Sabía que la espía no tardaría. Sabía que sus pasos rápidos y torpes llevarían mi secreto directo a oídos que siempre estuvieron esperando una excusa. Pero aun así… no estaba preparado para lo que ocurrió. No había pasado ni una hora desde que bajé de la torre cuando escuché un estruendo en el corredor principal. Voces. Órdenes cortas. El eco de algo —o alguien— arrastrado con violencia. Me asomé desde la sala del fuego. Solo un vistazo. Pero fue suficiente. Mi hermano bajaba las escaleras con una furia que no recordaba haberle visto jamás. La venda en su pierna estaba mal puesta, su respiración era irregular, pero eso no lo detenía. Tenía los ojos encendidos de rabia… y de traición. Detrás de él venía la espía. La misma que había huido de la torre. La misma que ahora era

