IV

4383 Words
Adrien   Cerré la puerta con desgana y aún con el sudor recorriendo mi cuerpo, caminé hacia la cocina para coger un vaso de agua. La clase de hoy se me había hecho más pesada que un bulto de plomo y no estaba muy seguro de si el problema lo habían tenido los alumnos o yo.       Tenía la sensación de que ninguno dábamos pie con bola. Los técnicas más básicas se habían ido a la mierda y yo ya ni siquiera sabía como explicarme para que esos incompetentes pudiese dar una estocada en condiciones.       Dejé que el agua cayera por mi garganta, aclarando el ardor de mi boca y además mis pensamientos. Después de la noche tan movidita que tuve, apenas había podido razonar con claridad.       Tampoco pude dormir, pero ¿Cómo iba a hacerlo? Acababa de aceptar dar clases a una cría que jugaba a las tres mosqueteras y al billar. Debía haberme vuelto completamente loco para llegar a ese punto.       Obviamente no podría darle las clases con el resto de alumnos, solo había que pensar en cómo se pusieron todos nada más verla. Tampoco daríamos las clases en la academia, no podía arriesgarme a que alguien me descubriese dando clases de esgrima a una mujer, mucho menos a la sobrina de la familia Cheng.       Lo que solo me dejaba una opción...       «Joder»       La única forma de hacerlo... Era en mi casa.       Sí, anoche cuando dije que aceptaba ayudarla con las clases, lo pensé, y no escuché esa vocecita en mi cabeza que me decía que era una pésima idea y ahora me tocaba aguantarme y cargar con las consecuencias.       Dejé el vaso sobre la gran encimera de madera. Ya lo recogerían los empleados más tarde.       Caminé hacia mi cuarto, quitándome por el camino la camiseta del uniforme. Cerré la puerta detrás de mí y me quedé enfrente del lavabo que había en el baño de mi recámara. Parecía un muerto y no hacía falta nada más que mirarme la cara.      Abrí el grifo y me lavé la cara con agua fría, como si eso pudiera ayudarme a despertar del gran problema en el que yo mismo me había metido.       Acepté ayudarla porque reconocía que la niña tenía agallas. No se veía todos los días a una mujer que le plantara cara a un grupo de lobos hambrientos, borrachos y bebidos. Supongo que fue eso lo que me hizo tirarme con los pies vueltos y tentar a la suerte.        «Te estás metiendo en la boca del lobo y lo sabes»       Sí, lo sabía. Pero siempre me habían gustado los retos y esa chica me había plantado cara dos veces sin vacilar. Así que... veríamos cual de los dos podía más.       El profesor o la alumna.       Dos golpes se escucharon al otro lado de la puerta.       —¿Sí?—dije, poniendo una toalla sobre mis hombros.       —Señor Agreste, la señorita Kagami está aquí y solicita verlo—anunció una de las empleadas de la casa.       —Qué entre—cerré el grifo y salí del baño, encontrándomela sentada a los pies mi cama.      Sus ojos me escrutaron de arriba abajo y por la expresión de su rostro, supe que tenía algo en la cabeza.       —Hola—la saludé, situándome junto a ella.       —¡Vaya!—exclamó con ironía.—Dichosos mis ojos que te ven. Hasta que por fin te dignas a aparecer.      —Nos vimos ayer en la gala benéfica.—Dije, encogiéndome de hombros.       —Por eso mismo, Adrien—se puse en pie y se cruzó de brazos.—Estabas a mi lado y de repente desapareces por arte de magia. No sabes lo mal que lo pasé, inventándome una escusa para disculparte delante de mis padres.        Resoplé por lo bajo y me llevé una mano al pelo, alborotándolo con nerviosismo.        —Tuve que salir fuera un momento—me disculpe.—Acompañé a la sobrina de los Cheng a casa y cuando regresé ya no estabas.       —Espera, espera, espera—levantó sus dos manos, acompañando sus palabras.—¿Qué acompañaste a quien?        —A la sobrina de la mujer con la que...       —¡Ya sé quien es!—me interrumpió.—Lo que no entiendo es qué demonios hacías acompañándola a casa. ¿No se supone que venía con sus tíos?      —Sí, pero estaba en problemas y necesitaba ayuda, ¿Qué querías que hiciera que la dejara a su suerte?—inquirí, molesto por sus jodidos celos.