¿Decirles a mis padres acerca de Matilde? No, definitivamente no pensaba hacerlo. Lo mejor era que desconocieran por completo su existencia.
— ¿Acaso estás loca? No puedo hacer eso y lo sabes bien, mis padres…
— Deja de ser un chiquillo, tus padres ya vivieron su vida y no pueden escoger la tuya.
Kensy manejó rumbo al edificio, muchas dudas venían a mi mente. Matilde realmente era una mujer que me hacía despertar cosas que nadie me había despertado antes, ni siquiera Charlize.
Pero por otro lado estaba el hecho que ella era físicamente diferente a las demás mujeres que me rodeaban y que admitía que con más de una me había sentido atraído, el problema era cuando ellas abrían su boca y mostraban su carencia de personalidad, también el hecho que solo buscaban dinero en mí.
Matilde era lo contrario a esas mujeres, su personalidad era diferente y en definitiva no estaba detrás de mi dinero.
— Detén el carro — le ordené a Kensy al ver a Matilde caminando por la calle — esa es Mati.
Me bajé del carro y fui en su dirección, en el momento que la tomé del brazo me dejó ir una bofetada.
— ¡Alex! — ella se asustó al ver que era yo pero su rostro se endureció — ¿Qué hacías caminando por la calle? Vamos, te llevo a tu apartamento.
— No quiero, ¿En qué rayos pensabas al asustarme así?
— Disculpa, es que te miré en la calle y…
— Y nada, déjame en paz que si estoy así es por tu culpa.
Matilde se fue caminando derecho y maldije, en esos momentos unos transeúntes la miraban y murmuraban.
— Si, miré cómo ese taxista se aprovechó de ella y le decía cosas horribles, pero la mujer no se dejó y le dió un puñetazo bien dado.
— Pero mira — una de las mujeres me miró — al parecer él es su novio, deberíamos decirle.
— Disculpen, señoritas — me acerque a ellas — serán tan amables de repetir lo que dijeron.
— Creo que mejor se lo mostramos, su novia es muy valiente.
Miré a Matilde hablando con un hombre que tenía una mirada lasciva y después que ella lo mandó al diablo e incluso le dió un puñetazo.
— Nos ofrecimos a llevarla pero dijo que necesitaba caminar para despejar su mente , es increíble porque vaya que es un buen trecho lo que ha avanzado.
— Se los agradezco — miré a Kensy bastante seria — ¿Miraste el vídeo?
— Si.
— Ya sabes que hacer.
— Claro.
Nos fuimos de ahí y seguimos a Matilde, ella caminaba sin detenerse. Intenté convencerla de que se subiera pero fue inútil.
— Mati, por favor sube al carro, es casi mediodía y el sol está insoportable.
— Por empezar no me digas Mati, eso solo lo hacen mis amigos y tú eres un error en mi vida. Segundo, el sol es menos insoportable que tú, así que entre un mal y otro mal prefiero el menor.
Fui incapaz de dejarla sola así que el carro fue detrás suyo en todo momento para mantenerla a salvo. Cuando llegamos al edificio eran casi las dos de la tarde, Matilde nunca ralentizó su ritmo y cuando llegó al edificio fue directo al elevador entonces entré y cerré las puertas.
— ¿Qué crees que haces? — ella suspiró pesadamente al ver que estaba entrando — te lo juro que eres peor que una chinche de cama. Déjame en paz, Alex. En suficientes problemas me has metido como para seguir molestando.
— Necesito hablar contigo — ella se recostó en la pared del elevador y miré que se puso pálida — Matilde, ¿Estás bien?
En el momento que terminé mi pregunta miré como ella se desplomó, la sostuve a tiempo entonces la cargué. Estaba caliente, demasiado.
— Niña necia — hablé en tono de reproche y angustia — te dije que subieras al coche.
El elevador se detuvo cuando llegamos al piso en el que Matilde se estaba abriendo. Miré la cerradura y solo fue necesario apretar unos botones para que la puerta se abriera.
