Rutina Habitual

1868 Words
Tras el fin de semana intenso volvimos a la rutina habitual: Cuidar de la familia, la casa y trabajo. Cris aún no había conseguido sacar un rato para hablar con Jesús del tema, pero ya volvíamos a hablar como de costumbre, la situación se estaba normalizando un poco. La noche del jueves de camino al tren para volver a casa pensaba en mirar de tapadillo por todo el vagón, a ver si volvía a ver a mi "vecino", que debemos tener unos horarios parecidos y suelo alegrarme la vista con él al volver a casa (aunque intento ser más disimulada que la primera vez que lo vi). Pero la cosa estaba difícil, porque el vagón iba lleno hasta los topes. Debía tratarse de alguna fiesta universitaria o algo similar, porque estaba lleno de jóvenes en distintos grados de embriaguez. Así que me resigné y sujetándome a una de las barras me preparé para hacer una buena parte de la ruta de pie, pues no quedaba ni un solo sitio para sentarse libre. Llevábamos una estación ya cuando me fijé en la mano de otra persona que estaba agarrada a la misma barra que yo, conocía esa mano, me había llamado la atención hace tiempo, tenía a mi vecino de pie justo detrás mío, ¡Y no me había ni percatado! Me empecé a poner nerviosa, no sabía qué hacer, hasta me temblaban un poco las piernas. Qué vergüenza, como si fuera una adolescente. En esta situación estaba cuando uno de los chavales del vagón perdió pie al frenar este en una parada (supongo que iría bastante borracho) y me empujó con su cuerpo, haciendo que quedase pegada al de mi vecino. Antes de poder separarme un poco de él entró otro grupo de chavales que ocuparon el poco espacio libre y me obligaron a quedarme pegada al hombre que tenía detrás. Me giré, mirando a unos preciosos ojos verdes y le pedí disculpas con una sonrisa. Él me sonrió también y me dijo que no pasaba nada. Podría decir que intenté aprovechar para separarme de él en cuanto tuve un hueco, pero mentiría. Aproveché todo movimiento del tren y de la gente para no separarme de él, frotando mi trasero (de la forma más disimulada que pude) contra su pantalón. No tardé mucho en notar un aumento de volumen donde me estaba frotando. Estaba flipando, estaba poniendo a ese completo desconocido a tono en medio de toda la gente. Y lo peor de todo es que quería algo más aún, tenía unas ganas enormes de echar la mano libre hacia atrás y comprobar cómo le estaba poniendo. Por suerte (o por desgracia) el tren llegó a una parada y todos los jóvenes salieron en tromba, dejando el vagón medio vacío. En ese momento volví en mí y me busque un sitio donde sentarme, alejada de mi "vecino", para asegurarme que no pudiera verme toda la cara colorada de vergüenza y excitación. Traté bajar del tren antes que él, para no cruzar la mirada, me daba mucha vergüenza la cara que podría ponerme por lo que acababa de hacer. Por el camino pude escuchar cómo se acercaba desde detrás mío y se ponía a mi lado. No me atrevía aun a mirarlo, estaba a punto de girarme cuando pude escuchar cómo me hablaba a cierta distancia. — Siento mucho si la situación te ha puesto incómoda, no tenía intención alguna de pegarme tanto a ti, pero el vagón estaba lleno Me giré para mirarle con los ojos como platos, él pensaba que estaba enfadada porque se había propagado conmigo, cuando había sido justo al revés. — No tienes que disculparte — Contesté con una sonrisa que hizo que tranquilizarse el rostro — Entre la cantidad de gente, los chavales borrachos que empujaban y el movimiento del tren no se podía evitar el roce. No te preocupes que no te lo tendré en cuenta. — Te lo agradezco — Me dijo acercándose y extendiendo la mano — Me llamo Aitor — Lily, encantada — Le respondí — ¿Eres nuevo por el barrio? Estaba convencida que conocía a todos mis vecinos — Llevo un par de semanas por aquí, me he trasladado hace poco Aprovechamos el camino a mi casa (se empeñó en acompañarme hasta la puerta) para hablar de todo un poco. Me explicó que era técnico de mantenimiento, que se había trasladado aquí para cambiar de aires (dio a entender algún tipo de relación problemática, aunque no explico demasiado del tema), se había comprado una casa bastante hecha polvo y que aprovechaba las horas que no estaba currando para arreglarla. Como el recorrido era corto no pudimos hablar demasiado, así que intercambiamos teléfonos y le ofrecí ayuda en caso de que le hiciera falta algo. Al llegar a casa despedí a la canguro (ya que Bruno trabajaba esa semana de noches) y me quedé sola pensando. Mi primera impresión hace días con Aitor había sido de excitación al completo, hoy había estado a punto de hacer una locura en el tren. No podía negar que aún estaba excitada después de haberme frotado contra él, la conversación había bajado un poco el calentón, pero no lo suficiente como para quedarme tranquila. Quise aprovechar y que Bruno compartiera mi calentura, a esas horas estaría a punto de empezar a trabajar y sería el momento perfecto. Subí al cuarto corriendo, cambié la ropa que llevaba por un picardías que me encanta como me queda, me hice un selfie y se lo mandé, apenas tardó unos segundos en llegar una respuesta. — Que sexy te has puesto ¿Esperas