Era un nuevo día. Regina se despertó con los primeros rayos del sol colándose por las cortinas de la habitación en la villa. El aire salado de la isla entraba por la ventana entreabierta, y el sonido lejano de las olas la llenó de mucha calma. Necesitaba esas vacaciones y le estaban sentando mejor de lo que ella creía, a pesar de que las cosas no habían salido según su plan. La vida daba muchas vueltas y ella ya no se mareaba con tantos giros. Miró a Damián, aún dormido a su lado, el pecho subiéndole y bajándole con respiraciones profundas, la sábana enredada en sus piernas. Había algo diferente en él desde que volvió anoche, una intensidad que no podía descifrar del todo, pero que la hacía feliz, feliz porque él estaba a su lado. ¿No era eso lo que siempre había querido? Estaba