—Si tú hubiese estado en una situación parecido, me habría gustado que alguien te ayudara. Además, te digo precisamente esto para evitar problemas y malentendidos, para que no desconfíes. Y sí te lo digo porque no tengo nada que ocultar.      «Más o menos»      —Sí, sí, todo eso de pareja sincera y formal te queda muy bonito, pero yo no estoy hablando de su buena acción de héroe del día, sino de lo que me hiciste en la gala—me aclaró.—Me dejaste tirada. Todo el mundo nos vio entrar juntos y cuando me doy la vuelta resulta que mi prometido se ha fugado, ¡ah no, espera! Qué ni siquiera es mi prometido.       Puse los ojos en blanco, sin evitar soltar una maldición por lo bajo.      «Y ya empieza»      —Kagami... No empieces con ese asunto del compromiso—le advertí.       Hoy no era el mejor día para empezar otra discusión por el mismo tema de siempre.       Kagami y yo estábamos juntos y éramos pareja oficial, o bueno, más o menos. Yo aún no le había propuesto matrimonio, y... de momento, no tenía pensado hacerlo. Todo ese asunto me exasperaba tanto como me agobiaba.      Yo era feliz tal y cómo vivía, con mi academia, mi pasión por el esgrima e ir de lado a lado sin tener ninguna clase de ataduras. Pero, Kagami no pensaba igual que yo. Su familia era demasiado tradicional y no hacían otra cosa que presionarla para poner una fecha a nuestra boda y por ende, ella me presionaba a mí. Y yo... simplemente hacía oídos sordos.      —Mis padres pensaban que aprovecharías la gala de anoche para anunciar nuestro compromiso—musitó, cabizbaja.—Estaban muy convencidos de ellos, tanto que llegaron a convencerme a mí también.      Suspiré.     No me gustaba verla sufrir, sobre todo si yo era el causante de ese pesar.      —Oye...—la cogí de  la mano y la atraje hacia mí ligeramente.—No te preocupes por eso. Una boda no significa nada... ¿Qué cambiaría? ¿Tener cada uno un anillo en el dedo? Eso da igual, y lo que importa es que yo te quiero y tú me quieres a mí, lo demás es solo cuestión de formalidades.       —Pero la gente habla, Adrien—dijo, torciendo la mirada hacia un lado.—Tenemos edad suficiente para casarnos y... llevamos juntos dos años, ¿no crees que deberíamos plantearnos otro estilo de vida?       —Claro que sí—dije, sin dudarlo.—Y lo haremos. Nos casaremos como todo el mundo y tú te vendrás a vivir aquí conmigo. Solo te pido que me des tiempo, ¿vale? Te prometo que muy pronto tomaré una decisión y daré el paso.         Invadí su espacio personal besando sus pálidas mejillas y ladeando mi cabeza para lograr alcanzar su cuello y recorrerlo con besos, tenía que evitar que sacara de nuevo el tema.       —No pienses en eso ahora ¿Vale?— bisbiseé en su oído removiendo con la nariz su corto cabello n***o y abriéndome paso a sus labios, siempre que los besaba sentía como si estuviera besando un par de cubitos de hielo, debido a su fría y calculadora actitud había tomado costumbre el que mi mente maquinara que era como estar besando a un témpano de hielo. Más eso, no me importaba mucho al momento de tener relaciones.        Comencé a mordisquear su cuello y a lamer su clavícula, sabía que era sensible en esas áreas, sí que procuré hacerlo con más insistencia escuchando en mi oído su agitada respiración y sus manos apretujando mi cabello.       — Adrien — susurró Kagami con un hilo de voz desvaneciéndose en mis brazos.       Sabía que eso funcionaría.       Sonreí de lado y comencé a deshacerme de cada una de sus prendas, primero quité el broche de su pomposo vestido, dejando a la vista el apretado corsé que llevaba debajo. A veces me preguntaba como podía llevar una cosa como esta sin morir asfixiada, bueno, supuse que era cosa de mujeres... aunque, esa joven de la fiesta casi se muere con uno de estos.       Me frené por unos segundos y sacudí la cabeza de lado a lado tratando de evadir esos pensamientos, ahora estaba con mi novia, y no podía pensar en otra que no se ella en estos momentos, ni siquiera para comparar sus prendas de vestir.       Continúe a la tarea de llenar de besos el valle de sus senos, cerré los ojos y aspiré el caro olor del perfume que ella se ponía a diario, a veces incluso se echaba tanto perfume, que daban ganas de estornudar.       