Pasaban de las diez de la noche cuando llegó a casa. Su madre estaba lavando los platos de la cena, y él se acercó para darle un beso en la sien. La señora Silver se sobresaltó por la sorpresa, pero sonrió al ver a su pequeño hijo en casa. —Ya llegaste, hijo. Siéntate, te calentaré la cena —dijo enseguida. —No, estoy bien. Cené fuera. ¿Dónde está papá? —preguntó mirando hacia la sala desierta. —Está en el sótano, ha estado buscando una reliquia familiar. —Iré a verlo —dijo pensativo. —¿Pasa algo? —Conocía a su hijo; se notaba intranquilo, y eso la preocupó. —Nada, solo quiero charlar un poco con él —su mamá no dijo nada más, y él se dirigió hacia el sótano. El lugar estaba iluminado por un pequeño foco en el techo, y su padre rebuscaba en unas cajas viejas. —Papá —lo llamó. El señ

