Capítulo IX

1167 Words
Ekaterina Al despertarme todo lo que pude ver fue oscuridad. No sabía qué hora era pero debía levantarme. Algo me llamaba a que lo hiciera. Mis mejillas se sonrojaron por lo que hice antes de dormirme y me reprendí por ello. Debía enfocarme en encontrar a mi hermanita en vez de… Hacer cosas indebidas. Pero la presencia de Damon me tentada aunque me esforzara por negarlo y lo peor de todo es que cuando más quería alejarlo de mí él terminaba mucho más cerca que antes. Cerré mis ojos una vez más dejando caer mi cabeza a la almohada mientras dejaba salir un suspiro de mis labios. Félicité. ¿Dónde estaría ella? Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar sus locuras y ocurrencias, su sonrisa fácil, sus preciosos ojos. Tenía tanto miedo por ella. Sabía que ponerme de esta manera no iba a ayudarme en nada pero no podía evitar pensar en mi hermanita. Se que Damon me ayudará a encontrarla. Algo dentro de mí me lo dice pero estoy ansiosa por saber cuándo será el día en que vuelta a tener a mi hermana entre mis brazos y acurrucarla como cuando éramos niñas. Aparté las lágrimas silenciosas que habían comenzado a caer por mis mejillas y decidí levantarme otra vez. Encendí la luz aspirando el agradable aroma que se colaba por mi nariz y algo afuera llamó mi atención. Caminé a la ventana con paso perezoso para ver al amigo de Damon afuera de la casa y parecía estar discutiendo algo con una mujer de pelo n***o hasta la cintura. Su gesto parecía molesto pero había algo más, un aura salvaje lo rodeaba, era como… Posesivo. Entonces de repente levantó a la mujer en brazos poniendo el abdomen de ella en su hombro mientras que la mujer gritaba y lo golpeaba en la espalda. Solo que a él no parecieron dolerle sus golpes. De hecho mientras sostenía el cuerpo de ella con un brazo, cosa que demostraba lo fuerte que era, con la otra mano golpeó su trasero haciendo gritar cada vez más enfurecida la mujer. Yo abrí mi boca indignada y traté de abrir la ventana para detenerlo pero esta parecía trabada así que con la mayor rapidez salí de la habitación para ir en la ayuda de la chica no obstante para mí sorpresa cuando salí afuera el bastardo ya no estaba por los alrededores dejándome perpleja. — ¿Pero… Cómo? —balbuceé abriendo mi boca con incredulidad. ¿Cómo se había ido tan rápido? En frente había un sendero largo y ni siquiera a lo lejos podía verlo ¿Cómo era posible? Los hechiceros no se mueven tan rápido lo que me indica que él tiene que ser otra cosa. El viento azotó mi cabello desordenándolo más de lo que ya estaba. Decidí entrar para asearme y buscar a Damon, necesitaba que buscáramos a alguien conocido para él que nos ayudara a localizar a Félicité porque mi angustia crecía cada vez más. Y también debía decirle que su amigo es un loco de atar y secuestró a una mujer. Volví a la casa para ocupar el baño y proceder a asearme al no tener más ropa lavé la mía y cubrí mi cuerpo con una toalla sonrojándome en el proceso. Tenía que pedirle a Damon que me prestara algo con que cubrirme. — ¡Damon! —grité desde mi puerta esperando que él viniera y no me viera en toalla—. ¡Damon! Repetí su nombre un par de veces más solo que él no apareció. Debe haber salido. Pensé y aún cubierta con la toalla entré en la que sabía era su habitación sintiendo como el aroma característico de él me llegaba haciéndome casi doblar mis rodillas. Mierda, él huele muy bien. Como a pecado y tentación. El pensamiento cruzó tan rápido por mi mente que no pude detenerlo. ¿Y para qué hacerlo si sabía que era cierto? Negué con la cabeza reprendiéndome mientras trataba de concentrarme a lo que vine, paneé el lugar como si esperara que él apareciera de la nada, cosa que no sucedió dejándome más tranquila al no ser descubierta por invadir su habitación. Entonces caminé hasta su closet viendo todas sus camisas en perfecto orden. Instintivamente mis manos fueron tocando su ropa perdiéndome en la suavidad de estás y me mordisqueé el labio después dándome cuenta que estaba perdiendo el tiempo. Me había sumergido tanto en las sensaciones que me olvidé de para qué estaba aquí. Rápido tomé una negra esperando que él no se molestara por mi atrevimiento y volví a mi habitación para ponérmela pero debajo de mí no tenía bragas y no iba a tomar ningún boxer de él. Eso ya sería el colmo. Me dirigí al baño otra vez luchando por apartar el pensamiento de lo suave que se sentía su camina a mi alrededor o el que me decía que quería más del aroma de esta por todo mi cuerpo. Gruñí por cómo me estaba comportando y tomé la ropa que había lavado para llevarla a fuera y ponerla a secar, él no tenía una secadora. Fui a la cocina sintiéndome como una intrusa por entrar en esta busqué algo de comer porque estaba muriéndome de hambre. En la nevera había fruta y yogurt así que piqué un par de fresas, un mango y tomé un cambur para hacer lo mismo mientras que por arriba les agregaba yogur griego. También hice un plato para él por si llegaba en cualquier momento. Ya mi boca estaba casi salivando queriendo probar mi desayuno frutal, no pude contener un gemido al tener la comida en la boca. Realmente estaba muriéndome de hambre. Se lo pagaría así que me dediqué a comer sin culpa. ¿Se llenaría Damon con ese plato? Lo dudaba mucho dado el cuerpo que tenía, era demasiado alto y fornido como para satisfacer su hambre solamente con eso. Al terminar de comer dudé en prepararle otra cosa pero me lo pensé mejor. Si ha salido probablemente habrá comido. De todas maneras tomé el plato y lo metí en la nevera para después ir una vez más al frente y sentarme en el porche sin nada más que hacer. Por suerte su camina era tan larga que llegaba un poco más abajo de mis muslos ocultando mi desnudez. Solté un suspiro pensando a dónde podía haber ido Damon. Fue en ese momento que mis ojos captaron un movimiento a la lejanía donde Damon parecía tener una casita más pequeña. Rápidamente mis ojos captaron a una mujer castaña que miraba hacia los lados antes de tocar el roble frente a la casita. De repente la tierra frente a ella desapareció y todo lo que pude ver fue como esa mujer entraba en el sitio donde la tierra había desaparecido como si estuviera bajando unas escaleras mágicas. Atontada contemplé la escena hasta que ya no pude verla más y tres segundos después la tierra volvió a aparecer como si nada hubiera pasado.
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