Excitación

2892 Words
El lunes me encontré con Cris en la puerta del cole (como todas las mañanas) y la acompañé a su casa, de camino a la mía. Me comentó que seguía sin hablar del tema con Jesús, que no había surgido el momento oportuno. No quise presionarla y le dije que cuando hablase con él ya quedaríamos para tomar un café y hablarlo con calma. En mi cabeza le daba vueltas a comentarle lo había hecho en la cama con Bruno, pero lo dejé pasar, para evitar malentendidos. La relación no se había resentido de lo pasado el otro día (por lo menos lo parecía) y no quería forzar más de lo necesario. Una vez dejé a Cris en su casa, camino a la mía volví a recordar las imágenes que pude ver en la pantalla del móvil la otra noche. Me empecé a excitar al momento, aceleré un poco el paso, tenía intención de aprovechar que estaba sola en casa para relajarme un rato en la cama. Tan distraída iba pensando en lo que quería hacer que cuando alguien me saludó de lejos pegué un salto del susto. El saludo venía de un obrero que tiene contratada la comunidad para el mantenimiento general, me lo cruzo casi siempre que viene pues suele llegar a trabajar a la misma hora que llego yo de dejar a los peques en el cole. Es un hombre unos pocos años mayor que yo, bastante atractivo y que sabe cómo hablar con una mujer para que no se aburra (hemos tenido más de una charla cuando ha tenido que hacer alguna reparación en mi terraza, o en la zona cercana). Se que es soltero, y estoy convencida que tiene bastante éxito con las mujeres (hay rumores de que ha tenido líos con alguna de las vecinas de la comunidad, aunque solo son rumores, nada confirmado, y él no habla nunca del tema). Más de una vez me he dado una alegría a la vista con él, siempre de forma disimulada, aunque nunca he tenido intención de pasar de ahí. Lo malo es que con la calentura que llevaba esta vez mi disimulo brilló por su ausencia y estoy convencida que tuvo que darse cuenta, aunque si lo hizo disimuló muy bien. — Buenos días Lily, perdona si te he asustado — Dijo con una amplia sonrisa. — Tranquilo Darío, es que estaba centrada en mis cosas y no te había visto — Respondí sincera — ¿Otra vez se nos ha roto algo? — Nada importante, me toca repasar la pintura de las vallas de las terrazas que dan a la zona común, que en algún lado ha salido óxido — Me miraba a los ojos mientras contestaba y eso que llevaba un cierto escote que había atraído las miradas de varios padres del cole, me dio por pensar que nunca le había pillado en un renuncio mirándome. — Que no sea mucho — Me despedí mientras me acercaba a casa. En otra ocasión me habría quedado a cruzar unas pocas frases más, pero necesitaba llegar lo antes posible. En cuanto crucé la puerta subí a mi cuarto y me desnudé completamente, saqué un gel de calor para ayudarme con las caricias. Fue una de esas compras que hemos hecho para probar cosas nuevas en la cama y que ha dado buen resultado. La primera vez que lo usamos Bruno echó demasiada cantidad y la brutal sensación de frío y calor hizo que me corriera sin tener que ponerme un dedo encima. Echarme y dejar que actúe sin hacer nada me provoca una sensación muy similar a que una persona esté dándome sexo oral. Justo cuando me acababa de echar una pequeña cantidad de gel (no quería pasarme, ya tendría tiempo para echarme más después) y empezaba a acariciarme sonó a sonar el teléfono. No tenía intención de descolgar, por lo menos de inicio, pero luego se me ocurrió que sería interesante hablar con alguien mientras me acariciaba, así que puse el altavoz mientras contestaba. — ¿Hola? — ¿Lily? Soy Darío, perdona que te moleste — Le había dado hace tiempo mi número, para cuando hace falta hacer alguna reparación en mi casa. — Dime — Tuve que morderme el labio para no soltar un gemido, por lo que mi respuesta salió más seca de lo que pretendía. — ¿Te pillo ocupada? — Se notaba el