Capitulo 11

1291 Words
Tom pensó que Jane estaba demasiado pálida, cuando estaba a punto de marcharse para recoger la Micki aquella noche. Se detuvo, jugueteando con las llaves del coche que llevaba en el bolsillo. -¿No te importa quedarte sola? -preguntó. Estaba muy atractivo con sus pantalones oscuros, sus botas color crema, su camisa vaquera y su corbata negra. -Claro que no -contestó orgullosa-. Me quedaba sola muy a menudo cuando Joe y Meg se marchaban para visitar a su hija. Suelen ir al menos un sábado al mes, y no regresan hasta bastante tarde. Tom parecía preocupado. No le gustaba dejarla sola en el rancho, tan lejos del vecino más cercano. -Ésta no es una ciudad grande -insistió, exasperada-. Por Dios, nadie va a venir a matarme. Pero por si acaso, tengo una escopeta detrás de la puerta, y te aseguro que sé cómo usarla. -Si es que tienes tiempo de cargarla -murmuró-. ¿Sabes dónde están los cartuchos? -Puedo encontrarlos si los necesito. Tom levantó las manos. -Vaya, ¡qué tranquilizador! Espero que los intrusos potenciales sean lo suficientemente educados como para esperar hasta que los encuentres. -¡Casi tengo veintiséis años! -exclamó furiosa-. Puedo cuidar de mí misma sin ayuda de ninguna niñera alta y rubia. Márchate y métete en tus asuntos. ¡Estoy deseando pasar una velada tranquila con un buen libro! -Seguro que te vendrá muy bien. Un magnífico libro sobre la batalla de El Alamo. Te tranquilizará -dijo con ironía, tomando el libro que estaba en el sofá. Jane estaba tumbada en él, con vaqueros y una camisa verde y grande. -Me gusta la historia. -Creo que una simple novela amorosa te vendría mejor. Un pequeño placer sería mejor que nada. Sus ojos azules brillaron. -¡Si quisiera amor, sabría dónde encontrarlo! -Vaya, vas a conseguir que me ruborice -bromeó. -¡Nunca lo haría contigo! Aunque te lo agradezco. Sin embargo, no me resultas nada atractivo. -¿De verdad? Se inclinó sobre ella y Jane volvió la cara, pero él puso una de sus manos tras su oreja y la obligó a mirarlo. Apenas tuvo tiempo de mirar aquellos ojos azules antes de sentir que la estaba besando. Reaccionó de forma instintiva, empujándolo para que la dejase, pero en cuestión de segundos se dejó llevar por el deseo. Tom olía a menta y a colonia. Y el seductor aroma la sedujo tanto como sus movimientos de su boca. Apretó las manos sobre su camisa a modo de protesta, pero él comenzó a acariciarle el cuello con suavidad. Jane sintió que su respiración se aceleraba y que su contacto despertaba en ella un deseo profundo y dormido. Era como una primavera que al fin hubiera llegado. Gimió y entreabrió los labios dejándose llevar por el beso. Tom tomó sus manos y se las llevó al pecho, para moverlas después con sensualidad sobre sus duros y cálidos músculos. Su respiración también se había acelerado, y la atrajo hacia sí con fuerza. Su gemido lo había excitado aún más. Ni siquiera se dio cuenta de que poco a poco se había tumbado literalmente con ella sobre el sofá. Jane notó los cojines en su espalda y su fuerte cuerpo encima. Podía sentir sus brazos, sus piernas y su boca, que la seducía en silencio de tal modo que podía escuchar los latidos de su corazón. Entonces Tom metió las manos por debajo de su camisa, explorando su espalda como si le perteneciera. Una de sus piernas se había abierto camino entre las piernas de Jane, y se movía de forma seductora. Finalmente, consiguió apartarse de él unos milímetros, e hizo un esfuerzo para recobrar el sentido. -No -susurró. Tom le acarició el pelo con una mano mientras con la otra se quitaba la camisa. No llevaba nada debajo. Con suavidad, empujó la cara de Jane contra su piel suave y cálida, animándola a que lo besara en el cuello. Jane