionaria que tiene muy pocas ventas y sólo genera gastos y deshacernos de las Casas de Repuestos comunes, —decidí no decirle sobre las ventas de repuestos robados, eso lo hablaría sólo con el Abogado—. - ¿Y el asunto de la falta de ventas? - La Concesionaria grande da buenos ingresos porque los coches son para gente pudiente, si en las otras concesionarias se pueden vender tres o cuatro autos por mes se cubrirían los gastos y no sería necesario desprendernos del capital que tenemos, además, siempre está la posibilidad de que cambie la Política y esto se reactive. - Como sea, mañana después de la cremación vamos a ver al Abogado y vemos de pasarte todo a vos. Nos fuimos a acostar relativamente temprano y aunque noté las miradas para ver por cuál de las dos me decidía para pasar la noche acompañado, preferí irme a dormir solo a la habitación que tenía siempre preparada para mí. Ninguna de las dos se negaría a pasar la noche conmigo, pero sabía que yo tendría la mente ocupada en ver como se desarrollaban las cosas desde ahora en más…
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