compañía? Bruno nunca ha sido celoso, y bromeamos muchas veces con que tengo un amante (aunque nunca sería capaz de ponerle los cuernos). Saque un vibrador que tengo con forma de un pene natural de color n***o y de buen tamaño. Como todos los juguetes que tengo fue regalo suyo. Le di un beso en la punta mientras me hacía otra foto, esta vez se la mandé con un poco de texto añadido. — Esperaba hacer algo está noche, pero me he quedado sola en casa, tendré que conformarme con este amiguito Mientras esperaba su respuesta puse en marcha el vibrador y lo empecé a frotar contra mi clítoris, produciéndome los primeros gemidos de la noche. — Conéctate a la web del otro día, así tendrás compañía, aunque sea a través de la pantalla No podía creer lo que me había pedido. Que me masturbarse yo sola mientras desconocidos me miraban, sin estar el allí delante. — ¿Qué? — No me dio para escribirle más, estaba descolocada completamente. — El palo de selfie que tenemos puede ponerse como trípode, conecta la cámara y relájate mientras te miran y mañana me lo cuentas con calma — Añadió un emoticono mandándome un beso — Entro ahora, ya me comentarás si te animas al final. Dejé el móvil en la cama tirado y me introduje el vibrador rápidamente, apenas le costó entrar, de lo húmeda que estaba. Me empecé a follar con él mientras por mi cabeza no dejaban de pasar imágenes mías dando un espectáculo delante del móvil a un desconocido. En ese momento recordé la corrida que había presenciado el otro día, y cualquier duda que tuviera desapareció al momento. Preparé el trípode, lo coloqué entre mis piernas abiertas, me metí en la página y me tumbé en la cama dispuesta a qué unos cuantos tíos se la menearan mirándome. Deje en primer plano mi coño, penetrado por mi vibrador, y con la otra mano apretaba contra mi clítoris el vibrador que usó Bruno en el sofá el otro día. Quién pudiera verme iba a tener un espectáculo completo. En seguida pude escuchar los jadeos de un hombre que se masturbaba, recoloqué las almohadas para poder mirar también. Desde esa postura me veía la cara sin duda, pero me daba igual. Al hombre le costó muy poco correrse, casi me pierdo la visión de su semen saliendo disparado. Como ya he dicho antes, no estoy muy contenta con mi cuerpo, pero ver qué un hombre se corre con apenas mirar cómo me estoy masturbando es algo que me subió la autoestima de golpe, me sentía atractiva y sexy. Decidí tomarme con calma el tema de correrme y así dedicarme a poner a tono a unos cuantos tíos más. Cambié la posición del trípode de forma que solo se pudiera ver mi boca, saqué el vibrador y empecé a hacerle una mamada de campeonato, como si tuviera entre mis labios un rabo de verdad. Pasaba mi lengua rodeando la punta, daba lametones desde la base hasta el extremo, succionaba con el juguete metido dentro hasta que mis mejillas dejaban ver el nivel de la succión que estaba haciendo. Todo eso acompañado con gemidos producidos por el juguete que seguía acariciando mi clítoris. Las reacciones no se hicieron esperar, varios tíos se corrieron diciéndome barbaridades en idiomas que no era capaz de entender. Al ser un chat aleatorio al que se conecta gente de todo el mundo es muy difícil pillar a alguien que hable tu mismo idioma, pero la entonación ayuda a imaginar la de guarradas que me estaban diciendo. El siguiente que iba a disfrutar del espectáculo me sorprendió hablando en mi idioma, en la pantalla se podía ver que se conectaba desde España. — ¡Joder que bien la chupas! — me dijo entre gemidos mientras su mano masturbaba su rabo con fuerza. — ¿Te gusta comer pollas? — Me preguntó sin parar en sus manoseos. — Ajá — Afirmé entre gemidos, no estaba para comenzar una conversación en ese momento. — ¿Me dejas verte las tetas? Sin contestar solté el juguete que estaba chupando, agarré el trípode y lo moví para darle una visión en primer plano de mis tetas. Su reacción fue meneársela más rápido si cabe, aumentando sus gemidos más aún. Quería ponerle más cachondo aún, quería decirle algo para provocarle, pero me moría de vergüenza. El ver qué estaba a punto de terminar fue lo que me hizo dar el salto. — ¿Te apetece ver algo más? — Pregunté con la voz entrecortada. — Si, déjame verte Estaba convencida que se correría en segundos, así que me propuse a ayudarle. Cambié el agarre del trípode a palo de selfie y lo levanté, de forma que pudiera verme sentada en la cama, abierta de piernas, con el vibrador entre ellas haciendo que mi boca se mantuviera abierta por los gemidos. Cuando tenía claro que tenía una visión completa de mi cuerpo, cambié la posición del juguete, lo introduje en mi v****a y empecé a follarme con él con un ritmo muy parecido al que llevaba él con su rabo. En cuanto vi la leche saltar hacia la pantalla me tensé y me corrí arqueando todo mi cuerpo, llevaba bastante tiempo retrasando ese momento y mi cuerpo me lo recordó a base de espasmos, dejé caer el móvil en la cama y me dediqué a disfrutar de esa maravillosa sensación. Una vez relajada solo me dio tiempo a quitar la página y poner a cargar el móvil antes de caer dormida con una sonrisa en los labios.
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