La tumbé en la cama terminando de quitar el apretado corsé y dejando que la parte superior de su vestido resbalara hasta el suelo, Kagami empujaba mi cabeza hasta sus pechos tratando de hacerme saber lo mucho que le gustaba que acariciara esa parte.       Con mi lengua tracé un recorrido desde su ombligo hasta llegar entre sus pechos, causándole un intenso escalofrió que se extendió por toda su columna vertebral e hizo que todos los vellos de su cuerpo se erizaran. Mi caso no era muy diferente al de ella, mi m*****o comenzó a sentir esas caricias eléctricas que ella daba sobre mi cabello y espalda, mi boca jadeo cuando ella enredó sus piernas a mi cadera, que aún tenía el pantalón puesto. La ropa me estaba sofocando, sumado al calor del cuerpo de Kagami, mi cuerpo estaba llamas, así que comencé a quitarme la camiseta con desespero y ataqué los labios fríos y finos de Kagami sin dejar de acariciarnos el uno al otro.       —¿Todavía sigues teniendo dudas de que te amo? — murmuré sobre sus labios introduciendo mi lengua en su cavidad saboreando cada rincón de su boca.       Kagami dio un largo suspiro y contestó.       —Mi chico salvaje, demuéstrame que me amas— se abrazó más a mi cuerpo y comenzó a balancear sus caderas haciendo que mi m*****o reaccionara a sus toques, los empujes que daba su intimidad contra mi m*****o eran una jodida delicia, y lo estaban poniendo poco a poco más duro.       — Sabes como me encanta que te muevas así — jadeé en su oído mordiendo su lóbulo y realizando los mismos movimientos de ella.       — Precisamente por eso lo hago — ronroneó en mi oído como si me estuviera contando de alguna travesura.       —Eres demasiado traviesa— mascullé con una voz ronca, casi irreconocible.—te gusta hacerme perder el control— hablé mordisqueando sus pequeños pezones endurecidos, haciéndola arquearse.       —¡Ahh! Tu también me haces perder la cabeza — gimió extasiada tirando su cabeza hacia atrás.       —¿Te hago perder la cabeza?—pregunté con una sonrisa ladeada. — ¿Qué tanto? — inquirí desabrochando la hebilla de mi pantalón.       —Mucho — siseó enloquecida, se removió en la cama tratando de conseguir más caricias, caricias que no le iba a proferir hasta que pierda totalmente la cordura.      Sonreí de lado, disfrutando el efecto de mis manos, mi boca y mi lengua sobre ella. Desde sus pechos seguí una ruta de descenso, tanteando su vientre, después sus caderas y luego esa parte que tan loca la volvía.       Kagami  gimió, sintiendo como mi mano tocaba arriba y abajo su intimidad, dándole toques lentos y pausados hasta lograr humedecerla lo suficiente.        —Adrien—se quejó y todo su cuerpo fue sacudido por una encogida. Sabía lo que quería. Quería más, mucho más fuerte y más salvaje, pero yo, no estaba dispuesto a dárselo todavía.       Cuando la sentí lo suficientemente húmeda, colé uno de mis dedos en su interior haciéndola gritar de placer. Su espalda se arqueó y sus manos se aferraron con fuerza a las sábanas.       —¿Te das cuenta de por qué no necesitamos casarnos aún?—la provoqué sacando un metiendo mi dedo con lentitud, torturándola con una sonrisa de suficiencia en mi boca.—Tú y yo somos uno. Tú ya eres mía, no tengo por qué ponerte un anillo en el dedo para demostrártelo—mi dedo comenzó subir el ritmo de las penetraciones y cuando la vi retorcerse de placer metí un segundo.       Me incliné para besar sus labios viendo cómo se derretía entre mis brazos.        —Sólo disfruta cada momento que pasamos juntos y olvídate de las preocupaciones—murmuré con voz ronca mientras veía cómo venía su tan ansiado orgasmo.        Saqué ambos dedos antes de que alcanzara el clímax. No quería que se corriera con mi mano, sino conmigo dentro de ella.       Me quité los pantalones y todo lo que llevaba hasta quedar completamente desnudo. Escalé por la cama hasta quedarme encima de ella, con una mano a cada lado de su rostro. Me di el lujo de regocijarme en su entrada, frotando mi m*****o en ella para tantear el terrero. Sus gemidos y súplicas fueron música para mis oídos.       