nunca había experimentado algo tan íntimo. Intentó resistirse, pensando que precisamente en aquel instante se iba a marchar con otra mujer. Pero continuó besándolo bajo su experta guía. Sentía curiosidad y se sentía muy atraída por él, de modo que hizo lo que él quería que hiciera. No estaba preparada para enfrentarse a aquel cuerpo musculoso, ni para el gemido torturado del hombre que estaba con ella. Dudó, pero su mano se cerró sobre su cabello y Tom gimió una vez más. Así que continuó acariciándolo, tocándolo en todo el cuerpo y descubriendo un sinfín de nuevas sensaciones. Tom había puesto ambas manos sobre su cabello, y guiaba su boca a través del fascinante territorio de su pecho. Mientras lo besaba, gemía y reía encantado. Se cambió de posición y se tumbó de espaldas, con ojos brillantes por la emoción y el pecho desnudo. Entonces, ella lo miró y él sonrió enfebrecido. Jane tocó su pecho, acariciando el vello n***o que lo cubría y observándolo mientras lo exploraba. Cuando llegó a la altura del corazón, él la agarró. -Ni siquiera sabes qué hacer -dijo casi enfadado-. ¿Necesitas tener un manual a mano? Jane parpadeó y recobró el buen juicio de repente. Apartó las manos de él y se sentó, haciendo un gesto de dolor al sentir la punzada en la espalda. Se preguntó qué aspecto tendría. Su rostro estaba enrojecido, su pelo revuelto y sus labios brillantes. En cuanto a su ojos, brillaban como dagas. Tom la miró como si no la reconociera. De hecho, no se parecía mucho a la pálida y tranquila mujer que era habitualmente. Recordó que se había inclinado sobre ella y que la había besado, y que después la situación se le había escaparlo de las manos. No podía entender cómo había permitido que las cosas llegaran a tal punto. Se levantó y tomó su camisa, intentando respirar con normalidad. Acababa de cometer una estupidez terrible. Jane sentía emociones semejantes. Con la diferencia de que después del comentario sarcástico que había hecho dudaba que volviera a hablar con él en toda su vida. Tomó su libro y lo abrió, sin mirar a Tom. Se sentía avergonzada y nerviosa, porque se había mostrado vulnerable. Tom terminó de ponerse la camisa y se la metió por debajo de los pantalones. Las manos le temblaban, lo que lo enfureció aún más. Había conseguido sacarlo de sus casillas sin intentarlo siquiera. Al parecer no podía controlarse cuando la tocaba. Aquello nunca le había sucedido con Marie, ni siquiera cuando estaba enamorado de ella. Y después de lo sucedido, Jane permanecía sentada allí, con una terrible frialdad, como si no le hubiera afectado en absoluto. Su enfado aumentaba por segundos. -¿No vas a decir nada? -preguntó él, mirándola con dureza-. ¿Piensas decir de nuevo que no me encuentras atractivo? Ella no levantó la mirada. Su rostro se enrojeció un poco más, pero su expresión no cambió. No dijo nada en absoluto. Tom caminó hacia la puerta. -Yo cerraré. Ella asintió, pero él no la miró. Salió sin hacer ningún comentario. Su corazón latía a toda velocidad y no estaba seguro de que sus piernas pudieran llevarlo hasta el coche. Fuera lo que fuese lo que sentía por aquella mujer, lo odiaba. Sólo deseaba poder dominarse. No podía darle nada y no era justo que se aprovechara de ella, aunque Jane se había mostrado más que receptiva hasta el final, cuando pareció asustada y enfadada. Pero no había dicho una sola palabra. Ni una sola. Se preguntó qué estaría pensando. Entró en el vehículo, arrancó y salió disparado de aquel lugar. En cualquier caso carecía de importancia lo que pensase, porque aquello no volvería a suceder nunca más. Pasaría un buen rato con Micki y se olvidaría de la existencia de Jane.
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