Líquidos Contentos

2014 Words
- No te rías desalmado, no seas idiota, vení a ayudame, necesito sacarme esta ropa empapada, pero antes traeme una toalla del baño. - Te voy a ayudar, proyecto de E.T., pero el “por favor” no estaría demás, bajá el copete y el tono con los pedidos que yo no soy mamá ni ninguno de los pelotudos que te rodean, —le dije poniendo cara de pocos amigos y yendo al baño a buscar una toalla que le tiré contra el cuerpo—. - Por favor Ale, no te enojes, me duele todo y nada sale bien, hasta el viaje se complicó, —acotó poniéndose pálida y hablando en voz baja—. - Yo no tengo ninguna culpa, al contrario, traté y trato de no dejarte “pagando” en nada y creo que me comprometí bastante por vos, ahora sólo falta que me digas que te echaron una “maldición” y yo me la tengo que “comer” de rebote, ya te dije que dejés de “tirar pálidas”, ya está, ya llegamos, dejá de complicarla. Me di cuenta que le contestaba mal y no era porque estuviera enojado, era como una especie de “coraza” o “falso escudo” que me ponía para que no se me cayeran las babas, puesto que sabía que tendría que desnudarla nuevamente y no era ninguna joda eso de ver nuevamente en pelotas el físico espectacular de mi hermanita, a más, ayudarla a secarse y tocar sus curvas porque, de acostumbrarse a ello, ni ahí... La ropa mojada se hizo algo pesada, costó un poco más, se quejaba abiertamente y dio un par de gritos cuando me dedicaba a la, para mí, grata tarea, después tocó secarla en la espalda y la vista de sus nalgas me provocó una erección imposible de disimular, luego tocaban sus tetas y allí le dejé la toalla en las manos pidiéndole que se dedicara ella misma a ese metiers. Me fui para la cocina a ordenar todo lo que traía en el bolso y no disimulé el bulto que se notaba, bulto que ella observó y que la llevó a bajar la vista ante lo que interpreté como que libraba una pelea interior, aunque posiblemente fueran ideas mías. Luego de terminar de secarse sola buscó un biquini, se puso la parte de abajo y con una especie de malabarismo vistió su torso con una camisa corta que tapaba sus tetas. Fue peor el remedio que la enfermedad, así estaba más sensual y excitante, yo me trepaba a las paredes y para peor, después de comer tenía que ponerle la crema e incursionar en el interior de sus orificios con el gel íntimo. El “rapidito” a las apuradas que había tenido con mi madre había sido satisfactorio, aunque totalmente insuficiente, pero, tampoco era caso de cogerme a mi hermana así porque sí, estaba dolorida y su psiquis era una incógnita, lo cual me limitaba bastante. Ante esto tenía decidido actuar de un modo, prácticamente como profesional enfermero con la salvedad de mis intenciones ocultas, en otras palabras, así me costara unas “pajas” aisladas, le haría levantar unas calenturas tremendas que la llevaran a pedirme v***a a gritos. Luego de cenar, por cierto, bastante liviano porque no quería ponerme a hacer nada que llevara mucho tiempo y de lavar y ordenar las cosas usadas, me senté a mirar la noche lluviosa. Estaba tranquilo respecto a insectos y mosquitos porque los mosquiteros de puertas y ventanas cumplían su función, no obstante, no sólo había rociado con el aerosol, sino que había puesto tres o cuatro espirales con aroma en las distintas habitaciones y se sentía bien estar allí. La lluvia había arreciado, ya no había viento y, de tanto en tanto, algún relámpago surcaba el cielo e iluminaba toda la superficie del ancho río brindando un espectáculo efímero de luminosidad hasta que décimas de segundos después la oscuridad volviera a reinar en el lugar. Me gustaba el río, aun con distintas versiones de su paisaje, me infundía una tranquilidad que no siempre tenía en la ciudad. La voz de Mariana me sacó de mis divagues… - ¿Cómo te sentís Alejandro?, ¿estás enojado conmigo?, te veo tan callado, tan metido en tus pensamientos… - Enojado creo que no, tampoco creas que te quiero cargar culpas, pero, me había hecho un montón de planes y, de buenas a primeras, se me trastocó todo y tuve un poco bastante de temor mezclado con incertidumbres, algo se atemperó, aunque el problema subyace. Por lo pronto el viaje a Brasil acompañado se frustró, las dos señoras que vendrían a “retozar” un rato conmigo ya no vendrán, hasta dudé de que pudiera seguir estudiando y eso es muy importante para mí. - Aunque digas no pensarlo, yo sé que es culpa mía y de mis inconsistencias y cagadas. Tengo una idea cabal de como resarcirme con vos, pero tengo un lío grande en mi cabeza y, hoy por hoy, muchos miedos. - Algo creí entender sobre lo que me querías decir, vení, sentate a mi lado y te voy a explicar algunas cosas que tu cabecita no entiende. Que yo me caliente cuando te toco o masajeo es algo normal, estás muy bien y siempre te tuve ganas, pero, aunque te decidieras, creo que, como quien dice, no darías el “piné”. - ¿Qué me decís?... ¿Cómo podés saber? - Dejame seguir, Para mí, por más buenas que estén, hay mujeres que se convierten sólo en “un polvo y si te he visto no me acuerdo” o sólo sirven para un par de días, es como que “les bajo las cortinas” y no quiero que seas una de esas mujeres. Admito que soy un tanto especial, primero porque me gustan todas y la que deba estar más cercana a mi tendrá que aceptarlo, no me aguanto las ñañas o idioteces ni las preguntas sobre lo que