Secuelas

1805 Words
Finalmente, Mariana me agradeció el almuerzo en la cama, pero decidió ir a comer a la cocina, “trataré de caminar, igual sos un ángel por el modo en que me atendés”, —me dijo y me cayó bien—. Mientras comía me preguntó si había encontrado su celular y le dije que sí, que lo tenía, aunque estaba reacio a dárselo porque no quería arriesgarme a que, estando aburrida, llamara a alguna amiga o que mensajeara tratando de averiguar sobre su “noviecito”. - Creo que tenés razón, me da vueltas en la cabeza lo que le puede haber pasado a ese hijo de puta, quisiera enterarme que está muerto y reventado, pero no puedo ni debo comprometerte. - Me alegro que, de vez en cuando, uses la cabeza. - Fue una experiencia horrible y, ¿sabés qué?, estuve pensando que ni no fuera por vos, no sé si estaría viva, no creo que esos tipos se fueron a arriesgar a que yo contara todo en un supuesto después, —dijo con los ojos llorosos—. - Veremos qué pasa desde ahora en más, pero, por las dudas, no tires pálidas. - No son pálidas, son verdades, te voy a estar agradecida de por vida y quiero que sepas que, desde ahora, toda yo y mi cuerpo estamos a tu disposición, —expresó bajando la vista y con cierto rubor—. - Ojo con lo que estás tratando de decir, te puedo llegar a tomar la palabra con todo lo que implica, yo no soy la clase de tipos que se anda fijando en parentescos, así como tampoco permito “agachadas”, idioteces o infidelidades en mis mujeres. - No te enojes ni lo tomes a mal, pero es lo único que puedo y quiero ofrecerte. Viví acelerada con un montón de pelotudeces desde los quince años y mirá en lo que resultó, por eso llegué a la conclusión de que, si hay algún hombre en mi vida quiero que seas vos. - Me pone muy bien lo que me decís, pero esas no son cosas que uno se auto impone o se entregan por agradecimientos, esas cosas surgen y solidifican con sentimientos, sino pasás a ser sólo un “polvo” más y algo de eso te debe haber pasado a vos con tus experiencias. - No lo dudes y no sé ahora, tengo o me surgen un montón de temores, pero te siento de un modo “especial” cuando me tocás, noto como te ponés cuando me aplicás la pomada, también me pasan cosas y me pone mal no poder retribuirte porque ni mover las cejas puedo. - Entonces no te apures, me pasan “cosas” que ya notaste porque sos una mina infernal, pero, aunque soy muy exigente, vos no podés ni debés ser un “polvo” más… Mejor terminá con tu almuerzo—merienda y yo me voy a ir a la farmacia a comprar lo necesario para tus curaciones, por lo menos para una semana. - Bueno, en la guantera del mi auto está mi billetera, el código de mi tarjeta es 0000, sacá todo el dinero que se pueda, allá habrá que comprar cosas en la lancha almacenera y necesitaremos efectivo. - Bueno, jajaja, te está empezando a funcionar mejor la cabeza, hacé una lista de lo que querés llevar y esta noche le hablo a mamá para que preparé todo. - ¿Cómo vamos a hacer para que no me vean los de la guardería?, van a creer que llevás a un E.T. con tetas y con la cara marrón, verde e hinchada, jajaja. - Ya lo pensé, dejó el auto en el estacionamiento cercano al muelle chico donde se toman las lanchas de paseo y me esperás adentro, los vidrios están polarizados y nadie te va a ver. Yo voy a sacar la lancha a última hora antes de que cierren la guardería y te paso a buscar por ese muelle, bajás del auto, caminás hasta el muelle, te subís a la lancha y “desaparecemos”, vamos a hacer como en una película de espías, jajaja. Salí para ir a la farmacia, pasé por la cochera para retirar su billetera del auto y me acerqué al mío pensando en que mi “duende incestuoso” estaba logrando lo que yo tanto quería, me hice a la idea de que la llevaría despacio para no avivarle o despertarle todos los “fantasmas” por lo que le había sucedido, aunque estaba seguro de que, en poco tiempo, mi hermanita gritaría como enloquecida de placer con mi v***a incrustada en su hermoso culito. A ese pensamiento se le sumaba el culo firme de mi madre y las calenturas que me había demostrado que se agarraba cuando se sentía bien cogida y penetrada, de resultas de eso, tuve que acomodarme la v***a erecta antes de subir al auto porque me dolía por la posición doblada que tenía al estar apretada por el jeans. También se me cruzó mi padre por la cabeza, pero era harina de otro costal, sus “cuernos” no me afectaban para nada, él estaba enfrascado con sus negocios y, seguramente, bien “atendido” por una o dos secretarias de las que existían en las Agencias. Mi madre daba a entender que lo intuía, yo lo tenía más que claro, incluso conocía el enorme departamento de cuatro ambientes que se había comprado en un barrio de élite situado al otro lado de la ciudad. Había sabido que lo usaba para encontrarse