Adrien Cuando la vi salir de mi casa con ese semblante pesaroso y las lagrimas secas en su rostro. Sentí la necesidad de cerrarle la puerta en la cara a la bruja de su tía y estrecharla en mis brazos para consolarla y protegerla de todo mal. Mi sorpresa fue grande al ver ingresar a Kagami ni bien se fueron Marinette y su tía. Portaba una sonrisa de oreja a oreja y agitando su abanico muy cerca de su rostro. Su presencia para mi no era grata en ese momento. Menos cuando no sabía el motivo claro de su visita. —¿Qué haces aquí? — inquirí algo molesto. Pues estaba fastidiado con el simple hecho de haber dejado a Marinette en las garras de su tía. —¿Es que no puedo ver a mi novio de vez en cuando? — preguntó en un modo ofensivo. —Me refería a por qué estas aquí en estos momento

