Adrien Sentía el tacto de unas manos tersas y suaves recorrer cada rincón de mi anatomía. Unas caricias y unos besos que lograron transportarme a un nivel de placer que me llevó al éxtasis. Las sábanas se entrelazaban entre nuestros cuerpos enlazados y tan solo un rayo de luna iluminaba la habitación. —j***r—ruñí para mis adentros, sintiendo como esas manos descendían desde mis hombros hasta mis torso. Enterré mis manos en su cabello azabache tirando ligeramente de él para sacarle un gemido ahogado. Así era como le gustaba ser tratada, como un poco de agresividad y a la vez pasión. —¿Te gusta?—pregunté, tumbándola sobre la cama para poder apreciar su cuerpo con mayor precisión. Me eché encima de ella dispuesto a jugar un poco y sacarle algún que otro gemido de placer. La co

