"El guardian"

778 Words
La sensación de ser observado persistía, esa incomodidad y temor que rodeaba sus habitaciones incansablemente, no podían dejar de repasar lo sucedido... —¿Por qué ahora? ¿Quién nos está buscando? La figura pareció oscilar ligeramente, como si se mezclara con el vidrio. —Alguien que quiere romper lo que los une. Un alma antigua, que ha despertado en otro reflejo y busca corromper la conexión. El sueño fue un escudo. Pero también una advertencia. Fernanda sintió que el frío le trepaba por la espalda. —¿Nos están observando?-pregunto —Ya no solo los observan. Han encontrado la manera de tocar sus mentes dormidas. La imagen comenzó a desvanecerse, pero antes de irse, el Guardián dejó una última advertencia: —Volverán a soñar. No por elección, sino porque alguien más lo desea. Si no dominan el reflejo… el reflejo los dominará a ustedes. Y desapareció. El espejo volvió a ser solo eso: un objeto mudo y liso, que reflejaba a ambos amantes frente a frente como si fuese solo un vidrio lo que los separaba. Esa noche, el silencio regresó, pero ya no era el mismo. Fernanda y Leónidas se miraron con complicidad, y sin decirlo, decidieron no resistirse. Si el amor podía ser un portal, entonces lo cruzarían… juntos. Aunque el fuego del otro lado pudiera arderles la piel. Esa madrugada, mientras el mundo dormía, una nota apareció pegada con una vieja cinta al borde del espejo del ático. Estaba escrita en una caligrafía pulida y temblorosa… idéntica a la de Fernanda. Pero ella no la había escrito. —¿Es una broma? —preguntó Leónidas, examinándo la nota que Fernanda le mostraba. —No lo sé… pero esa es mi letra- respondió ella La nota decía solo lo necesario: un conjunto de coordenadas, una fecha, y un símbolo en forma de espiral. Debajo, una frase: “Donde las memorias no se olvidan, todo puede comenzar otra vez.” Esa noche, Fernanda cayó en un nuevo sueño. Pero esta vez, Leónidas no estaba allí. En su lugar, vio a un hombre parecido a él, más joven, más duro. Vivía en una ciudad antigua, y estaba comprometido con otra mujer. No la conocía. No la amaba. Pero había una tristeza en sus ojos, como si le faltara algo… o alguien. Despertó agitada, como si hubiera sido testigo de una vida que no era suya, pero le perteneciera. —¿Lo soñaste otra vez? —preguntó Leónidas al verla en el espejo con los ojos húmedos. Fernanda asintió. —Pero no eras tú. Y eso fue lo más triste. Porque aún así te sentí-comento Fernanda. Al día siguiente, siguieron las coordenadas cada uno en su universo, hasta las afueras de la ciudad, donde le esperaba a Fernanda una vieja casona cubierta de hiedra y a Leónidas un terreno válido, que parecía ruinas de un gran incendio. La estructura ante Fernanda parecía abandonada, pero cuando cruzó el umbral, el aire cambió. Se sentía denso, cargado de presencias no vistas. Allí encontró un diario antiguo, cubierto de polvo pero intacto. Al abrirlo, una serie de memorias firmadas por distintos nombres revelaban la existencia de otras parejas que, como ellos, habían amado más allá de una sola realidad. Entre sus páginas amarillentas pudo distinguir un texto que decía ” El recuerdo no es la única herencia. Hay una fecha que no puedes ignorar: 3 de agosto. Sigas o no, el ciclo se repetirá” Algunas lo habían logrado. Otras… no habían sobrevivido a la fractura entre los mundos. En el borde de una página, una advertencia escrita con letras desgastadas: “No todos los reflejos devuelven luz.” Fernanda sintió un escalofrío recorrerle la columna. Leónidas sentía una presión en el pecho y en su mente Fernanda retumbaba. En ése momento entre los escombros Leónidas lo pudo ver reconociendo lo inmediatamente, el espejo del ático no era el único. En el fondo de la casona, había otro, cubierto por una sábana negra. Al retirarla, vio su reflejo… pero distorsionado. En él, Fernanda lloraba y Leónidas tenía una herida en el pecho. Estaban separados. —Esto no es una visión. Es una advertencia —susurró Leónidas. Mientras Leónidas estaba absorto en esa imagen sonó su móvil. -Estoy asustada encontré muchas cosas- leyó Leónidas en el mensaje de Fernanda. —Sea lo que sea… lo enfrentaremos juntos. Te espero en el espejo para que me cuentes – respondió el antes de regresar a casa e ir directo al ático. Al llegar al ático ambos vieron algo nuevo, una inscripción invisible apareció grabada en la madera del marco: “El amor es la llave… pero también el precio.” El juego apenas comenzaba.
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