Después de cinco días de viaje habíamos llegado a Aspen. En el trayecto, realizamos paradas en tres diferentes aldeas y todas coincidían en la miseria en la que se encontraban. Recuerdo que en la más cercana a Austin, un niña me obsequio una flor que nunca antes había visto. “Toma princesa, es un girasol” me dijo con una sonrisa inocente y ojos cristalizados por una frágil tristeza.
Desde ese día los girasoles se convirtieron en mis flores favoritas.
Nunca antes había salido al mundo, no conocía más allá de mi reino, así que desconocía la realidad que se vivía en los demás. Pero estaba segura que algo andaba mal. Algo que estaba dispuesta a descubrir.
El primer detalle que noté a la entrada del reino fue la grandeza en la que se elevaba su palacio. Era de una arquitectura color ceniza perfectamente detallada que lo hacía destacar de las demás edificaciones. Quedé perpleja con la belleza de Aspen, ubicado a la orilla de un rio apacible y navegable. Rodeado de verdes montañas que parecían su fortaleza natural. Todo brillaba con la luz candente del sol. Si Austin era el reino de la primavera, Aspen era el reino del verano.
La voz de Froy sonó a mi lado sacándome de mi aturdimiento.
―Yo también tuve esa reacción la primera vez estuve acá.
Había notado mi mirada maravillada, era muy evidente después de todo. Pero llamó mi atención su confesión, me hizo preguntar ¿Cuándo había estado Froy en Aspen?
―Escucha Amanda no estás sola en esto. Barthes un amigo del ejército de palacio viene en camino con Lady Dorotea y Alondra. Seremos parte de tu equipo, debemos estar unidos para hacer que ganes.―Hizo una pausa ―No quiero perderte.
Indirectamente Froy acaba de contradecirse. Quería que ganara, eso implicaría ser la esposa del príncipe, y aun así había dicho que no quería perderme. ¿Debía confiar en él o acaso no debía confiar en nadie? Estaba estudiando mi situación desde que habíamos dejado Austin. Porque las cosas habían cambiado para mí, mis intenciones ahora eran distintas. Así que debía elegir rápido tanto mis aliados como mis adversarios.
Al estar en una situación como esa, no podía quedarme a llorar y a victimizarme, no me serviría de nada, era preferible mostrarme fuerte, sin perder mis principios. Sin perderme a mí misma. No dejaría que el poder me corrompiera. Mi conversación con el rey me había hecho ver muchas cosas que antes no consideraba.
Por el momento debía saber si Froy era mi aliado como él decía…
― ¿sabías de este plan? ¿Sabías que mi padre me haría esto?
Internamente estaba rogando que dijera “no”. No quería perderle de ninguna manera posible, porque no sería capaz de perdonar una traición como esa. Froy me vio a los ojos y había una claridad sincera en el color avellana de ellos que me hizo creerle antes que hablara.
― ¿Crees que sería capaz de traicionarte? Si lo hubiese sabido antes, hubiera hecho que huyéramos de todo esto así no tendrías que casarte con alguien a quien no conoces.
―Entonces por qué quieres que gane si sabes que tendría que ser esposa de alguien más.
―Porque es la única forma de mantenerte viva Amanda.
Froy aun hablaba cuando otro carruaje se estacionó a nuestro lado. Era el carruaje de Barthes con Lady Dorotea y Alondra. Lady Dorotea sacó su cabeza por la ventanilla muy sonriente.
―Entremos espléndidamente en el reino del que saldremos triunfadores.
Ordenó que el carruaje siguiera a la entrada del reino
―¡Que empiece la vendimia!
Gritó y Alondra me vio con una sonrisilla.
Froy me dijo al oído ―Alondra tampoco lo sabía, al parecer solo es idea del rey y tu padre. No seas tan dura con ellas dos. Solo quieren que ganes.
De esa manera entramos a Aspen, yo como la falsa princesa de Austin. Pero que ahora debía ganar si quería vivir.
Los soldados de Aspen nos recibieron con el paso libre y reverencias.
El reino completo estaba enterado de nuestra llegada. Había multitudes por todos lados. Unas mujeres me veían con ojos muy abiertos y no disimulaban que estaban juzgando mi apariencia física. Cuando pasamos a su lado unas cuantas gritaron enérgicas. “Queremos que tú seas la ganadora” “te estaremos apoyando” dijo otra. Grabé sus rostros en mi mente.
―Al parecer ya tiene súbditos princesa
Me halagó Froy con el brillo peculiar en sus ojos.
―Eres la princesa más hermosa que mis ojos han visto nunca.
Agregó y ahogué una sonrisilla nerviosa. Tenía una pregunta interesante para hacerle.
―¿Alguna vez has visto a la princesa Miranda?
―No. El rey la ha aislado del mundo.
No fue una sorpresa su respuesta, eso comprobaba que nadie que yo conocía había visto a la princesa.
Llegamos a la entrada de palacio. Era custodiado en todo su perímetro por soldados oficiales, sin embargo hicieron una reverencia al ver el escudo de Austin en nuestros carruajes. No detuvimos en el inicio de un jardín que estaba frente a palacio. Un grupo de tres doncellas se apresuraron a socorrerme a bajar.
―Ahí está princesa ¡santos cielos la hemos esperado tanto!
Dijo una de ellas.
Cuando bajeé del carruaje y me vieron en aquel vestido rojo intenso e inmenso.
Todas sonrieron complacidas.
―Los rumores viajan rápido. La han visto a la entrada del reino y nos comunicaron que su belleza es semejante a las flores de Austin. Esa flores de diversos colores…
La chica buscó auxilio con su mirada hacia la doncella a su lado.
―Amapolas
Le respondí yo misma al notar que ambas quedaron sin respuesta. Nunca había asimilado que las flores de Austin fueran conocidas en otros reinos. Pero no podía negar que su belleza y aroma merecían tal reconocimiento. Ellas dijeron a coro “eso es”. Las tres me habían parecido chicas muy genuinas y esperaba que las cosas se mantuviesen así, pero no lo fue.
―Princesa Miranda. Al fin llega, es la última de todas. No se cómo es Austin pero en Aspen acostumbramos a ser puntuales.
Al estar en la sala de las princesas una mujer joven me recibió con regaños por mi llegada tardía. Toda mi atención estaba enfocada en ella, que había olvidado por completo que las demás princesas estaban ahí observándome. No sé qué impresión generé en ellas pero había una mirada felina que me destruía ferozmente. Su piel era bronceada, un cabello n***o azabache demasiado largo y unos labios rojos sonreían con picardía, como si intentara intimidarme.
―Me disculpo, no volverá a ocurrir.
Mi voz había salido chillona como resultado de mi nerviosismo. Algunas rieron burlescamente, en cambio la chica a mi lado, me sonrió amablemente.
―Miranda ¿cierto?
Asentí, aunque sabía perfectamente que ese no era mi nombre. Se trataba de una princesa hermosa. Cabello castaño claro, ojos achinados, su nariz perfilada y su aura irradiaba una luz pura y me había envuelto con ella. También sonreí como efecto de la confianza que me había trasmitido.
―Soy la princesa Catriona de Levi.
El reino de Levi era conocido por su abundante vegetación, era el reino del bosque según me lo había narrado mi padre. Así que era representado por el color verde. Aspen por el color Dorado, y Austin por el rosa.
Iba a dar respuesta a su presentación personal, pero la mujer que se había presentado como Mara nos daría una indicación importante.
―Síganme. Haremos la presentación pública al pueblo de Aspen.
Todas se vieron unas a otras. Claramente ninguna había llegado preparada para tal evento, excepto yo.
Todas me observaron porque yo estaba lista con mi vestido. Agradecí internamente a Lady Dorotea. Aunque ahora les había dado un motivo a las demás para verme como la competencia.
Y efectivamente, estaría en la mirada de las otras cinco a partir de ese día.