Capítulo 5: En problemas por hacer lo correcto

1286 Words
Luke abre los ojos asustado, toma su teléfono pensando en que la alarma no lo despertó, pero se da cuenta de que ha despertado treinta minutos antes. Se siente algo cansado y adolorido, pero no tanto como pensó que estaría, y les da gracias a sus ejercicios casi diarios por no estar así. Sale de la cama rápidamente, se mete a la ducha y baja para prepararse él mismo algo más decente que una barra energética, porque eso no le ayudará con su nuevo ritmo. La nana se lo queda viendo cuando saluda y comienza a buscar los ingredientes para un sándwich. Se prepara dos, uno de pollo y el otro de pavo, aparta una fruta, para luego comenzar a buscar una de sus botellas en donde llevará agua. —¿Qué buscas, niño? —le pregunta la mujer con amabilidad mientras bate los huevos para el desayuno. —Un contenedor para meter mi comida y una botella —la mujer deja de batir, pero él la detiene—. Dime dónde están, no quiero que mi padre piense que tú me preparaste todo. —En la gaveta al lado de la nevera, en el segundo nivel. —Gracias… —Luke comienza a buscar, está entretenido en eso cuando la voz de su padre irrumpe en el lugar. —Buenos días… ¿Luke? ¿Ya estás levantado? —No, yo soy el gemelo de Luke —dice él sin mucho ánimo mientras elige un contenedor y se acerca a su comida. —Quedamos en que nadie te iba a preparar nada para llevar al trabajo —intenta reprenderlo, Luke cierra en contenedor, se gira para ver a su padre y le dice sin afán de pelea ni ganas para que lo regañe más. —Y así fue, yo mismo me lo hice, si no me lo crees puedes revisar las cámaras de la cocina. Ahora, con permiso, tengo que irme ya porque el autobús a veces se tarda según me dijeron ayer. —Luke… —el chico se gira con molestia. —¡¿Qué, padre?! ¡¿Algo más por lo que quieras cuestionarme?! Nadie me dio de comer cuando llegué ayer y nadie lo hará hoy —mira su reloj y niega—. No tengo tiempo para esto, hasta mañana, porque es obvio que hoy ya no te veré más. El chico sale de la cocina, David se gira a la nana y ella lo ve con las manos en la cintura, le dice que ella estaba preparando el desayuno y que la única ayuda que necesitó Luke fue para buscar los contenedores, porque ni siquiera le quiso recibir el desayuno. Por su parte, Luke busca un bolso en dónde meter sus cosas, mete una sudadera por si acaso y sale de la casa sin despedirse de nadie. Sigue muy molesto con sus padres por lo que le hicieron, eso quiere decir que no ha reflexionado en nada acerca de sus acciones y difícilmente podrá entenderlos mientras eso no suceda. Cuando sale al frío de la mañana, saca la sudadera y se la coloca, se cubre la cabeza mientras camina a la entrada y ve cómo algunos de los trabajadores van con el mismo frío caminando al interior de la casa. Ese camino les toma entre cinco y diez minutos, y no quiere imaginarse cómo es recorrerlo cuando llueve e incluso cuando ha nevado. —Es increíble que nunca me diera cuenta de esto… —dice cuando sale de la propiedad y sigue el camino para ir hasta la parada de autobús. El recorrido lo hace con sus audífonos, se baja frente al edificio y con un suspiro, entra, marca su llegada y se va a su puesto de trabajo. El señor Morgan lo saluda con cordialidad, mientras que él responde solo con un «hola» sin ganas antes de ir a guardar sus cosas al casillero. Con el uniforme ya puesto, se acerca para esperar las instrucciones y pocos minutos después ve a Margaret caminar mirando todo el lugar, tomando notas y a todos los presentes acercarse a ella para oír las instrucciones. Una mirada fugaz de ella choca con los ojos grises de Luke y no puede evitar el gesto de sorpresa por algunos segundos. Tras enviarlos a todos a trabajar, Luke ve cómo todos se afanan en iniciar su jornada, mientras que el señora Morgan habla con ella brevemente y Margaret se retira. Por alguna razón extraña, decide mirar cómo se va y, a pesar de esa ropa de vieja amargada junto con ese peinado anticuado que ya ni las abuelitas usan, nota que es una mujer con un cuerpo decente, al menos. —Y yo por qué le ando mirando las nalgas a la vieja amargada esa… —se gruñe y comienza a trabajar. Mientras que en el ascensor, Margaret no deja de pensar en que el mocoso maleducado, a pesar de todo, sí podría ser un buen trabajador después de todo. Se sienta en su escritorio, comienza a trabajar en lo suyo, cuando de la nada se ve con la hoja de vida de Luke entre sus manos. Ve aquella carrera de finanzas que no le convence y se queda mirando por la ventana, pensando en Luke, si ese muchacho será tal como ella, otro elemento más desperdiciado en la empresa. Todo va de maravilla y casi llegan a la hora de almuerzo, cuando ella decide ir a hacer una ronda sorpresa, de esas que suele hacer solo para ver cómo trabajan. Cuando llega todos le hacen un gesto de saludo con la cabeza, hasta que ve a aquel mocoso malhablado moviendo una caja algo pesada. De pronto, uno de los cargadores algo distraído con su teléfono, patea uno de los carritos, cae en el camino de Luke y este termina tropezando, cayendo con la carga al suelo. —¡Luke! —grita ella y corre para verlo, porque la caída no se ha visto nada bien. —¡¿Acaso no te fijas por dónde vas, niño despistado?! —le dice el señor Morgan, quien estaba observando otro camión—. ¡Esa es mercancía valiosa! —Pues que me la descuenten del salario —dice él algo adolorido, pero es Margaret quien termina por hablar. —Señor Morgan, no fue su culpa —dice molesta mientras levanta sin pensarlo el pantalón de Luke para ver si se lastimó la rodilla—. Desde ahora queda prohibido el uso de teléfono o cualquier otra distracción en horas laborales, si quieren usarlos, que sea en su tiempo muerto o en el almuerzo. Morgan asiente, mientras que Luke se queda mirando a aquella mujer que no deja de tocarlo para ver si se lastimó. Luego le toma las manos, las que se han raspado un poco y tira de él para ponerlo de pie sin soltarlo. —No creí que le importara tanto como para defenderme, como soy un mocoso maleducado —le dice él con sarcasmo y ella levanta la mirada con seriedad. —No sería correcto pasar por alto el hecho de que no fue tu culpa. Ven, vamos a la enfermería para que te vean las manos —le dice ella sosteniéndolas aún y mirando si no hay nada más que raspones, cuando la voz de un hombre resuena en el lugar. —¡Margaret, ¿qué se supone que haces tomada de la mano de ese chiquillo?! Y toda esa autoridad, toda esa seguridad que Luke ha visto en ella desde el día anterior, desaparece en un segundo. Pero no solo eso, siente cómo ella comienza a temblar justo antes de soltarle las manos con el rostro pálido, como si la hubiesen descubierto en algo malo.
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