tono de duda en su voz. — Tranquilo, ¿Qué necesitas? — Empecé a acariciarme despacio, no quería que se notase demasiado lo que hacía. — Necesito pintar la valla de tu terraza desde dentro, que como lo haga desde fuera os llenaré las baldosas de pintura — ¿Tiene que ser ahora mismo? — Eres la única vecina que he pillado a estas horas en casa, así mientras pinto la tuya hago tiempo a ver si aparece alguna vecina más — De acuerdo entonces ¿Cuánto tardas en llegar a mi casa? — Pregunté con la esperanza de poder relajarme antes de que llegara. — Estoy en la puerta No me lo pensé mucho, me puse una bata por encima y bajé a abrir. Sabía que mis pezones se iban a marcar mucho contra la tela, pero no quería ponerme sujetador. Abrí la puerta y dejé entrar a Darío. Esperaba una mirada disimulada o curiosidad por verme así, siendo que hace unos minutos me había visto completamente vestida, pero no pareció darse ni cuenta de cómo iba, lo que me picó un poco, y provocó mis siguientes palabras. — Justo estaba a punto de entrar en la ducha cuando has llamado, un minuto más tarde y no habría escuchado el teléfono — Con esto le acababa de dejar claro que la bata era la única tela que tapaba mi cuerpo. No sé qué me estaba pasando por la cabeza, pero tendría que controlar mis palabras. — No te preocupes, en un par de minutos termino y te puedes duchar tranquilamente Le dejé paso libre a la terraza y me senté en el sofá mientras esperaba que terminase. En ese momento el gel empezó a hacer efecto, un calambre me recorrió el cuerpo entero y me costó no soltar un gemido, mi clítoris ardía, estaba terriblemente sensible. Intentando disimular que no pasaba nada no le quitaba ojo a Darío mientras él parecía absorto en su trabajo, la ropa que llevaba se ajustaba a su cuerpo como un guante, dejando marcado la ligera musculación de su cuerpo. No se qué se me pasó por la cabeza, pero aproveché que no miraba para meter una mano entre mis piernas. La situación no podía ser más excitante, estar masturbándome con un hombre a pocos metros de distancia. No me masturbaba en serio, apenas unas ligeras caricias, pero mi cuerpo agradeció la atención. Tanto la agradeció que con apenas un par de caricias me provoqué un gemido que no pude evitar. Darío giró en ese momento la cabeza, viéndome con una mano entre los muslos, toda la cara colorada y sin saber dónde meterme, solo me sonrió y volvió a lo que estaba haciendo. No lo podía creer, él sabía que estaba completamente desnuda debajo de la bata, que me había acariciado y gemido delante suyo y lo único que hacía era sonreír y volver a su trabajo. No lo había hecho para buscar nada entre los dos, pero su falta de atención me estaba poniendo mala ¿Sería homosexual? Vi que terminaba con la pintura y empezaba a colocar todo el material de trabajo (momento que aproveché para sacar la mano de mis muslos). — Lily — me llamó mientras se acercaba a mi — ¿Te molestaría que me lave las manos en tu baño? — No — Titubee, como yo estaba sentada y el de pie pude notar un buen bulto en su pantalón, no estaría empalmado del todo, pero la situación le había puesto algo al menos — Ya sabes dónde está, usa lo que necesites — En ese momento me di cuenta que hablaba con él sin quitar la vista del bulto de su pantalón. Subí la vista a su cara y volvía a tener una sonrisa, más seductora si cabe que la habitual. Escuché como desabrochaba su pantalón, sabía que me dejaba camino libre para mirar a mi gusto, pero me daba vergüenza bajar la vista. — Ahora ya puedes mirar con calma si quieres, o más cosas si te apetece — Me dijo mientras se acercaba a mí. No me resistí más, bajé la vista y pude contemplar un rabo de buenas dimensiones, aún no completamente duro que Darío acariciaba con un ritmo suave para mí. Sin pensarlo un segundo metí mi mano entre los muslos, separé las piernas y empecé a masturbarme. Me daba igual todo, estaba súper