CINCO: Cena de Bienvenida

2174 Words
La vida es una vereda con las rosas más hermosas pero con las espinas más crueles. ―La han ejecutado. Anunció Froy. Ninguno de los presentes entendió bien el mensaje. Pero yo si lo había comprendido. Porque el temor que me había mantenido despierta la noche anterior se había hecho realidad. Y eso rompió mi corazón, y un corazón roto no puede ser reparado, a menos que se encuentre con la persona correcta para juntar las piezas. Pero en un mundo como el mío, donde había tantas reglas y amenazas eso resultaba casi imposible. Suspiré y relajé mis hombros intentando ser optimista. Porque lo necesitaba, además me había prometido ser fuerte. No hay peor desgracia que fallarse a uno mismo. Ese día se llevaría a cabo la cena de bienvenida en el salón principal de palacio. Había una algarabía un tanto extraña en los pasillos y salones, los sirvientes acomodando cada detalle en su lugar para que todo saliera bien. “Han traído flores de Austin” me había susurrado Alondra. “Tendremos un recuerdo de casa” respondí, ella había tomado mi mano y la había sostenido por unos segundos. Nuestra comitiva, así como las demás, estaba ultimando detalles, como mis palabras, las cuales debían ser acordes a la ocasión y mi actitud ante el príncipe debía ser, serena, valiente y elocuente, que según Lady Dorotea eran las cualidades que debía poseer una reina. Esa noche sería nuestro primer encuentro oficial con él y estaba ansiosa para que terminara. Una extraña sensación en forma de escalofrío recorrió mi cuerpo al recodarlo en la presentación con su mirada puesta en mí. Sus ojos habían sido dos antorchas de un fuego que podía hacerme arder en el momento que él quisiese. Su sonrisa de lado al recorrer mi cuello y mis hombros descubiertos con su mirada ardiendo. Y así como había llegado se había ido. ―Leila confesó que guardaba una relación con Elizabeth, quien fuera general del ejército de Maurice Continuó Froy. Agradecí que me había hecho salir del estado mental en el que me encontraba después de la repentina aparición del príncipe, el día anterior. No emití ninguna palabra. No podía esperar más de la vendimia. Hubo un silencio incomodo, nadie quería hablar sobre la primera muerte, estaba segura que cada uno de los presentes sentía el mismo sentimiento de impotencia y resentimiento que yo. ―Entonces no se ha podido hacer nada.― Se lamentó Barthes casi en un murmullo. Pero fue suficiente para que rompiera el tejido de nuestro silencio. ―Fue considerado traición. Froy me vio directamente. Quizá se había imaginado lo que me podría ocurrir si en cualquier momento yo violaba las reglas y el protocolo. ― No se preocupen, hay esperanzas para salvarnos. Lady Dorotea tomó la palabra ―Creo que es muy pronto para que lo sepan, pero en vista que hay pánico con la primera muerte de una de las princesas. Se puso de pie y acomodó su vestido.―Participé en la última vendimia para desposar a quien fuera el Rey Patrick de Aspen. Fue hace 28 años. Todos la vimos extrañados, hasta Alondra parecía no tener idea de esa parte de la vida de su madre. ―No gané porque la ahora reina María ideó un plan en conjunto con su reino Escandia para acorralar a Patrick y que él se casara con ella. Escuchábamos atentamente su relato. ―Patrick ya me había elegido como su futura esposa, pero María se encargó de intimidarlo, hasta que se casó con ella. Sus padres, los reyes de Aspen también lo obligaron a aceptar el trato de Escandia y así es como el vivió al lado de una mujer a quien nunca amó. Ese es el precio que hay que pagar al ser de la realeza. Hubo una pausa en su narración. Cada uno de nosotros armaba las piezas del rompecabezas en su mente y nos mirábamos con muchas interrogantes. ―Yo soy hermana del rey Felipe de Austin. Una vez que la vendimia terminó, regresé a casa salva y sana, porque Patrick para mantenerme con vida violó una de las reglas de la vendimia. Sin embargo, ya no sería princesa sino que Lady y así cambiamos mi historia para cubrir mi identidad. Hizo otra pausa. Ahora entendía que la versión alegre y optimista de