La guerra abierta

1512 Words

El amanecer no trajo calma. Trajo estandartes. Desde la colina oriental vi avanzar a los hombres del heredero, ya sin ocultarse, ya sin excusas. Venían armados, organizados, convencidos de que el miedo todavía les pertenecía. El sonido de sus pasos retumbaba como un anuncio inevitable. La guerra había dejado de ser una amenaza. Ahora tenía forma. A mi alrededor, los aldeanos se replegaban con prisa torpe. Mujeres empujando carros, ancianos buscando refugio, niños aferrados a manos temblorosas. Nadie gritaba órdenes. Nadie sabía a quién obedecer. Hasta que me vieron. No subí a ningún estrado. No alcé una espada para imponer silencio. Me adelanté lo justo para que mi voz alcanzara. —No os quedéis aquí —dije—. El combate no es para quienes no lo han elegido. Algunos dudaron. Otros o

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