cachonda y solo quería correrme mientras disfrutaba de las vistas. — ¿Quieres que te ayude con eso? — Me preguntó mientras empezaba a masturbarse más intensamente. — No, por favor — Conseguí decir entre gemidos. — ¿Solo mirar? — Ajá — Contesté escuetamente, no quería más conversación. Él se separó un par de pasos, se quitó la parte de arriba de la ropa y continuó con su paja. Yo le devolví el favor abriendo mi bata, y dejando a la vista mi cuerpo desnudo. Estaba muy caliente, me estaba costando no pedirle que me penetrara ahí mismo, quería notar ese rabo dentro de mí. Me recosté un poco más en el sofá, levanté y separé las piernas, dejando a la vista de Darío tanto mi coño como mi ano, casi como una invitación a que me penetrara. No quería hablar porque sabía que cualquier cosa que dijese sonaría como una invitación a algo más, así que me centré en disfrutar de las vistas y de mi cuerpo. — Estás para follarte Lily — Él sí que tenía ganas de hablar — Ese coño está pidiendo que lo penetren hasta el fondo. Seguramente solo lo decía para que le diera permiso a hacer algo más, pero el efecto en mi fue notable, estaba a punto de cruzar la línea y dejarle que me hiciera lo que quisiera, sin importarme las consecuencias. Abrí la boca, sabiendo que podía no tener marcha atrás lo que estaba haciendo. — ¿Te gustaría follarme? — Pregunté entre jadeos. — Hace mucho que me gustaría hacerlo — Me dijo mirándome a los ojos. — ¿Te gusta mi cuerpo? — Quería mantenerle la vista, pero solo tenía ojos para su m*****o, el resto me era indiferente. — Me vuelve loco, especialmente ese culito sexy — ¿Cuál? ¿Este? — Contesté mientras me daba la vuelta en el sofá, apoyándome sobre el pecho y las rodillas, para que tuviera una vista perfecta de mi culo. Ahora no podía ver lo que hacía (aunque seguía escuchando sus gemidos), le había dejado la puerta abierta a que me penetrase sin poder evitarlo. — Dios que vistas, me encantaría agarrarme a esas caderas mientras te la meto — Escuché sonido de pasos, sabía que estaba justo detrás mío. — Hazlo — Lo había hecho, había cruzado la línea, solo quería notarlo dentro, quería que me llenase de leche, que me hiciera correrme y gritar. No esperó a que volviera a pedírselo, puso su una mano en mi cadera, agarrándome fuerte como para que no pudiera moverme mientras me penetraba. Eso no iba a pasar, estaba paralizada, ni siquiera me atrevía a masturbarme. En unos segundos un tío que apenas conocía, y que no era mi marido, iba a follarme y yo no tenía intención alguna de evitarlo. Frotó el glande contra mi empapada v****a, separando mis labios y lubricándose antes de penetrarme, clavó los dedos que me agarraban la cadera, cerré los ojos, noté como la punta de su rabo empezaba a entrar en mí y… Y me desperté en mi cama. Estaba descolocada, me costaba saber que había pasado, hasta que pude ver en la penumbra los juguetes sexuales y el palo de selfie que había usado unas horas antes para darle espectáculo a unos desconocidos. Todo había sido un sueño húmedo, un puto sueño, y me había despertado sola, en mitad de la noche y cachonda hasta más no poder. Metí mi mano entre mis muslos y me empecé a masturbarme con rabia, me había quedado con las ganas de sentir un rabo dentro mío, y no tenía a Bruno para darme lo que necesitaba, no sabía qué hora era, pero estaba claro que no había llegado aún de trabajar, la cama estaba vacía. Eché mano buscando mi vibrador grande, me daba igual que no lo hubiese limpiado de la sesión anterior, necesitaba sentir algo dentro de mí. Estaba a punto de penetrarme cuando escuché que se abría la cerradura de la puerta de casa, Bruno estaba llegando de trabajar, y no podía ser mejor momento. Acerqué el móvil y abrí la conversación de w******p que tenemos, apreté el botón de mandar mensaje de audio y grabé un par de segundos de mis gemidos, para después mandarle un mensaje. — Te necesito dentro, y te necesito ya — Solté el botón de grabación y mandé el mensaje. Pude escuchar el tono de aviso del mensaje y unos segundos después, de fondo, pude escuchar mis gemidos. Cómo sabía que no me haría esperar me cambié de posición, me puse al borde de la cama en la misma postura que en mi sueño, dando la espalda a la puerta, y volví a masturbarme. Apenas había empezado cuando pude escucharle como subía por la escalera, y como entraba en el cuarto. No me giré, seguí haciéndome un dedo mientras él se desnudaba. En cuanto la ropa cayó al suelo pude notar como me agarraba de la cadera y colocaba su rabo a la entrada de mi v****a. No necesitábamos hablar, yo le necesitaba dentro y él entendía que no estaba para preliminares ni jueguecitos. En cuanto metió el glande me la clavó hasta el fondo de golpe, me agarró las caderas con ambas manos y empezó a follarme con fuertes embestidas. Yo estaba en la gloria, continúe con mi masturbación mientras en mi cabeza se mezclaban imágenes del sueño que acababa de tener con la sensación de tener a mi marido dentro de mi. No sé cuánto había pasado cuando noté algo húmedo en la entrada de mi ano, supuse que el lubricante que tenemos en la mesilla de noche, y unos segundos después noté un dedo que se introducía por detrás. Eso fue la gota que colmó el vaso, y provocó que me corriera un orgasmo salvaje. Tanto el rabo como el dedo de Bruno seguro que notaron como me contraje entera, para luego quedar completamente debilitada y temblándome las piernas. Normalmente él habría bajado el ritmo para que me recuperara, pero estaba tan cachondo que siguió con el mete saca sin bajar de ritmo. Lo único que mi cuerpo me permitía era dejarme hacer mientras intentaba reducir al mínimo mis gemidos y gritos, para no despertar a los peques. En un momento hice algo sin pensar, llevé mi dedo pulgar a la boca y empecé a chuparlo como si de un rabo se tratase. Nunca había hecho esto en la cama, pero no hay duda que a Bruno le encantó la imagen, porque en apenas unos segundos pude escucharlo gemir de lo excitado que estaba. Y poco tiempo después pude notar chorretones de caliente esperma que me llenaban por dentro. — Buenos días — Me dijo mientras sacaba su m*****o. — Buenos días — Le sonreí. — Sabes que estoy encantado de un recibimiento así, pero tendrás que explicarme a que se debe. — No te preocupes, me limpio un poco y te cuento — Le sonreí mientras salía del cuarto para ir a limpiarme. Aprovechando que aún nos quedaba un rato para tener que levantar a los peques y yo no tenía sueño, nos tumbamos desnudos en la cama y le conté tanto la exhibición nocturna como el sueño que me había despertado. Tras esperar con paciencia a que le contase todo, empezó a hacerme preguntas de todo tipo, sobre todo centradas en lo que había hecho sola por la noche. Mientras iba respondiendo a sus preguntas fui acariciando su m*****o, que se había vuelto a poner firme con todo lo que le iba contando. — Alguien está contento otra vez — Le dije mientras empezaba a masturbarle. — Te tengo desnuda en la cama sobándome el rabo mientras me cuentas cómo te has masturbado delante de unos desconocidos y un sueño erótico que ha hecho que me dejes follarte al llegar a casa. ¿Cómo no me voy a poner contento? No le contesté, simplemente me incliné sobre su rabo y empecé a chuparlo con ganas. Él por su parte coló su mano entre mis muslos y empezó a tocarme. No estaba con muchas más ganas de sexo, pero sus caricias consiguieron que fuera soltando gemidos mientras se la chupaba. Bruno no es un súper hombre y el haberse corrido hace nada, sumado al cansancio de haber estado toda la noche trabajando le pasó factura y no conseguí que se corriera. — Una pena, me hubiera gustado algo más de leche en el desayuno — Dije mientras le daba un beso y me levantaba para empezar con la rutina diaria
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