Lady Dorotea no era su versión completa. Había una historia trágica tras ella. Lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. Alondra al notarlo se levantó y la abrazó, también con lágrimas. Nadie mejor que yo comprendía la tristeza que produce vivir sin tu propia identidad. ―Escandia es el mismo reino de Zobzini Dije pensando en voz alta, ambas se separaron y me vieron extrañadas. ―Exacto, ella podría tener algún plan como lo hizo la reina María. La conclusión de Barthes no estaba alejada de la realidad. ―¿Cual fue el plan de la reina María? Froy preguntó. ―Como saben el reino más poderoso se ha hecho creer que es Aspen, sin embargo, en ese entonces no era Aspen, sino que por primera vez en la historia era Escandia. El reino central no puede perder el poder, eso crearía un desequilibrio en los demás reinos y buscarían romper el tratado que nos une. Así que Escandia envió a Aspen a María como una mensajera. El mensaje era que ella debía ser la futura reina o el reino central sería invadido. Se accedió a su petición porque gran porcentaje del poder militar de Escandia pasó a ser de Aspen y es así como se levantó de las cenizas. ―Austin actualmente está al nivel del poder que Aspen. El rey Felipe lo ha ocultado del resto de reinos para echar a andar un plan que solo él y sus ministros conocen. Dijo Barthes. ―Ese no es un secreto. Dijo Froy pero ― ¿Cuál es ese plan? ―Nosotros no haríamos algo como ello. Respondió dio Lady Dorotea. ―Yo personalmente me encargaré de que María acepte que Amanda sea la esposa de Vicent. De lo contario, haremos saber la verdad de como llegó al trono. ―Es un acuerdo entonces, Barthes y yo buscaremos secretos en este palacio, de algo nos ha de servir. Aseguró Froy ―No se confíen de las demás comitivas, esto no es un juego dulce, ellas buscarán destruirse entre sí y ahora que han visto que Miranda es favorita del público intentarán sabotearla. ―Miranda y yo haremos nuestro trabajo. Esta noche lucirá hermosa como de costumbre. Alondra se había reconfortado después de la conversación. ―En honor a Leila vestiré de n***o. Anuncié decidida y ellos asintieron, excepto Lady Dorotea. ―Bueno, es arriesgado pero que sirva como protesta. Hagámoslo, seamos memorables. “Seamos memorables” repetimos todos. Y nos dispusimos a iniciar los cambios para esa noche. Yo guardaba muchas preguntas que después de lo conversado me habían inquietado como ¿Si Lady Dorotea es hermana del rey Felipe cómo es que no sabe que no soy su sobrina Miranda? ¿Es que nadie conoce a la verdadera princesa Miranda? ********* Todo se detiene segundos antes de mi entrada al salón. Fui la última en ser llamada, sin embargo sabía que era mi momento. Tragueé grueso y sacudí mis manos para liberar tensión. Mi cabello estaba completamente recogido hacia atrás para resaltar mi rostro y Alondra me había colocado una tiara dorada sobre mi cabeza “Ahora eres una verdadera princesa” me dijo al ponérmela con sentimientos encontrados. Erguí mi cuello, retomé la compostura y sujeté la falda de mi vestido n***o con la mano izquierda, y preparé mi mano derecha para saludar al público. Mis amigos se encontraban tras de mí. Giré y los vi a todos con una pequeña sonrisa, ellos también sonrieron, reconfortándome y haciéndome saber que no estaba sola. Hasta hace unas semanas no tenía amigos como los tenía ahora. Eran pocos, pero los suficientes para tomar fuerzas y continuar. ―Miranda de Austin. Mi nombre fue pronunciado por Mara una vez más, e hice mi entrada triunfal. Empecé a saludar y tal como lo esperábamos todas las miradas estaban sobre mí con todo tipo de expresiones. Algunas susurraban entre ellas. “Esto es por ti Leila” dije en mi mente. Para mí era un funeral. No podía estar como los demás, como si nada había pasado. “Haré que te recuerden, prometo que sabrán de ti como una heroína de tu reino”. El recuerdo de su mirada asustada apareció en mi cabeza y la forma en la que desfallecía al ver a Elizabeth muerta. El príncipe estaba en su trono al lado de la reina María. Su cabello rubio estaba sobre su rostro, parecía perdido en su propio