—No me toques —gruñí golpeando su hombro pero él a cambio me dio una sonrisa lasciva que me hizo sentir más molesta por lo que estaba causando en mí. —Demasiado tarde dulzura, me perteneces, recuérdalo —me dijo antes de dejar otro beso en la comisura de mis labios y mi vello se puso en punta de inmediato. —No soy una posesión y definitivamente no soy tuya. —No es lo que dijiste hace horas —me respondió con suspicacia irritándome. — ¡No estaba pensando con claridad! —traté de excusarme de forma estúpida. —Eso es obvio. — ¡Eres un…! Pero una vez más mi ataque de ira fue refrenado por su boca apoderándose de la mía llena de lujuria y poder. Sus dedos fuertes y al mismo tiempo suaves recorrieron mi clavícula erizándome antes de comenzar a dejar un reguero de besos por mi mejilla arreb