hago o dejo de hacer. - Bueno, yo te dije algo de la disposición o de esclavizarme, aunque nunca practiqué algo así… - Ni así, no me tomes por un tipo común, tengo un carácter fuerte y soy de imponerme, creo que la esclavitud de la mujer es algo que no va conmigo, estoy convencido que se desmerece ella a estratos ínfimos y me desmerecería yo por aceptarlo, pero… a mi lado no admito dobleces y ni hablar de la mínima infidelidad, sólo acepto disposición absoluta y muy buena cama porque yo la doy, caso contrario, no hay calentura que no se cure con una buena “paja” y vos hermana, aún entrás sólo en esa categoría. - ¿Eso es todo lo que yo sería para vos como mujer? - No hay caso, no entendés, te seguís moviendo y razonando conmigo como si fuera uno de tus pendejos amigos, vamos a dejarlo acá y preparate porque te voy a colocar la crema y los medicamentos. La crema por el frente aplicala vos, me parece que ya podés y me evitás malos ratos. - Sos muy cruel conmigo, yo no me merezco que me trates así. - Sólo converso Mariana, sólo converso y/o debería decir que hablo de realidades, además, yo aprendí que lo que uno merece, si es bueno, es porque lo ha sabido forjar con buenas actitudes y decisiones sabias. La dejé pensando y me fui a preparar todas las cosas para aplicar la pomada y los medicamentos, le había hecho “la psicológica” y la había manipulado para lograr lo que quería. Las cartas estaban sobre el tapete y ya veríamos que es lo que resultaba de esto. Tenía claro que podían darse dos circunstancias, una favorable en que accedía a lo que yo pretendía y le había hecho saber y otra, totalmente desfavorable dónde se agarraba flor de bronca y me mandaba a la mierda con parentesco y todo. La cara que traía cuando ingresó a la habitación no era de lo mejor, pero tiraba más para el lado de lo apesadumbrado que para el lado de la bronca y su voz se escuchó rara cuando me pidió: “De la cara me ocupo yo, pero quiero que de mis tetas y de todo mi cuerpo se ocupen tus manos, ayudame con esto también Alejandro, dame tiempo”, —dijo y me pareció que yo no debía contestar ni seguir hablando—. Le puse crema en las manos para que se dedicara a masajearse el rostro y yo comencé a pasarle el ungüento en los muslos marcados. Noté que varias marcas se habían diluido y que tenía contracturas en formas de nudos, pero en lugar de subir hacia su entrepierna me fui para sus gemelos y apliqué varios masajes allí, estaban durísimos y llenos de nudos, apoyar mal las piernas y con dolores repercutía en las dos extremidades. Se quejó por los pinchazos que debía sentir en sus músculos, pero enseguida notó la mejoría, “hasta los dedos parece que puedo mover mejor”, —acotó—. Le respondí serio que era lógico porque no tenía una movilidad plena y habían tenido y tenían una tensión extrema, luego de un rato allí, regresé a la parte interna de los muslos, yo me daba maña por años de gimnasio, aunque era indudable que, posteriormente, necesitaría los servicios de un o una masajista profesional. El vientre y la parte de las costillas y le dolía mucho y se le llenaban los ojos de lágrimas cuando, aun con suavidad, le pasaba la crema y la masajeaba para que la piel la absorbiera. Con las tetas cambié un poco los masajes, los hice directamente con la palma de mis manos y no usé mucho los dedos, además comencé desde arriba, sin cubrirlas con mis palmas. Se le “pintó” en la cara un tinte de desilusión y, a pesar de que se habían puesto muy duras y el pequeño pezón estaba rígido, me miró con cierta extrañeza cuando mis dedos no abarcaron toda la masa de esas tetas que me encantaban, varié hacia los costados acercándome a la exila y después pasé al cuello y allí no tenía tanto, pues eran marcas de dedos y ya casi ni se veían. Hacía verdaderos esfuerzos para mantener en un estado de flacidez a mi v***a, se me hacía que, si le decía “ahora”, hubiera deformado al instante la tela de mi short. En el interín recordé a un Profesor que era una mierda dando clases y lo que me había costado aprender un Análisis de Ciencias Matemáticas y resultó, no hubo bulto para destacar. Mariana lo notó y eso me convenía porque ella creería que era yo quien “manejaba” mis propias reacciones y que sus encantos no me hacían mella. Esperé un poco a que toda la crema absorbiera bien, ordené mientras tanto los potes usados y los que tenía que usar y luego la ayudé a girarse en la cama. Aquí comencé desde los hombros y encremé y masajeé toda su espalda y su cintura, Mariana no dejaba de quejarse y se notaba que allí había recibido golpes más fuertes y desde allí salté directamente a la parte trasera de sus muslos dejando las nalgas sin crema y sin masajes. Se le escapó un gritito cuando quiso girar la cabeza para mirar porque lo hacía, era indudable que lo estaba esperando, pero yo, ese “postre” me lo reservaba para el final. Era el tercer pote que usaba, los exprimí, los vacié completamente en su culo espectacular y me dediqué a todo él. Estaba golpeado y marcado, pero estaba tan duro, tan erguido y tan tentador que, aunque estuviera pintado de color naranja me encantaría igual, aquí sí que no me privé, usé mis dedos a mansalva y levantaba la parte inferior de las nalgas con los pulgares para poder ver su agujerito y su v****a brillante de líquidos contenidos.
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