mundo. Llegué hasta el lugar desde el cual debía hacer la reverencia a la familia real. Así lo hice, fue ese preciso momento cuando el príncipe me vio de nuevo. Pero esta vez apartó su mirada rápidamente de la mía. Aun así, en los pocos segundos que los vi, había notado que estaban enrojecidos. ¿Había llorado? Después de la reverencia, tomamos nuestros lugares. Las otras cinco princesas iban de colores vivos, “Te han querido imitar” susurró Alondra. ―Mira ella es la princesa que nos ha encantado. Me dijo Barthes y se estaba refiriendo a Catriona. Ella lucia increíble con un vestido color vino. Un moño hacia atrás y joyas, en su cuello arcillos plateados en sus orejas. ―A Froy le ha encantado. Bromeó Alondra viendo a Froy con una sonrisilla que eran su sello personal. El susodicho me vio alarmado, como si intentara negar lo dicho por Alondra. Le creí, solamente había sido una ocurrencia. Aunque si fuera verdad, él estaba en todo su derecho, yo no podía decirle nada estando en esa situación. Zobzini había elegido un vestido amarillo intenso. Que no era pomposo sino que se ajustaba a su cuerpo y resaltaba sus curvas. La reina se puso de pie en su estrado y acaparó toda la atención. ― Bienvenidos oficialmente a Aspen. Los asistentes levantaron sus copas de oro como señal de agradecimiento. ―Lamentamos que antes de este evento una de las princesas participantes haya sido encontrada en traición contra mi hijo el príncipe. El rey Damien de August ya fue notificado de la ejecución de su hija. Hubo una pausa y conmoción entre las comitivas que no sabían de la muerte de Leila. Lo cual me hizo suponer que Froy tenía algún contacto importante dentro del ejercito de Aspen que le filtraba información confidencial. ―Esperamos no se repita un hecho como tal. Cada una de estas cinco chicas está aquí como parte de nuestra tradición de los siete reinos, es decir que como sacrificio de su propia vida representan a todo un reino. Sacó lo que parecía ser una carta. ―Los reyes de esta generación, el rey Felipe de Austin, El rey Miguel de Escandia, el rey Carlos de Louis, el rey Damien de August, La reina Eloísa de Levi, el Rey Fernando de Maurice y yo como reina de Aspen, hemos tomado una decisión: Aquellas princesas que terminen la vendimia sin haber roto alguna regla, violado algún protocolo y sin encontrarse traición en ellas, no morirán. Regresaran con vida a sus respectivos reinos. Los congregados se alegraron. Mi comitiva también lo celebró. ―Están planeando algo. Nos comunicó Froy. Nosotros lo vimos con dudas. ―Intentaré averiguarlo. Nos dijo regresando su atención a la reina. ―No todo tiene que ser malo. Respondió Alondra viendo a Froy. ―No lo podemos asegurar todavía Le respondió su madre. Y la reina continuo su discurso. ―Después de esa noticia, quiero agradecer al consejo de ministros de Aspen por aprobar el presupuesto para la construcción una sede de Aspen en cada uno de los reinos del tratado. Señaló a un grupo de hombres que vestían de n***o. No se veían para nada agradables. ―Ahí está la respuesta a lo que estaban tramando. Barthes vio a Froy. El solo asintió. ―Quieren mayor control, nunca antes en las historia se había visto algo así. ―Creo que los reyes con tal de que sus hijas no mueran aceptaron ese trato. María es astuta. Dijo Lady Dorotea bebiendo de su vino. Cuando el evento hubo terminado. Froy desapareció de nuestra mesa. Tenía que encontrarlo, porque no podría verlo a solas en los siguientes días y tenía que preguntarle sobre las dudas que me habían surgido desde nuestra conversación grupal. Y lo encontré, estaba hablando muy plácidamente con Catriona en uno de los pasillos más escondidos de palacio. Pero mientras los espiaba e intentaba comprender por qué sentía como mi corazón se rompía, alguien habló tras de mí en la oscuridad. ―Miranda Era el príncipe Vicent, giré y vi sus dos ojos brillando aún en medio de lo opaco ―Quiero hablar contigo… Dijo mientras tomaba mi mano y me condujo a una habitación... ¿Qué quería el príncipe en una situación como esa?
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