“Bienvenido, señor Montague” la voz automática del apartamento me dió la bienvenida “¿Necesita usted hacer alguna prueba o algún servicio?”
— Por favor llama al doctor asignado para este edificio, necesito que venga a este apartamento.
“En seguida, señor Montague”
Fui a colocar a Matilde a su cama y al quitar sus sandalias miré que tenía unas ampollas enormes, suspiré pesadamente y fui al botiquín que había puesto en cada uno de los apartamentos. Al llegar donde ella miré que estaba empezando a reaccionar.
— ¿Qué me pasó? — puso sus codos en la cama — ¿Qué haces aquí, Alex?
— Te has desmayado y te he traído aquí. Ya viene un doctor para revisarte, si hubieses subido al carro nada de esto estaría pasando pero eres terca como una mula.
— No era necesario que llamarás al doctor, me siento bien. Además cuando estoy contigo parecemos perros y gatos, me has metido en demasiados problemas y no me apetece verte. Ve con esa doctora que no dejaba de hacerte ojitos.
— Esa mujer no me interesa y estoy donde quiero estar — los ojos de Matilde se abrieron de par en par al escucharme decir esto — tienes algo que me hace querer estar contigo.
— Lo mejor es que te vayas, no quiero que vayas a decir que estar a mi lado también es un error — miré enojo y dolor en sus ojos — vete y dile al doctor que ya estoy bien.
— ¿Hasta cuándo me vas a echar en cara lo que te dije ese día?
— Hasta que me deje de doler.
— Lamento lo que dije ese día, no era mi intención herirte.
— Si esa no era tu intención, me pregunto que va a pasar cuando sí lo sea — los ojos de Matilde se estaban cristalizando — vete, ya suficiente me has jodido la vida.
El timbre sonó y fui a ver, al abrir miré al doctor que entró con total calma, en el camino le conté lo que había pasado y él se limitó a escuchar. Revisó a Matilde y le tomó la temperatura.
— Tiene fiebre y está insolada. Por eso es que se desmayó, con una ducha y que beba bastante líquido se va a reponer.
— ¿Y para los pies, doctor?
— Oh, no lo había visto — él ajustó sus lentes — tendré que reventar las ampollas para que sanen rápido y dejaré un líquido que le ayudará a cicatrizar rápido.
El doctor le reventó las ampollas a Matilde y ella solamente hacía muecas por el dolor pero en ningún momento se quejó por esto.
— Muy bien, el trabajo ya está hecho.
— Doctor, ¿Cuánto le debo? — Matilde tomó su cartera pero la detuve — ¿Qué sucede? No quiero que lo pagues tú.
— No es eso, la consulta del doctor ya está paga. Eso se incluye en el precio de la renta.
Pensé que no me iba a creer que era cierto pero por suerte se tragó mi cuento, acompañé al doctor a la salida y saqué mi billetera.
— Aquí tiene, doctor. Muchas gracias por sus servicios — él tomó el dinero — también por su silencio.
— No tienes que agradecer, muchacho — él guardó el efectivo y me dió una receta — ve a surtirla a la farmacia.
Él se fue y envié a Kensy a la farmacia, miré el agua que estaba derramada así que busqué el trapeador para secarla. Iba a hacerlo cuando escuché un golpe muy fuerte.
— ¡Matilde, por Dios! — ella estaba en el suelo y me aproxime de inmediato — pero acaso estás loca, mujer.
— Si — contestó con naturalidad — ahora déjame en paz y vete. Ya el doctor me revisó y…
No dejé que terminará, la besé y ella se sorprendió. Intentó separarse de mí pero no lo permití y al final terminó cediendo, sus manos se deslizaron con afecto por mis brazos.
— Ven aquí — la sostuve entre mis brazos y la levanté, la puse en la cama con cuidado entonces me recosté en su cuerpo — ¿Qué me has hecho, Matilde?
Mi cuerpo no estaba completamente apoyado en ella, pero en la postura que estábamos me permitía besarla en cada zona que quisiera.
— Alex, no — ella lanzó un gemido cuando besé su cuello — por favor no hagas esto…