Capítulo 3

1039 Words
—Tome asiento, por favor —menciono. Me dirijo a mi asiento, dejo el boceto en mi escritorio y me siento en mi silla. —Gracias —responde. Se acerca y lo veo sentarse en la silla frente a mi escritorio. Sus movimientos son tranquilos y elegantes. No noto rastro de nerviosismo o algo parecido. —Primero que nada, déjame presentarme. Soy Katherine McCarthy. Dueña y presidenta de la empresa. Espero que no tengas problemas con trabajar bajo las órdenes de una mujer. Oliver se acomoda con calma. —En absoluto, señorita McCarthy —responde, con esa voz tranquila que se desliza entre las paredes de mi oficina como si quisiera instalarse allí. —De hecho, siempre he considerado que la capacidad de liderazgo no distingue género... distingue carácter. ¿Está intentando impresionarme? ¿O simplemente no necesita hacerlo? Lo observo con cuidado. No hay tensión en sus hombros, no hay ansiedad en su postura. Parece cómodo. Demasiado cómodo. —Bien —digo, cruzando las piernas con elegancia—. Entonces hablemos de tu experiencia. ¿Qué te hace pensar que puedes cumplir con las exigencias de este puesto? Él inclina ligeramente la cabeza, sin perderme de vista. —Porque me preparé para manejar presión. Y porque entiendo que el éxito está en los detalles. Miro sus ojos. Verdes. Introspectivos. Peligrosos. La expresión de Oliver no cambia. No hay arrogancia, no hay nerviosismo. Solo esa calma perfectamente calibrada que me perturba más de lo que debería. —¿Y cómo defines presión? —pregunto, no porque quiera saberlo... sino porque quiero verlo reaccionar. Él sonríe apenas. Una curva leve, casi indetectable. —Trabajar en eventos para diseñadores que cambian de idea tres veces por minuto. Resolver entregas sin presupuesto. Responder correos que piden lo imposible antes del primer café. —Te sorprendería lo que pido después del segundo —comento, más por reflejo que por control. Su mirada se afila. Como si hubiera detectado una grieta en mi tono. —Estoy dispuesto a cumplir con lo que sea necesario. Incluso si eso implica aprender cómo anticiparse a usted. Dios. ¿Ese comentario fue profesional o una declaración encubierta? Me acomodo en la silla. Él sigue hablando con seriedad, pero mi mente ya empezó a correr escenarios que no tienen nada que ver con logística. —Entonces ya sabes qué se espera de ti —digo, retomando el control como si nunca lo hubiera soltado—. Chelsea te indicará tus horarios, y quiero el primer informe sobre entregas para mañana a las ocho. —Perfecto. ¿Algún protocolo para reportes urgentes? —Sí. No me interrumpas si llevo tacones y expresión de homicidio. Sonríe de nuevo. No debería hacerlo tan seguido. Eso puede llegar a ser una caótica distracción. —Entendido, señorita McCarthy. Sale, finalmente, dejando mi oficina con la misma calma con la que llegó. Con el pequeño detalle de que su colonia persiste en el ambiente ahora. Y yo... me quedo mirando la puerta cerrada como si acabara de firmar algo más que un contrato. Porque ahora lo sé. Acabo de meter un problema hermoso dentro de mi empresa. Masajeo mis sienes al sentir que la cabeza quiero explotarme. Como pude cometer semejante error. Antes de seguir con mis lamentaciones, la puerta de mi oficina se abre de golpe. Camil entra como un huracán categoría cinco, se planta frente a mí con los brazos cruzados. —¿Dime que es mentira lo que dicen en el pasillo? La miro, extrañada. —Ese chico... que digo chico, ese guapo hombre con apariencia de Dios griego no es tu nuevo asistente ¿o sí? Dejo escapar el aire antes de recargarme en el respaldo de mi silla. Le hago seña de que me espere un segundo y ella asiente. Tomo el intercomunicador. —Ven a la oficina, por favor —menciono y a los segundos entra Chelsea. —Ella es la responsable de que ese Dios griego, como le dices, esté en mi oficina —la señalo y Camil suelta un grito eufórico, la abraza y la lleva a la silla frente a mi escritorio, Camil toma asiento en la otra. Las escucho hablar sobre su increíble currículum y sus cualidades con emoción evidente. —Se apuntó de último minuto —dice Chelsea—. Ignoró el requisito de "sexo femenino". Camil se ríe. Complacida. —Audaz. Me agrada. Yo no respondo. Solo trato de concentrarme en terminar unos documentos que seguro voy a necesitar revisar más tarde. —Y además es guapo. Me detengo un segundo al escuchar eso, pero no alzo la mirada. —Creí que se había equivocado de área, ya que igual estaban haciendo audiciones en el piso de abajo, pero no, él estaba aplicando para el puesto de asistente de la Ceo —comenta Chelsea con cierta emoción. —Katherine, sino lo quieres, yo con gusto puedo buscarle algo para hacer en mi oficina —dice con sugestión. Cierro la carpeta y las miro. —Chelsea, encárgate de enseñarle lo necesario al señor Black durante los siguientes tres días —menciono, seria. —¡¿Tres días?! Jefa, es demasiado para aprender en tres días —comenta con algo de inseguridad. —El señor Black asegura tener habilidades extraordinarias. Con tres días será suficiente para él. Después de todo, eso te conviene. Ambas se miran, pero no refutan. —Como ordene, jefa —se pone de pie y sale. —Yo igual me voy. Debo terminar de revisar los contratos con Innova y rechazar la invitación de Dean para cenar, de nuevo —dice Camil. —Deberías dejarle las cosas claras a ese pobre hombre, Camil. —Es que eso no sería divertido, Kate. Además, es mi escape de esta realidad —menciona, soltando un respiro de resignación—. Por favor, no te quedes hasta tarde trabajando. Recuerda que debes cuidarte o... puede pasar de nuevo —menciona antes de salir de la oficina. Observo por un momento la puerta cerrada. Es la única que sabe lo que pasó esa noche. De no ser por ella, yo... no estaría aquí. Observo la hora y decido quedarme solo un par de horas. Después de todo, perdí tiempo por culpa de él. Mi nuevo asistente.
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