con una u otra o con las dos juntas porque ninguna de las dos que yo conocía le hacía ningún tipo de ascos al dueño de la billetera. Lo había descubierto por pura casualidad, después lo seguí un par de veces y le descubrí las mañas, pero nunca me metí en sus cosas, eso sí, siempre tuve la idea de que debían concederles algunos gustos “especiales” para dejar de lado a la “carne” que tenía en la casa. De la farmacia salí con una bolsa bastante grande, preservativos no compré, odiaba usarlos, pero, por las dudas, hasta compré algunas pastillas para “el día después”, después pasé por el Súper y llevé varios tipos de comida rápida y envasada, pan en rebanadas, fiambres y algunos otros alimentos que veía y me gustaban pues llegaríamos como a las diez de la noche y en la casa de la isla no habría nada para comer o para poder irse a dormir con algo en el estómago. Había ido a un Súper que quedaba alejado del lugar en que me movía regularmente y mientras me desplazaba entre góndolas para comprar los alimentos que me parecían necesarios, recordé que debía llevar repelente de insectos, no conocía el lugar y volví sobre mis pasos, entonces fue cuando pasé por el stand dónde vendían artículos del hogar y, como por inercia, miré los televisores de plasma encendidos, aunque sin sonido. Me quedé petrificado observando los titulares de un programa de noticias, “¿Robo o ajuste de cuentas entre narcos?”, al pie de la pantalla decía: “Los jóvenes brutalmente golpeados habrían estado consumiendo drogas de las llamadas duras. Los médicos estiman que les será difícil salir del coma provocado por los golpes recibidos”. Hice de un esfuerzo para no demostrar la conmoción por lo visto, me parecía que toda la gente que pasaba a mi alrededor me miraba sabiéndome culpable de la paliza proferida a los comatosos. A los apurones metí en el carrito el repelente en gel, en aerosol y un par de cajas de espirales y me fui para el lado de las cajas, fue bastante rápido, aboné con mi tarjeta de crédito y salí de allí como disparado, pero tratando de aparentar normalidad, aunque, a mi entender, era seguido por la mirada de todos los presentes. Ya en el estacionamiento me puse a mirar las noticias por el celular. Según parece la policía había encontrado más de veinte sobres de cocaína y estimaban que todo se debía a un ajuste de cuentas entre narcotraficantes, pero que no había pistas para enfocar la investigación. Las víctimas no podían declarar y estimaban que no podría hacerlo debido al coma y a las secuelas de los golpes y, según el Periodista, el haberlos dejado vivos implicaba un claro mensaje, aunque no sabían hacia quien o quienes lo daban. Al escuchar esto, aun cuando no hubiera plena seguridad en lo que decían ignorar pues no sabía si algunas cosas se guardaban, me calmé bastante, de todos modos, lo de la isla no pensaba posponerlo, además, mi hermana no podría mostrarse por un tiempo y mi departamento no era el lugar más idóneo para permanecer. Al regresar al loft me la encontré a Mariana con la bata puesta y sentada frente al televisor, su palidez y el modo en que me miró me hizo comprender que había estado viendo las noticias. - Ya los descubrieron, salieron en la tele, —acotó con la mirada cargada de miedo y como sin saber que hacer—. - Ya lo vi, estuve mirando las noticias con mi celular, por ahora parece que zafamos, pero no podemos confiarnos, vamos a seguir con lo que teníamos planeado. - Vos decidís, además yo tampoco quiero mostrarme, parezco un monstruo. Me alegró saber cómo quedaron, no creo que vuelvan a hacer nunca más una cosa así, gracias hermano, me alegro estar de tu lado, sos malísimo cuando te enojás. - Dejate de pavadas, cualquiera hubiera hecho lo mismo, tratá de ver si me podés ayudar a guardar todas estas cosas. - Cualquiera no, los que conozco hubieran salido corriendo o me hubieran hecho lo mismo, ayyy, me duele todo cuando quiero moverme, esperá, esperá, ya te ayudo, —dijo sintiendo dolores cada vez que se movía—. Al final tuve que hacerlo solo, guardé lo que debería estar en la heladera y preparé dos bolsos, en uno más chico puse cosas mías y el otro lo dejé preparado para la comida. Mariana me señaló la mesa y me dijo que había hecho una lista con las cosas que necesitaría y aproveché entonces para llamar a mi madre. - Hola mi bebé, no hablé con nadie, te hice caso en todo, pero vi la tele y me dio escalofríos lo que pasó. - Se lo merecían, es preferible no hacerme enojar, igual las investigaciones siguen y nos vamos a ir, Mariana continúa en un grito cada vez que se mueve. ¿Qué dijo papá? - Que estaba bien, que se quedaba tranquilo si ibas vos, pero no le dio mayor importancia, ni preguntó como estaba, ya sabés como es.
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