Acomodé la punta en ella y cuando mis ojos se encontraron con los de ella la penetré de una sola embestida, entrando de una vez.      Abrió los ojos de sorpresa y clavó sus uñas en mi espalda mientras que sus piernas me rodeaban desesperadas la cintura.       Cuando me acostumbré a su interior me fui moviendo poco a poco, entrando y saliendo de ella. Se mordió el labio inferior y cerró los ojos sintiendo como la embestía de esa forma que la volvía loca.       —Hazlo más rápido—dijo entre gemidos.      —¿Así?—incrementé el ritmo, aumentando mis embestidas. La embestía con fuerza, de forma salvaje, y a lo bestia. Eso era lo que le gustaba, lo que la hacía llegar al éxtasis.      —S-Sí—gimió de placer, mientras nuestros cuerpos chocaban el uno con el otro.      —Joder...—musité sintiendo como mi m*****o se hacía más grande en su interior, preparándose para verter todo lo que tenía dentro de ella.       Debía estar preparado para sacarla antes de correrme en su interior, pero ella aún no había llegado al orgasmo y no pensaba dejarla a medias.       Seguí penetrándola, aguantando con todas mis fuerzas no correrme.       Esbocé una mueca y maldije en dos ocasiones mientras comenzaba a desesperarme y con mis labios atacaba sus pezones para ayudarla a c******e conmigo.       Kagami gritó de placer y se arqueó cuando comencé a lamer sus senos sin detener mis embestidas.      —Te amo Adrien—musitó en un mar de placer.—No sabes cuando te quiero...      Y fue con esas palabras que todo se volvió blanco. La saqué justo a tiempo y entonces me corrí en su vientre. Gemí, bajo los efectos de unos de los orgasmos más maravillosos que había tenido.      Mi pecho subía y bajaba, exhausto. Miré a Kagami y por sus expresión y sus mejillas sonrojadas supe que también había logrado venirse conmigo.       Sonreí de lado y me incliné para depositar un casto beso en sus labios.       —Yo también te amo, amor—susurré abrazándola por la espalda y atrayéndola a mí.—No dudes nunca de mí.       Los dos estábamos sudados en impregnados por la esencia de nuestras respiraciones.       —No lo haré...—prometió.    ⚔ Marinette Estaba, como siempre, encerrada en mi habitación, aunque algo emocionada. Sabía que hoy, era mi primera clase de esgrima con Adrien Agreste, y eso era... ¡Una locura! Al fin podría estudiar el deporte que tanto había querido desde niña.       Escabullirme sería muy fácil, pues mi tía aún seguía molesta por lo de la fiesta y por lo tanto, seguía sin dirigirme la palabra. Jamás había estado tan feliz de que ella me ignorara.       Rebusqué en mi armario un vestido sencillo y cómodo de un color crema claro con mangas y de largo hasta los tobillos. No era precisamente el vestido que usaría cualquier muchacha, pero si para alguien que quiere ir cómoda a su primera clase de esgrima.       Asomé mi cabeza fuera de mi habitación y revisé a ambos lados tratando de visualizar a mi tía o a cualquiera de los sirvientes que pudieran evitar mi escapada.       «Bien, no hay moros en la Costa»       Procedí a retirarme de la mansión de mi tía silenciosamente. No había ni siquiera un alma fuera de esta, más eso me facilitó la tarea de salir en una sola pieza de allí. Antes de irme, había revisado por cuarta vez la hora. Eran las 8:45, tenía 15 minutos para llegar a la casa de Monsieur Agreste puntual, él había sido muy claro en decirme que no le gustan los retrasos y obvio no iba a faltar a mi promesa de llegar temprano y no decepcionarlo en las clases.       El tiempo había pasado volando, y sin que yo me diera cuenta había llegado a casa de mi profesor en menos de lo que canta un gallo. Bueno, más que una casa, era una mansión, pero sea lo que sea, había llegado y con... 5 minutos de adelanto.       Sonreí con suficiencia y toqué el timbre de la fortaleza frente a mi.       Enseguida una mujer de unos 35 años calculé, me abrió la puerta, su mirada carecía de brillo y su semblante de emociones, más no me deje amedrentar y con una voz firme dije mi nombre y la razón por la que vive, obvio sin decirle que practicaría esgrima con Monsieur Agreste,      —¿Usted es Madmoiselle Cheng? —preguntó desconfiada arqueando una ceja. Rápidamente, asentí firme con la cabeza.       —Bien, entonces sígame por aquí — me indicó haciéndose a un lado y dándome paso dentro de la casa.       Caminé en silencio hasta que la mujer que tenía su mirada clavada en mi espalda como dos dagas, se esfumó dejándome sola en esa enorme casa. Pasaron los minutos hasta que alguien me tocó el hombro sobresaltándome.       —¡Vaya señorita Cheng! Veo que es una mujer de palabra — mencionó el Sr. Agreste revisando la hora en su reloj de bolsillo — es bueno ver que cumpla sus promesas, venga por aquí —e hizo un gesto con la cabeza señalando una habitación enorme con muchas cosas para ejercitarse. Supuse que era su sala de entrenamiento.       — A partir de ahora, este será nuestro salón de clases — dijo mirándome fríamente.       Estaba impresionada. En la mansión de mi tía teníamos varias habitaciones extras y un hermoso y enorme jardín, pero esto... creo que aunque tenga un mapa en mis manos con las zonas señalizadas me perdería... ¡Era inmenso!       —¿Cuándo iniciamos? — pregunté emocionada con la alegría y el gozo recorriendo cada centímetro de mi piel.       El me miró y me hizo una señal para que hiciera silencio con uno de sus dedos. Lo primero que hizo fue incitarme a que me colocara un traje de esgrima que, cabe recalcar, me quedaba algo grande, bueno... Bastante grande, pero aún así no me quejaba, soportaría cualquier cosa con tal de estudiar esgrima.       —¿¡Comenzamos ya!? — insistí aún más emocionada que antes.       El me miró con el ceño fruncido y habló.       —Primera regla. No puedes hablar a menos que yo te lo permita — increpó mirándome severamente.       —Lo siento Señor — me disculpe avergonzada cubriendo mi boca con ambas manos para mantenerme callada.       El carraspeó y continúo.       —Segunda regla, te dirigirás a mi como Profesor Agreste, nada de Señor linda. Ese esta en el cielo — me indicó como bono extra.       Asentí.       —Muy bien, y la última regla pero la más importante de todas.... nunca decirle a nadie, que soy tu profesor ¿Entiendes? — inquirió mirándome fijamente. Yo nada más asentí para no incumplir la primera regla de "Cero palabras".       —Por el momento comenzaremos con un simple calentamiento — señaló — tienes que preparar tu cuerpo para soportar a base de simples ejercicios que te ayudaran a calentar tus músculos y se te hará más fácil la terea de aprender esgrima... ¿Alguna duda? — cuestionó posando sus fuertes brazos en su cadera.       Negué con la cabeza como si fuera una sordo-muda.       Cuando él escudriñó que no tenía más complicaciones con respecto a las clases, me indicó que me colocara frente a él y comenzamos con los ejercicios, nada difícil al principio, pero a medida que iba pasando el tiempo, me era casi imposible seguirle el ritmo, llegué incluso a parar para descansar un momento, más la fría y acusadora mirada de Adrien me hizo arrepentirme de mi decisión, así que sin más remedio continúe con los ejercicios.       Para cuando acabamos, según el reloj de bolsillo de Adrien, eran las 11:35 de la mañana, no sabía que el tiempo podía irse de volada solo haciendo unos ejercicios.       Yo aún jadeante y casi al borde del delirio, logré escuchar como Adrien me ubicaba en medio de aquel enorme salón. En sus manos traía dos espadas de esgrima que estaban hace unos segundos, colgadas en la pared. Me dio una de las espadas y yo la tomé con algo de nerviosismo, por lo de la última vez.       —Lo primero que debes saber antes de aprender esgrima es agarrar bien el arma — se colocó detrás de mi y su fresco aliento mentolado chocó contra mi nuca estremeciéndome, temblé un poco ante su ligero contacto al corregirme mi modo de tomar una espada, pero seguí firme escuchando sus enseñanzas.—Mejor — sentenció con su voz ronca y masculina que hizo que todos los vellos de mi nuca se pusieran en punta.       Sonreí delicadamente al escucharlo decir eso.       —Necesitarás algunas palabras básicas para entender de la esgrima. — argumentó separándose detrás de mi y volviendo al frente — Algunos de los términos más importantes que aprender al principio son: en guardia, ataque, parada, respuesta, contra respuesta. El ataque es una acción ofensiva, mientras que la parada es defensiva — me explicó caminando de un lado a otro con las manos detrás de su espalda y una postura firme.     Yo miré al techo, procurando meter en mi cabeza y memorizar cada una de aquellas palabras.       —Ahora, el movimiento básico de los pies. Este es completamente fundamental en la esgrima, así que es importante desarrollar un movimiento fluido y sencillo.— aclaró avanzando hacia mi lentamente mientras decía estas palabras — Pero,  lo básico que tendrás que aprender es la posición de guardia, y el avance y retroceso simples.     Miré los movimientos de sus manos y sus pies y traté de imitar cada una de las posturas que él tomaba.       —Párate de costado, con la mano que tiene la espada adelante, con el pie de ese lado apuntando hacia tu oponente y el de atrás en un ángulo de 90° aproximadamente hacia afuera. — alegó. — Cuando te muevas hacia adelante, el pie que está al frente guiará el movimiento y cuando retrocedas, será el de atrás.        —Con la mirada decidida me posicioné como me había dicho y blandí la espada hacia el frente imaginando a mi oponente, al recalcar la palabra "oponente" no pude evitar pensar en el rostro de Lila siendo despellejado por mi espada, eso me hizo sonreír burlona a la vez que terminaba de colocarme en la posición pedida por mi maestro.       —La posición esta correcta — bisbiseó en mi oído — pero necesitas tener las muñecas sueltas y flexibles para un mejor agarre de tu arma, no la sujetes con tanta fuerza — me advirtió aflojando un poco el agarre de mis manos sobre el arma.—Correcto — felicitó Adrien con una pequeña sonrisa — bien, ahora... por lo general los maestros de esgrima te hacen practicar primero con el florete, luego con la espada y al último con el sable — enumeró Adrien mirándome fijamente a los ojos — pero, dado a que este es un caso muy... peculiar, te dejaré que decidas — me avisó seriamente. — Elige ¿florete, espada o sable?        — Espada — contesté sin pensarlo un segundo.       — ¿Estas segura? — preguntó arqueando una ceja al ver la rapidez con la que formulé la respuesta.       —Estoy segura — volví a contestar sin temor alguno.       Adrien asintió firmemente y continúo con las clases.       Ya eran la una y media de la tarde, cuando Adrien termino de hacerme ensayar todos los movimientos que me explicó anteriormente, aún creía estar en un sueño, pero la punzada de dolor en mis músculos al practicar tanto la misma postura desmentían por completo a mi mente de si esto era un sueño o no.       —Espero no haberte parecido muy duro el primer día—dijo, caminando hacia el gran panel donde tenía las espadas.—Pero, créeme, es necesario que vayas sabiendo de qué va la cosa. Y para que lo sepas, la esgrima no es ningún juego.       —Nunca la he considerado como tal—Le aseguré, arremangándome las largas mangas de su traje de esgrima prestado.—Y para que lo sepa, siempre he tratado con mucho respeto el esgrima.       —Bien—dijo secamente.—Me alegra oír eso.       Lo observé caminar hacia una de las grandes habitaciones de la casa, desapareciendo por ella  y dejándome completamente sola.       A las 2 Adrien tendría clases con sus alumnos... sus verdaderos alumnos. Así que me dio 10 minutos para cambiarme de vuelta y regresar a casa de mi tía, que con suerte, o se habrá dado cuenta en todo este tiempo que me escapé.       Me quité el uniforme en una de las habitaciones de la casa y le devolví el traje junto con la espada. Le agradecí infinitamente y él se despidió cortés pero fríamente de mí, indicándome que las clases serian todos los día a la misma hora. Ya estaba acostumbrada a ese comportamiento serio a todas horas.        No le dije nada al respecto, solo salí de la mansión Agreste más feliz que nunca, feliz porque mi sueño de practicar esgrima, se estaba haciendo realidad...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD