―Escuchad las campanas, es hora de salir. Anunció Mara vestida totalmente de n***o, en un vestido ceñido al cuerpo pero a la vez tan elegante como la ocasión lo exigía, se veía bastante guapa. Algunas veces habíamos conversado en los desayunos y en las reuniones formales dentro de la calendarización de la vendimia y había tenido la intriga de conocer más de ella, conocerla como un ser humano, no como la líder de protocolo y quien nos decía qué hacer y cuándo. Su rostro entristecido bajo un velo casi trasparente de color ceniza escondía de nosotras el verdadero estado de sus ojos marrones. Tanto ella como todas nosotras, habíamos derramado lágrimas en silencio hasta que nuestros ojos se habían vaciado. Después de todo, solo quedaba la resignación que Lena ya había volado a su libert

